Cuerpxs Negrxs disidentes sexuales

(Foto: Radio Martí)

Uno de los grupos menos visibilizados por los estudios sobre vulnerabilidad, desventaja social y marginalidad en Cuba es la población LGBTIQ+ y, dentro de la misma, el segmento compuesto por lxs disidentes sexuales negrxs. El presente artículo se basa en entrevistas y observaciones, formales e informales, que desde hace algunos años he venido realizando en diferentes espacios.

A través del mismo me acerco, desde una mirada interseccional, a las relaciones entre disidencia sexual, clase y la raza como articulación de varios sistemas de opresiones, donde confluyen procesos y dinámicas históricas de exclusión, marginalización y vulnerabilidad que posibilitan que un grupo social llegue a ejercer una dominación con consecuencias reales sobre otro(s) grupos(s).

Ser negrx y disidente sexual es asistir a una doble o triple discriminación. Incluso al interior de los mismos colectivos LGBTIQ+ en los que concurren y se reproducen prácticas, prejuicios y estereotipos racialmente discriminatorios que imperan en la sociedad y se relacionan con la sexualidad de las personas negrxs.

Tal situación coloca a este grupo en una posición de vulnerabilidad particular y pone al descubierto el carácter interseccional de las opresiones. Al respecto comenta Raúl Soublett, coordinador general del Proyecto Alianza Afro-cubana: «Vemos las diferentes formas de discriminación hacia los sectores más vulnerables en la sociedad, y nos damos cuenta de lo que sufren los afrodescendientes dentro del propio colectivo LGBTIQ».

En el ámbito académico cubano, específicamente en los circuitos consagrados a estudios sobre género, sexualidad e imaginarios del deseo no heteronormativo; llama poderosamente la atención su voluntad por construir cuerpxs y sujetxs desracializados.

Dicha actitud es perfectamente coherente con los ademanes de expulsión del cuerpo negrx de los discursos historiográficos, antologías, cartografías, genealogías, y otras prácticas académicas e intelectuales encargadas de historiar cómo se han delineado las subjetividades no heteronormativas, los territorios del deseo diferente en la nación cubana y su rol en el diseño de un concepto de ciudadanía y sujeto nacional más plural e inclusivo.

(Foto: EFE)

En todos estos actos arqueológicos consagrados a la escritura de una memoria colectiva de la disidencia sexo-genérica en Cuba, las experiencias históricas de trans, lesbianas, locas, bi, gay, travestis, pajaritas, butch, drag King… negrxs, se leen desde el vacío. Lo que pone en evidencia la responsabilidad del arte, la literatura y las ciencias sociales en la producción de un conocimiento que se desprende de representaciones descentradas, precarias y/o abyectas de las negritudes.

De igual forma, tales silencios y ejercicios de tachadura se reproducen al interior de los movimientos políticos afrodescendientes y los llamados estudios afroamericanos o afro-latinoamericanos, y en los conclaves académicos destinados a la institucionalización de este campo de estudios, sus publicaciones científicas, y demás intentos por diseñar una cartografía política del campo de las negritudes. En dichos ámbitos somos percibidxs como una amenaza.

Agustín Laó-Montes, en su imprescindible Contrapunteos afrodiaspóricos: Cartografías políticas de nuestra afroamérica,  reconoce que la mayoría de los análisis de la diáspora africana tienden a marginalizar las consideraciones de género y sexualidad. Y reflexiona que esta absoluta ausencia de un análisis de la lógica sexual y las economías libidinales inscritas en los discursos de la diáspora en general y de las trayectorias Afro-diaspóricas en particular, implican una urgente necesidad de erotizar la teoría crítica y el análisis histórico.

Por estas razones, el presente análisis marca una diferencia radical respecto a los archivos del deseo e imaginarios de la disidencia sexogenérica en la Isla, que se piensan —teórica, conceptual y metodológicamente—, como un  espacio occidental y profundamente blanco.

