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lunes, octubre 26, 2020

Después de la muerte

Lixandra Díaz Portuondo
Lixandra Díaz Portuondo
Periodista. Locutora en Habana Radio

«Nuestra vida individual no es tan importante como lo que somos y significamos socialmente». (Eusebio Leal Spengler. Junio de 1995)

Es difícil escribir de alguien a quien lees para escribir. Tan difícil como hablar de alguien a quien también escuchas para aprender a comunicar. Solo él podía darle permiso a estas letras que pretenden encender luces tenues sobre uno de los temas más abordados por el Doctor Eusebio Leal.

Los grandes cambios, las grandes transformaciones siempre han tenido detrás hombres con el don de la palabra, el poder del convencimiento. Eusebio Leal era uno de esos hombres con tan envidiable talento.

Pensaba yo mientras escribía, en hablar de las condecoraciones otorgadas a Leal Spengler, pero la información es fácil de encontrar y poco homenaje a él sería el de repetirme. También podría mencionar su obra en el Centro Histórico de la Ciudad, pero no hay mejor experiencia que la palpable.

Lo invito entonces a caminar La Habana Vieja, donde es inevitable percibir su esencia, o -para el foráneo- preguntar quién está detrás de todo ello. Se sabe que de forma omnipresente hay un “genio” (porque salvaguardar la cultura es una genialidad que ayuda a mantenerse a flote). La Habana Vieja es más que un sitio para el paseo sabatino. Es un convite para descubrir la Ciudad y el país en su inquebrantable reconocimiento y relación histórica consigo y con otras naciones.

Leal lo tuvo presente en toda su labor de restauración y preservación del Patrimonio material e inmaterial, por ello La Habana Vieja, es el lugar dónde muchos descubrieron -como yo- a qué dedicarían sus días. Dicho esto, solo si se disfruta el sonar del adoquín con las presurosas pisadas, en medio de muchísima gente intentando aprender, vender, comprar, mirar, enseñar, o simplemente entablar una grata conversación mientras se ven las palomas pasar; puede uno comprender lo fructífero de la lealtad de Eusebio a La Habana.

«La Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana es heredera y depositaria de la labor desplegada por sucesivos historiadores, desde Félix de Arrate, en la segunda mitad del siglo XVII, hasta Emilio Roig de Leuchsering, cuya fecunda existencia terminó en 1964. La amplia labor de divulgación y defensa de temas del patrimonio habanero que Roig de Leuchsering promovió y llevó a cabo, ha permitido que todo cuanto hacemos hoy tenga un valor de continuidad» (1)

Lo anterior, lo expresó Eusebio Leal en 1995 a la revista ICOMOS, mientras su labor como historiador de la Ciudad estaba muy lejos del actual deceso. En esa lista de personas entregadas a la incansable batalla por defender La Habana hasta el último suspiro, ha llegado la hora de incluirlo.

La noticia de su muerte la supe-internet mediante- sobre las 11 de la mañana. Recibí un mensaje de mi mejor amiga por messenger: “¿Oye, viste lo de Eusebio?”, y aunque no explicó más, sabía de qué iba. Entonces revisé mi WhatsApp y todos los estados dejaron ver imágenes de Leal con comentarios como “Buen viaje”, “EPD”, “La Habana se viste de luto”… Confirmado.

Otra cruz en el obituario de este año que nos duele.

La personificación del año 2020 se ve como un señor molesto, o tal vez ingenioso que cada semana trae novedades -en su más estricto sentido y relevancia- para avivar emociones. ¡Y vaya manera de lograrlo!

Aunque es inminente el dolor ante la pérdida de quien para muchos es un adalid; lo más útil es pensar en nuestro compromiso después su muerte, puesto que «no se nos pedirá cuenta de lo que se nos quita, sino de lo que no hicimos» (2). Mientras parezca que aún nos habla cuando leamos sus intervenciones, será útil su obra. Eusebio solo aspiraba a la utilidad de su trabajo, y fallarle en el mantenimiento de su obra sería defraudarlo.

Consciente estaba de nuestro papel y el de unas cinco generaciones anteriores a la nuestra, cuando en 1995 nos identificó como «la generación que ha de someter a juicio la obra realizada» (3) por los de su tiempo.

El justo homenaje y preservación de esta tarea encomendada por el historiador se verá al volver sobre la historia de La Habana y de Cuba, sobre nuestra identidad y lo que significa la nación cubana.

