«¿Débito o crédito?» Los bancos comunitarios contra la extorsión del sistema financiero

Moneda social palma. (Foto: Instituto Palma)

por Hamilton Rocha (1) y Fernando Bretas (2)

La lógica capitalista, basada en la distribución de la miseria y la apropiación individual de la riqueza, tiene su máximo exponente en el capital financiero. Uno de los ejemplos de esta extorsión son las tasas y comisiones bancarias cobradas por el sistema financiero.

En Brasil, por ejemplo, una población de diez mil personas que gasta, en media, diez reales brasileños por día, permite que el banquero desvíe aproximadamente 1 800 000 reales por año, gracias a las comisiones —de entre 2% y 5% por operación de pago— solo por el uso de tarjetas bancarias. Todo eso sin contar los intereses, cuotas pagadas por mantenimiento y los servicios asociados a la cuenta bancaria corriente.

Debido a tantos problemas que debe enfrentar una población desprevenida y con déficits en educación, salud y condiciones mínimas de sobrevivencia, como es el caso de la brasileña, era necesario pensar en una nueva forma de relacionar a esas poblaciones excluidas con este sistema perverso que, a pesar del discurso aparentemente maravilloso y democrático, esclaviza y mata.

La economía solidaria se presenta como un fenómeno social a contracorriente del sistema financiero. Basada en un sistema de propiedad colectiva de los medios de producción e intercambios solidarios, busca resolver los problemas reales de las poblaciones donde se implementa, como el desempleo, el acceso a los ingresos, el perjuicio económico que a veces se expresa brutalmente a través de la simple eliminación de las condiciones de vida de los miserables, negándoles la posibilidad de trabajar.

Siempre tiene presente que la socialización del control sobre los medios de producción es un movimiento cargado de contradicciones por vivir dentro del capitalismo, pero que, en oposición a él, alberga el embrión de una nueva posibilidad de sociedad con las relaciones que se propone construir.

Se estima que aproximadamente dos millones de personas están involucradas de alguna manera con la economía solidaria, entre los más de tres mil diversos grupos existente en comunidades y periferias. Se trata, por tanto, de un fenómeno creciente de organización económica.

Entre las variadas maneras de materialización de esta organización, los Bancos Comunitarios son la forma más característica. Son organizaciones formadas en las comunidades, por iniciativa de sus habitantes y bajo su dirección, con la tarea de actuar en los territorios como un movimiento social organizado y estructurado de intervención económica.

Banco Comunitario. Chapada Gaúcha, Minas Gerais, Brasil. (Foto: Divulgación/Banco Central do Brasil)

Su objetivo principal es brindar a los participantes la posibilidad de acceder a productos financieros que los bancos tradicionales les niegan, al considerar «inviable» desde el punto de vista del beneficio económico atender a las personas más pobres.

De esta forma, su dinámica termina por retirar el velo que cubre toda la crueldad del sistema, demostrando en la práctica cómo se produce la apropiación de los ingresos del trabajo de cada participante de la comunidad por parte de la banca convencional.

Esto ocurre independientemente del aspecto ideológico, en la medida en que, ya sea en una economía planificada u otra regida por el mito del libre mercado, la concentración del capital es una realidad y su apropiación por parte de quienes no generan la riqueza producida es una triste verdad.

La idea de la Economía Solidaria y de los Bancos Comunitarios (BC) no es nueva. Su génesis remite al período de crisis económica de los gobiernos neoliberales de Fernando Henrique Cardoso, a fines de la década de los noventa del siglo pasado. Presionadas por el empobrecimiento de la población y su literal exclusión como sujetos económicos, las periferias comenzaron a organizarse para ofrecer alimento y techo a sus habitantes.

Después de garantizar, aun tímidamente, la creación de ingresos y trabajo remunerado dentro de sus territorios a través de pequeñas iniciativas: venta de productos artesanales, alimentos producidos en sus patios o en sus cocinas, servicios de carpintería, remodelaciones de edificios, trabajo doméstico, salones de belleza, clases particulares, pequeñas negocios y emporios, en definitiva, un sinfín de actividades antes inviabilizadas, comenzaron a verse y a valorarse. La falta de recursos provocó que el trueque fuese la moneda de cambio más frecuente. Era difícil ver que en los albores del siglo XXI Brasil regresaba a los inicios del feudalismo.