 «La invisibilización se da bajo la lógica de que lo que no se ve no existe y lo que no existe no tiene derecho», afirma Héctor Miguel Salinas en su provocador ensayo Políticas de disidencia sexual en América Latina. La invisibilidad inferioriza y estigmatiza. Ratifica construcciones que sitúan a los grupos incivilizados en posiciones de subalternidad social entre sí. Es una práctica profundamente desacreditadora.

Paradójicamente, esos ejercicios de borramiento casi siempre terminan generando las condiciones para que estas identidades colectivas tachadas puedan convertirse en identidades políticas e iniciar luchas por su legitimidad y reconocimiento.

Lo hasta aquí expuesto ayuda a entender por qué, más allá de su naturaleza interseccional, lxs afrodisidencias sexuales se construyen a partir de una serie de negociaciones con los códigos, imaginarios y representaciones del mundo no heteronormativo blanco. Sobre todo en los gays siempre está presente la disyuntiva de estar con personas negras pero sin ser visiblemente marica, o vivir la experiencia con gentes blancas más abiertas al tema LGBT pero también racistas.

Cuenta el poeta y afrodisidente sexual Julio Mitjans, que en una ocasión, en sus años de adolescencia, un joven blanco al que miraba insistentemente le increpó: «—no mires tanto que aquí los negros y los blancos no llevan el mismo paso». «Yo ni siquiera pensaba en algo erótico solo miraba su camisa de botonadura ciega». Luego, suavizando la aspereza de su voz le dijo: «por lo menos tú no tienes ñata ni bemba». A partir de entonces, «supe que por ser negro tendría problemas también en mis relaciones de pareja».

Julio Mitjans (Foto: El Palenque)

A partir de sus vivencias, Mitjans estima que en la población LGBTIQ+ los arquetipos de belleza que rigen son totalmente eurocentristas: «Los patrones de belleza que compartían mis amigos no tenían en cuenta a los negros, para ellos debía tener rasgos cuasi griegos».

La intelectual trans Mel Herrera, en su ensayo «El trauma de las subalternas: amor romántico desde una perspectiva trans y decolonial», relata una experiencia similar: «Recuerdo que cuando pensaba en el amor, además de imaginar que era una niña cisgénero, imaginaba que era blanca y que tenía romance con muchachos apuestos y blancos. Me atravesaban varias cuestiones entonces: la negación identitaria, la negación del amor heterosexual y el racismo internalizado».

Se pregunta entonces: « ¿cómo no desear relacionarme con hombres blancos si los hombres negros han sido construidos como maltratadores por naturaleza, violentos, agresores sexuales, vulgares, atrasados, salvajes?».  

Uno de los correlatos derivados de las historias que cuentan Mitjans y Mel, es cómo las identidades no heteronormativas blancas se construyen desde lugares de privilegio donde la afrodisidencia sexo-genérica deviene otredad desvalorizada, y criminalizada, que se desenvuelve en escenarios hostiles. Es precisamente en ese punto cuando esta última, dada su condición afrodiaspórica, trasciende y desestabiliza las construcciones binarias que el proyecto colonial de la modernidad occidental hizo de la feminidad, la masculinidad, y la heterosexualidad.  

Al respecto comenta Mel: «Las imposiciones/restricciones de género y a la sexualidad, y la estratificación racial que Occidente impuso desde el período colonial, nos convirtieron en identidades, cuerpos y territorios subalternos. Somos las subalternas y hemos crecido con ese trauma desde la infancia. Es un trauma ancestral».

A propósito de estas prácticas destinadas a excluir las afrodisidencias sexo-genéricas de los territorios del deseo y la disidencia sexual, observa Mitjans: «los negros no existimos en su imaginario. Esa omisión siempre ha sido un síntoma de otras omisiones, síntoma de un sutil desprecio: un negro siempre viene con muchos problemas aunque haya terminado la universidad».