Y creo que es necesario volver porque hay posiciones -que comparan el fallecimiento del Doctor con otros representantes de nuestra cultura-, de las que no me haré eco, pero que más allá de ignorar la magnitud de la pérdida en cuestión, señalan una depauperación del sentimiento de nación en general y un desconocimiento no solo de la obra de Leal Spengler, sino de la historia de Cuba. Y, por ende, carecen de respeto hacia ella.

Ni la juventud, ni Cuba, ni La Habana están perdidas, mas algo pasa en la enseñanza y apropiación de nuestra historia, y es hora de prestarle atención. Evaluemos el estado de la cultura y la tradición cubana hoy día, punto por punto, y encontraremos las justas señales. «La historia es la memoria de las cosas. Una persona sin memoria es una víctima, un pueblo sin memoria es una fatalidad, jamás encuentra su camino». (4)

En estas líneas no pretendo brindarles un Eusebio Leal Spengler perfecto, no intercambiamos lo suficiente como para afirmarlo. Solo tengo dominio de su desempeño como cubano, conservador y profesional comprometido con la obra de La Habana. Basada en ello, si afirmo que fue el hombre que no impuso el amor a la nación cubana. Y cuando digo nación me refiero a lo que somos, a nuestro suelo, al país.

De ese Eusebio hablamos aquí. De alguien que, incluso en medio de una agonía personal por su dualidad cristiano-revolucionaria, reafirmó su voluntad de apoyar la Revolución como única alternativa para el panorama de la época.

Hablo de nuestro PAÍS en este texto. Ese que usted ama, más cuando está lejos. No mezcle desavenencias gubernamentales con su afecto a la isla. Y antes de que comience a refutar, note la diferencia que hay en su corazón entre lo gubernamental y su amor por Cuba. Porque a Cuba, es imposible no amarla, pero a veces parecemos desconocerla.

Eusebio lograba que usted amase a Cuba y la conociese sin imposiciones.

Le bastaba un exhaustivo relato sobre el origen de un parque de La Habana, una tarja, un museo… He aquí la razón por la que podía hablarle a los ancianos para los que procuró hogares en la Oficina, a los adultos que acogió como trabajadores encargados de preservar el patrimonio de la ciudad, a los jóvenes para los que creó iniciativas como la Escuela Taller “Gaspar Melchor de Jovellanos”. También depositó su fe en los púberes para los que cedió A+Espacios Adolescentes; en los niños para los que previó la restauración de la Escuela Primaria Rafael María de Mendive, por solo citar ejemplos.

Llámele don de la palabra, del convencimiento, dominio exquisito de la historia, o fiel compromiso por reparar y creer en «el signo de sumar». El punto es que su «discurso ha sido siempre para todos los cubanos» (4). Quién no lo ha leído, lo ha escuchado o lo ha visto cuando en el empeño por transmitir su respeto por este país, mostraba su versatilidad para enseñar la Cuba que se guardaba.

No hay generación perdida, ni nuestra cultura está del todo mal. Lo reafirmé cuando, horas después, el homenaje virtual pasó de los comentarios de condelencias a: “Hoy y el fin de semana estaremos colgando sábanas blancas en los balcones, en homenaje a Eusebio Leal”. “Favor de pasar a todos sus contactos de La Habana”. (Propongo hacerlo extensivo). “Honor a quien honor merece”. Y las redes sociales que parecen un enjambre de mediocridad y neurastenia en no pocas oportunidades, esparcieron hoy un justo homenaje que no se encomendó, sino que surgió del pueblo, y ese es el más fidedigno láureo.

«Necesito personas que aspiren a hacer cosas» decía en una entrevista. Y esta es entonces nuestra tarea: la aspiración de preservar y defender cada uno de nuestros derechos y los de este país, no la de transigir por su ausencia. Y este primer paso, este homenaje impulsado desde las redes sociales, me parece un buen signo.

Mi aspiración es que «el mejor de [sus] amores, la mejor de [sus] pasiones, el mayor de [sus] desafíos»: La Habana, siga en pie. Dijo en una oportunidad que, de haber otra vida después de esta, su alma vagaría eternamente por la ciudad. Sería bueno que quedase como ancestro protector de cada esquina habanera y de cada esencia cubana.

«La isla nos invita, y yo hago particularmente mío ese deseo, a conocerla y a amarla. No la vean con ojos judiciales, sino con ojos de amor. Hay mucho por hacer, pero habita en su interior, invisible para algunos, pero real y palpable para mí, el corazón de una generación nueva que hará suyo los sueños y quimeras de la que ya se extingue». Seamos nosotros quienes luchemos por mantener «esta isla, por levantarla, por que sea siempre la más bella» (2).