Con el advenimiento de los gobiernos populares de Lula y Dilma, este tipo de economía alternativa ganó mayor peso y comenzó a estudiarse en las academias. El movimiento, fragmentado y desarticulado, empezó a articularse y presionar al gobierno por la creación de un marco legal para el sector, además de su institucionalización dentro del aparato estatal. Así se realizó el Congreso Nacional de Economía Solidaria y se crearon los foros municipales, estaduales y nacionales sobre Economía Solidaria, además de la Secretaría Nacional de Economía Solidaria en el ámbito del Ministerio de Economía.

A pesar del aparato institucional conquistado, la lucha contra el sistema financiero no es tarea fácil. La Economía Solidaria y los bancos comunitarios intentaron fortalecerse como entidades autónomas, pero varios problemas políticos e institucionales las convirtieron en rehenes de las políticas sociales gubernamentales. Lo que era un apoyo político-institucional pasó a ser una dependencia económica de las iniciativas del poder político de turno, y los bancos comunitarios no lograron establecerse.

Era necesario revertir el golpe militar-parlamentario perpetrado contra el pueblo brasileño para que le diésemos la debida importancia al movimiento que antes se manipulaba. Con la reinstauración de la pobreza en el país, este tipo de organización ha cobrado relevancia, ya que las clases más pobres, que habían acumulado importantes ganancias en ingresos y prestigio social a través de las políticas sociales y económicas de los gobiernos de izquierda, ahora enfrentaban el retorno de exclusión social y económica, agravado por el prejuicio social tras la elección del fascista Bolsonaro.

En el mercado Lucena, ciudad de Igaci Alagoas, se aceptan monedas comunitarias. (Foto: Beto Macário / UOL)

El resultado del revés fue el regreso del hambre y la precariedad a las comunidades pobres, que quedaron huérfanas de los programas sociales gubernamentales y debieron organizarse para no sucumbir. En esa coyuntura, el sector se estructuró al margen del Estado. Pasamos de uno a 150 bancos comunitarios, que se asociaron a la Red Brasileña de Bancos Comunitarios.

Esta red, además de la importancia institucional de reunir las luchas del sector y su representatividad ante otros organismos públicos y privados nacionales, promueve la creación de ese tipo de banco en todo Brasil y gestiona la aplicación desarrollada por la red, que es utilizada por sus asociados para el trabajo de cada uno de los bancos afiliados, denominados E-dinheiro.

En 2021, E-dinheiro tenía alrededor de 140.000 cuentas activas, con más de 20.000 comercios locales registrados. Por su cuentas circularan cerca de 450 millones de reales y devolvió a las comunidades unos 4 millones de reales por concepto de tasas; proporcionalmente al uso de la aplicación por parte de sus clientes/participantes. Se pagaron más de un millón de facturas y se ofrecieron sinfín de servicios más: pago de cuentas de luz, agua, gas, nóminas de empresas colaboradoras, etc., a través de monedas sociales establecidas por los bancos comunitarios afiliados.

Dichas monedas son administradas de forma autónoma por cada banco comunitario. A lo anterior debemos agregar los fondos de microcrédito solidario para financiar actividades locales en las comunidades o para financiar actividades comunitarias que aumenten la calidad de vida o la riqueza de las comunidades. Hoy cada banco tiene uno o más fondos de solidaridad para actividades específicas, que van desde microcréditos para desempleados hasta financiamiento de infraestructura de energía limpia para uso de las comunidades.

De forma bien simplificada, la metodología de los bancos comunitarios se puede describir de la siguiente manera. Todos estos recursos son administrados a través de monedas sociales que tienen algunas características establecidas por la regulación del Banco Central de Brasil:

– Paridad con el real;

– Convertibilidad en reales

– Fondo en reales depositados en Bancos Públicos Federales.