Esta problemática que denuncia Mitjans viene a ser apuntalada por la representación, plena de estereotipos racistas injuriosos, que construyen los medios de comunicación masiva sobre las personas afrodescendientes. Y subraya este poeta afrocubano, miembro del grupo literario El Palenque, que se trata una cadena de significaciones peyorativas y degradantes la cual configura un «valladar que es casi imposible superar», por cuanto coloca a estas personas:

(…) en la imposibilidad de acceder a la movilidad social, el negro un ser nacido para el estancamiento, una noria que absorbe a más de una generación en la familia negra y si eres gay peor, la omisión del cuerpo negro en el universo gay se torna en un proceso de re victimización porque el que dialoga contigo, el compañero de la comunidad LGBTIQ, reproduce los patrones o códigos de  belleza  de la heteronormatividad blanca aunque seas una margarita que se ha abierto paso desde la tierra en primavera.

 A su juicio, la población LGBTIQ+ no negra reproduce los mismos prejuicios raciales, exclusiones y dispositivos de la dominación heteropatriarcal blanca.

Lo que me interesa poner de manifiesto en esta lectura cruzada de los textos de Mel Herrera y Mitjans, es cómo dichas prácticas, destinadas al silenciamiento e invisibilidad de los cuerpxs de las afrodisidencias sexo-genéricas en los estudios académicos cubanos, son resultado de la reproducción de un sentido común racista, que tiene su anclaje en estructuras del saber y en producciones simbólicas y de conocimientos eurocéntricas y racializadas.

Mel Herrera (Foto: ADN Cuba)

Como pueden ver, el entrecruzamiento: género-color de la piel y disidencia sexual, ensancha estas brechas de equidad, discriminación  y  desventaja social. Ser un disidente sexual negrx es entrar en un territorio donde se entrecruzan diversas opresiones. No por casualidad se encuentran entre lxs más expuestos a la violencia policial, para quienes ser negro y maricón es la última carta de la baraja: quienes peor visten, lxs tenidos como vulgares  y de menos nivel de instrucción, quienes viven en condiciones de marginalidad y pobreza pues en su mayoría provienen de familias de bajos recursos que carecen de patrimonio heredado.

La crisis económica de los noventa, y las sucesivas reformas que a partir de entonces se han implementado en alguna medida por parte del estado cubano, provocaron un incremento de la diferenciación socioeconómica; es decir  un ensanchamiento de las diferencias en el ingreso y en el acceso a bienestar. Ello se refleja en la existencia de una clase media, o lo que algunos autores, —como Mayra Espina («Reforma y emergencia de capas medias en Cuba»)—, denominan «capa», para designar el proceso de formación en Cuba de una franja socio-estructural media.

Este fenómeno también ha impactado al interior de la población LGBTIQ+, donde lxs afrodisidentes sexuales resultaron lxs menos favorecidos. De ahí su escasa presencia en el sector emergente de la economía y en otras formas alternativas de ingreso económico, como las remesas. Están subrepresentadxs en el trabajo por cuenta propia y en espacios laborales estatales ventajosos, y sobrerrepresentadxs en las ocupaciones elementales no calificadas.

En el caso de lxs transexuales, travestis y transgéneros negrxs, configuran un grupo profundamente desfavorecido, porque no solo tienen que lidiar con la vulnerabilidad familiar y social, la dificultad para conseguir empleo, la imposibilidad por razones de bulling, etc., de lograr acceso pleno a todos los niveles de enseñanza. Por estas razones, terminan viviendo del mercado informal, aceptando empleos no calificados o en el trabajo sexual, donde son víctimas frecuentes de violencia de género.

A lo anterior, súmese que muchxs residen en comunidades muy marginales, jerarquizadas por la violencia, así como por códigos, elementos conductuales y de supervivencia basados en estereotipos sobre la masculinidad negra, donde realmente tienen que imponerse sino, literalmente, lxs expulsan del barrio. 