  1. La gesta de la restauración. Junio, 1995, para Revista Icomos (UNESCO)
  2. Ciudad y natura. Intervención especial en la Conferencia Regional (América Latina y el Caribe) de Geografía, La Habana, 31 de julio, 1995
  3. El concepto de patria. Discurso de clausura del evento Cuba: cultura e identidad nacional, La Habana, junio, 1995.
  4. Dialéctica personal. Entrevista “Indiferente a nada” concedida a la periodista Magda Resik Aguirre y publicada en Juventud Rebelde. 19 de noviembre de 1995.

*Todas las intervenciones se pueden encontrar en La Luz sobre el espejo. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2017.

13 Comentarios

  1. Ha muerto Eusebio Leal.
    Parte cuando más lo necesitamos.
    Su pérdida es irreparable para Cuba entera, pero en especial no sé si los habaneros alcanzamos a entender la envergadura de esta desgracia y de sus consecuencias, porque no existe otra figura con semejante autoridad y prestigio, capaz de lograr igual consenso.
    Caballero Protector de La Habana.
    Valiente principe de la ciudad, campeón de nuestra cultura y nuestra nación.

  2. Como habanero de pura cepa,nacido y criado a las sombras de los viejos edificios y mirando los balcones de mi capital,les puedo decir totalmente convencido que si hay alguien cuya muerte nos duele,es la de Eusebio.

    Nos duele porque él se lo ganó,no vino por designación o por «gestas heroicas que sucedieron tiempo ha» y de las que desgraciadamente siempre nos enteramos por boca de los vencedores.

    No, tuvimos el privilegio de vivirlo,de disfrutarlo,y de aprender a amar las ruinas que en tiempos antes de él algunos preferíamos repudiar.

    Los de aquí tuvimos el grandísimo privilegio de hablar con él, de tú a tú,sin escoltas,sin cordón de seguridad, sin esa altanería y miradas desde la altura que sufrimos la gente de pueblo,de a pie,cuando algún personajillo, sí, personajillo al lado del Historiador, se rebajaba desde sus altares para después salir ,en este medio,o en este otro,aparentando ser uno de nosotros. No , Eusebio no era de esos, el Sí ES DE NOSOTROS.

    Hoy la Habana Vieja llora,y siempre lo va a extrañar. Lo voy a extrañar,ya lo extraño.

  3. Como habanero de pura cepa,nacido y criado a las sombras de los viejos edificios y mirando los balcones de mi capital,les puedo decir totalmente convencido que si hay alguien cuya muerte nos duele,es la de Eusebio.

    Nos duele porque él se lo ganó,no vino por designación o por «gestas heroicas que sucedieron tiempo ha» y de las que desgraciadamente siempre nos enteramos por boca de los vencedores.

    No, tuvimos el privilegio de vivirlo,de disfrutarlo,y de aprender a amar las ruinas que en tiempos antes de él algunos preferíamos repudiar.

    Los de aquí tuvimos el grandísimo privilegio de hablar con él, de tú a tú,sin escoltas,sin cordón de seguridad, sin esa altanería y miradas desde la altura que sufrimos la gente de pueblo,de a pie,cuando algún personajillo, sí, personajillo al lado del Historiador, se rebajaba desde sus altares para después salir ,en este medio,o en este otro,aparentando ser uno de nosotros. No , Eusebio no era de esos, el Sí ES DE NOSOTROS.

    Hoy la Habana Vieja llora,y siempre lo va a extrañar. Lo voy a extrañar,ya lo extraño.

  4. Que descanse en paz el genio de la palabra y el esclavo de sueños que siempre fue Eusebio Leal, a sus hijos que el mismo expresó son parte de la diáspora cubana mis condolencias, a todos aquellos que de acuerdo con el gobierno o no, reconozcamos y sentamos orgullo por la Cuba que nos vio nacer pues contribuyamos a lograr esa otra Cuba que Leal describió cuando dejo para la posteridad esta idea.

    » Cumplamos la voluntad de un vivo, no de un muerto: No me rindan culto de palabra, ríndanme culto de obras: que se levante la producción, que se levante el campo, que se levante el trabajo, que no nos avergüence el robo; que se sienta orgullo en nacer en esta República, que no emigren, que permanezcan, que trabajen, que se unan «

  5. La mejor manera de rendirle homenaje a quien dejó una profunda huella es conservar su obra. Ojo, muchas de ellas ya van en picada: el acuario de La Habana Vieja, el Museo del Perfume, …..