Norma Guillard Limonta, psicóloga, activista lesbiana y afrofeminista, explica que, dada «la procedencia de esta población en su mayoría de la pobreza, de la zona de dificultades, de los barrios marginales», la sociedad interactúa con ella partiendo de una serie de estereotipos que refuerzan la imagen de «que somos diferentes, semi analfabetas, bajo salario, disponibles para cualquier trabajo, sumisión, obediencia, objeto sexual, potencia de prostituta, buena en la cama». Por estas razones, cualquier intento de transformación desde el interior de ese grupo vulnerable tiene que enfrentar las dificultades y resistencias que implica transformar ese imaginario.

Para Guillard Limonta —quien fuera coordinadora del grupo OREMI de lesbianas—, el gran costo que implica ser una mujer negra, se agrava «si además es lesbiana». Por el hecho de que es «más evidente la diferencia de lucha contra la opresión patriarcal con relación a la blanca, pues se le suma además que deben luchar contra el dominio colonial a nivel mental, por la historia marcada de la esclavitud y por ende con el racismo».

Por último, deseo compartir una idea que fue tomando forma a partir de los criterios que han emergido en este texto. Tiene que ver con la moda del concepto enfoque interseccional (no por azar fueron las afrofeministas norteamericanas, miembros de Combahee Rive Collective en la Declaración de 1978, las primeras en acuñarlo antes de que se hiciera teoría en la academia crítica).

De nada sirve apropiarse del mismo si no partimos del razonamiento de que tanto el género como la raza son construcciones culturales que responden a una filosofía higienista, enunciadas desde la blanquitud hegemónica y legitimadas en complicidad con las Ciencias Sociales y sus narrativas historiográficas.

En las voces de Mel Herrera, Julio Mitjans y Norma Guillart Limonta, hay una demanda explícita a las Ciencias Sociales sobre el hecho de que no basta emplear el enfoque o concepto interseccional si no se deconstruye ese episteme de la modernidad/colonial que nos inventó como negrxs, maricas, tortilleras, indias, y que todavía sobrevive al interior de las Ciencias Sociales latinoamericanas en su manera de entender y explicar nuestros procesos como negrxs y disidentes sexuales.

Un episteme que, desde su colonialidad del ser, nos impuso un arquetipo de belleza, sexualidad, masculinidad que históricamente han devenido prácticas discriminatorias, exclusiones y lenguaje de odio; que refuerzan condiciones de desigualdad, re-funcionalizan realidades sociales y sistemas de opresión y afectan directamente a lxs afrodescendientes, mujeres, disidentes sexuales, etc.

***

Este texto es parte del proyecto «Desigualdad, pobreza y sectores vulnerables en Cuba». Puede participar en él, enviándonos recomendaciones, testimonios, comentarios, al  correo jovencuba@gmail.com, con el asunto «Proyecto – desigualdad».

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11 comentarios

Ramón Izquierdo Delgado 7 abril 2022 - 9:16 AM
Mi apoyo a todo el movimiento LGTBIQ de Cuba de todos los colores de piel
JORGE 7 abril 2022 - 12:35 PM
Mi apoyo a todo el movimiento LGTBIQ de Cuba de todos los colores de piel, lugar de residencia, creencias religiosas, ideologias y opiniones politicas. RESPETO PARA TODOS LOS CUBANOS.- TODOS!!- Respetar el pluralismo, la diversidad de la nacion cubana es la unica manera de tener paz, democracia verdadera, prosperidad y progreso. Es la unica manera de salvar a la nacion cubana.
Alex Garcia 8 abril 2022 - 8:55 AM
"Jamás llegaremos a creer que un homosexual pueda encarnar las condiciones y los requisitos de conducta que permitieran considerarlo un verdadero revolucionario, un verdadero militante comunista" Fidel Castro Ruz.
Roberto 7 abril 2022 - 11:11 AM
Pero por que no escribir normal, porque con tantas x. Este tipos de post en vez d validar la postura lo q lo hace un tanto risible y nada serio
Manuel Figueredo 7 abril 2022 - 1:16 PM
El respeto al derecho ajeno es la paz. Don Benito Juárez
zenon 7 abril 2022 - 1:54 PM
Que horror de escritura. No deshace la carga sexista del idioma sino al idioma: su rasgo más particular, la escritura fonética del castellano. Y de paso al más penetrante rasgo de la naturaleza, la eficacia, que provee a las lenguas de eufonia, a las gramáticas de excepciones y a los humanos de sentido común. Aunque algunos fanáticos ideológicos decidan desecharlo.
JORGE 7 abril 2022 - 2:11 PM
Estoy de acuerdo en que esta forma describir es horrible, y ciertamente no es eficaz. Maltratar de este modo el idioma no es una ayuda para una causa que tiene a muchos en contra y siglos de prejuicios (y no sólo en Occidente como su autor insiste tanto, es en Occidente precisamente donde más se ha avanzado en derechos ). El asunto es complejo, pero es necesario partir de la base de que todos los seres humanos tienen derechos y que la dignidad y el respeto a la persona no son privilegios, es algo intrinseco a nuestra condición de humanos.
Eva 7 abril 2022 - 8:30 PM
Lo de la escritura, creo que sobre la base de ser un texto tan necesario para profundizar en las bases de la discriminación de todo tipo , se puede remediar si el autor asume que embellecería su contenido con el uso de cada palabra y letra correctamente prescindiendo de la x pero es opcional pues puede no aceptar la recomendación . El problema que percibo al menos en Cuba es la falsa perorata de sociedad que no discrimina , porque en mis 62 años escucho hablar mucho del tema en voces que no son lo que pregonan ósea discriminan al negro , a la negra, al mulato, al gay , al tráns,al religioso , al de origen humilde al de nivel escolar bajo, medio, alto , al de Santiago , al de más allá…ósea al ser humano! Hay discriminación en Cuba hacia seres humanos posiblemente más humanistas y valiosos esencialmente que quienes los discriminan. Es un arrastre de siglos . Hablar de raza como se hace de tan poco que se hace porque ni siquiera en los estudios básicos se enseña cultura cívica , ya es en sí un discriminante sería mejor creo, hablar de etnia , de la incultura que arrastramos desde hace siglos al no ver en los seres humanos lo que le hace igual y o diferentes a otro en su individualidad personal . Dígase hombre y ya se han dicho todos los derechos … En su obra El engaño de las razas señala Fernando Ortiz: La raza es un concepto humano tan histórico y científicamente convencional y cambiadizo como social y vulgarmente altanero y despiadado. Pocos conceptos hay más confusos y envilecidos que el de raza. Confuso por lo impreciso, envilecido por los despreciables menesteres políticos y sociales en que ha sido empleado”. (Ortiz, 1975: 35) Se puede afirmar sin vacilación que Martí habría suscrito totalmente tal enunciado. En su obra son numerosas las referencias a las injusticias raciales y a las ignominias que en su nombre se hicieron, en la que no faltaron alusiones a los hebreos, quienes “De su religión, ... hacen patria”, (Martí, 1991, T9: 205) como tampoco a los indoamericanos, tantos los del norte como los del sur del Río Bravo, “...tan ofendidos, tan flagelados, tan anhelosos como los negros de su inmediata emancipación ...” (Martí, 1991, T4: 202), en fin, a los negros, para quienes deparó páginas imborrables de ternura y consideración, cuando se dirige a los españoles y les dice: “...la raza que más os ha sufrido, que más se os ha humillado, que más os ha esperado, que más sumisa ha sido hasta la desesperación o la desconfianza