    • En efecto, el mejor homenaje al Sr. Leal es evitar que La Habana se siga cayendo a pedazos. Hay zonas enteras que parecen haber sufrido un bombardeo de lo derruidas que están.
      La Habana, de haber sido una se las ciudades más bellas y mejor conservadas del mundo, ha pasado a ser una verdadera vergüenza para un gobierno que no ha podido siquiera conservar el rico patrimonio arquitectónico que nos legaron nuestros antepasados.
      La Habana es el mejor reflejo del fracaso de la revolución socialista cubana. Algunas partes, las menos, bonitas por fuera para que no hieran los ojos del turista internacional, y el resto comida por el churre y el más absoluto abandono donde malviven los cubanos pobres, que son la mayoría.

  6. Ha muerto un gran cubano,porque su vida lo dice todo.Su mayor virtud,el amor a la Tierra,que lo vio nacer.Un gran heredero,de nuestro Apostol Jose Marti.

  7. Tuve el privilegio de estar a su lado formando parte de su equipo de trabajadores cuando éramos mucho menos de los que sumaron miles en la oficina de historiador y sus distintas áreas de trabajo. Un merecido homenaje de por vida a ese gran hombre. Que para mi será siempre mi San Leal como le dije siempre que estaba cerca de él. En paz descanse.

  8. Al margen de luces y sombras, de aciertos y desatinos, de posturas que crearon criticas, es innegable la obra que Eusebio deja para las generaciones futuras, por inmensa y trascendente, como su ejemplar consagración a la reconstrucción de esas ruinas que muchos vimos como se esparcían cual mala yerba. Un nucleo originario de ciudad restaurado en lo posible y en lo imprescindible, con vitalidad y sostenibilidad como valor fundamental, con la maravilla del hombre y su cultura enraizado con sus piedras, por demás con la dignificacion de los oficios que erigen, lustran, salvan. Con la belleza y la espiritualidad que esas edificaciones y esos ambientes provocan y nos hacen mejores seres humanos.

    Aunque esa inmensa obra es de muchos, de laboriosos anónimos en la fragua cotidiana, el liderazgo y la convocatoria de Eusebio parece insustituible. Quien le sustituya, quizás hasta no nacido en la ciudad, tendra una tarea de gigante.

    Que las sabanas blancas, quizas convertidas en una imagen popular no representativa de toda la maravilla de nuestra ciudad, no definan per se nuestra identidad y se conviertan en una impuesta postal.

    Cuando caminemos por esas areas devueltas a la vida, mientras toquemos con respeto esas piedras seculares, y acogidos en esas plazas que nos protegen, siempre habra un dialogo en silencio y agradecido con Eusebio.

  9. Leal una vez dijo que para ver concluida su obra no le alcanzarian varias vidas. Yo, natural de esa Habana Vieja que de nino conoci y que desde entonces iba en franca decadencia he visto con alegria, como de la mano del restaurador fueron renaciendo espacios con una nueva luz. A veces, al doblar por una esquina o caminar por un sitio poco frecuentado, me sorprendia agradablemente re descubrir un edificio, un parque o una estatua donde antes hubo desidia, suciedad o abandono. Nadie hizo por esa Habana que parecia condenada a una muerte agonica que Eusebio Leal.

  10. Apena que en medio del dolor que ha dejado el fallecimiento del querido Eusebio Leal haya quien aproveche la ocasión para , mediante un comentario que desconoce la historia de la ciudad, y con el explicito objetivo de difamar a la Revolución, oculta de hecho la enorme obra que ha llevado a La habana a ser Patrimonio de la Humanidad y Ciudad maravilla. Ahí esta la obra fecunda de su vida que lideró con el apoyo de la Revolución y sus lideres, de la cual fue, por mucho tiempo, Diputado a su Asamblea Nacional y participante activo de las principales tareas de la Revolución desde el !ro. de enero de 1959.
    Eusebio fue un eminente cubano universal, pero pienso que difama su memoria quien aprovecha esta ocasión para intentar ofender a la Revolución que el tanto amó.
    Seguramente el colectivo que lo rodeó sabrá continuar su obra y seguir rescatando esa ciudad a la que, su obra personal y la Revolución, salvaron del destino manifiesto de la desaparición de muchos de sus lugares históricos bajo el pretexto de la modernidad.

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