en las promesas ha hecho que sacuda la cerviz.” (Martí, 1991, T1: 50) El propio Ortiz apunta que “...parece comprobado que la voz raza se aplicó primero a los animales para señalar su casta y que, al extenderse metafóricamente dicha voz a los humanos, llevó consigo implícita una conceptualización de animalidad, por lo cual la palabra raza tuvo generalmente, desde su origen un sentido despectivo”. (Ortiz, 1975, 44) Hay en su definición, más que una sujeción enciclopédica, una connotación peyorativa del término raza, que había recibido como herencia directa y de genes dominantes del Maestro, especialmente en su trabajo Mi raza, en el que el Apóstol nos dice: “Esa de racista está siendo una palabra confusa, y hay que ponerla en claro. El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza u otra: dígase hombre, y ya se dicen todos los derechos. El negro, por negro, no es inferior ni superior a ningún otro hombre: peca por redundante el blanco que dice: ́ mi raza ́; peca por redundante el negro que dice: ́ mi raza ́”. (Martí, 1991, T2: 298) Destaca en primer lugar la asunción martiana de la “raza humana” como única e indivisible, de la cual se siente partícipe entusiasta cuando señala “Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro”. Martí, 1991, T2: 299 Ser disidente en Cuba es discriminante . No tengo muchas referencias sobre el caso de personas que por ser negras sean pero tratadas que blancos disidentes pero si recuerdo los videos que vi y los muchos comentarios racistas que leí en Facebook cuando el MSI tocó el alma cubana . Era penoso porque parecían bestias lis que discriminaban . Sin siquiera conocer a esos muchachos que todavía en presión son antorchas de la libertad y orgullo de la sangre que nos corre por las venas .
Yosvani Malagón Crespo 8 abril 2022 - 3:06 PM
Gracias por estos profundos pensamientos y observaciones. Tus palabras explican el salvajismo del patriarcado heterosexual blanco y su exigencia sanguinaria de someter y destruir a todos los que se perciben como una amenaza al privilegio. Los amos crean un mundo que carece de color, cultura, creatividad y posibilidades ilimitadas de relaciones humanas saludables. Su mundo se basa en la ganancia material y en la protección de la propiedad, el poder, el control y la explotación brutal. El mundo en el que viven es superficial, odioso y egoísta. Se apoya por completo en las gargantas, las espaldas y el trabajo de los pobres, y especialmente, como usted dice, de los que se enfrentan a una doble o triple discriminación. Predices y dilucides cómo podría ser la sociedad ilimitada y diversa basada en la satisfacción colectiva de las necesidades y deseos humanos. El feminismo, la igualdad de los negros y la liberación de los LGBTIQ son principios centrales de la revolución en estos tiempos. No puede haber revolución ni socialismo sin los más oprimidos en el liderazgo del cambio radical. Todo lo que no sea una liberación completa para todos significa que nos quedamos atascados en un limbo social que se repliega sobre sí mismo y traiciona la revolución, y que mantiene todos los viejos prejuicios vivos y en buen estado.
Julio Mitjans 8 abril 2022 - 3:16 PM
Yo creo que desautorizar el texto por el empleo del lenguaje es inadecuado, lo importante se ha dicho. Es verdad que en Occidente se ha avanzado muchísimo en materia de derechos de la Comunidad LGBTIQ+; pero de lo que se habla es de la herencia, de una moral y una ética impuesta por ese mismo Occidente durante cinco siglos de dominación, imposición que tuvo en epicentro la consideración o el debate de la condición humana o no de los dominados, esa disquisición dio lugar a estas demandas, todavía hoy el cuerpo negro, el cuerpo de los originarios es un reflejo de aquella humillación, un reflejo de aquella masacre que hoy se se traduce en invisibilidad y cuasi nula movilidad social que, hoy también se percibe en la autodesvalorización y la negación de lo que se es para integrarse a una ilusión de derechos desracializados.
Humberto davila 8 abril 2022 - 10:41 PM
El artículo con mucha retórica Cuando se dan tantos rodeos y tanta palabrería, falta la sustancia. La síntesis de ideas y la simplicidad del lenguaje son muestra de dominio del tema que se quiete tratar. La política y la demagogia se unen para lanzar al ruedo temas deformados, y saturan de palabras vacías los espacios informativos, desviando la atención de lo que es esencial . El tema es importante, es bueno abordar su solución práctica y dejarse de tanto teorisismo banal

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