– Cada moneda solo circula en una región determinada por el Banco Comunitario.

De esta forma se garantiza la convertibilidad de la moneda social en reales, en cualquier momento, brindando seguridad institucional a los participantes. La operacionalización del proceso es simple:

Supongamos que trabajas y recibes tu salario en reales. Depositas el dinero en el banco comunitario y este convierte los reales en la moneda social que administra. El banco, por su parte, deposita los reales que usted le entregó en su  cuenta en un banco público federal con control gubernamental y pone a disposición la misma cantidad en su cuenta, solo que en la moneda social.

Moneda Mumbuca. (Foto: Evelen Gouvêa)

Luego vas de compras en el territorio que cubre la moneda social, generalmente el municipio o un barrio específico de una gran ciudad. Compras en la carnicería, panadería, mercado —todos registrados en el banco comunitario y también sus clientes. Pagas las compras con moneda social y el empresario recibe el valor en su cuenta del banco comunitario, a través de una transferencia bancaria entre el cliente y el comerciante.

Esta operación genera un costo que es un porcentaje de la compra realizada. La mitad de este porcentaje se utiliza para mantener la aplicación digital y el trabajo institucional de la Red de Bancos Comunitarios. La otra mitad se destina al propio banco y sirve para costear su mantenimiento.

El comerciante puede entonces transformar el monto transferido a su cuenta en reales para abastecer su negocio fuera de la región cubierta por la moneda social, o puede abastecer su negocio con productos de productores locales que serán pagados con la moneda social. Así, la moneda social circula de mano en mano en ese mercado específico, haciendo que la riqueza circule en la propia región, desarrollando y apalancando negocios que antes no hubieran podido existir y contratando personas cuyo trabajo generará más riqueza. Se crea así un círculo virtuoso que alimenta la economía y ayuda a desarrollar la comunidad de manera autónoma e independiente de instituciones, personas y gobiernos.

Imagine el carácter liberador y concientizador de este proceso para las comunidades. Hay numerosos relatos de compañeros que han cambiado sus vidas, las de sus familias y de las de sus comunidades con la llegada de los bancos comunitarios a sus regiones.

Los bancos comunitarios muestran, en la práctica, el modo en que toda actividad capitalista apunta a la acumulación privada de capital a costa de excluir del sistema bancario a los estratos más pobres; además de apropiarse de gran parte de la renta y de los derechos comerciales y financieros que le corresponden. Para ello, utiliza los más variados métodos, como tipos de interés superiores al 300% anual, comisiones desorbitadas por servicios bancarios irrelevantes y gestión de capital privado y público con el fin de maximizar los resultados financieros de los bancos a costa de los  propios clientes que depositan sus ahorros.

En Brasil, esa irresponsabilidad social produce una alta tasa de exclusión de personas del mercado de trabajo con derechos laborales reconocidos: si sumamos los 14 millones de desempleados formales, los 5 millones que abandonaron la búsqueda de empleo y los 38 millones de trabajadores informales o precarios, tenemos una masa de 57 millones de trabajadores.

Eso significa que la mitad de las personas económicamente activas del país son excluidas del sistema de protección social, condición que afecta directamente a los miembros de sus familias. El resultado es claro: la mitad de los brasileños (más de 100 millones) ganan hasta R$ 438,00 por mes, en un país donde la educación, la salud y la vivienda son actividades económicas mayoritariamente privadas.

Mientras tanto, en 2020, año de inicio de la pandemia, los bancos crecieron un 27% y los tres mayores bancos del país obtuvieron 52 mil millones de reales en ganancias. Vale recordar que en Brasil ningún empresario o patrón paga impuestos por sus ganancias. Por eso no es difícil entender que el sueño de tener un buen trabajo, dependiendo de los capitalistas, será cada vez más imposible para la gran mayoría de los trabajadores y que será necesario encontrar, colectivamente, una solución política, económica y social que ofrezca condiciones dignas de empleo e ingresos.

Moneda social palma en mercado comunitario, en Río de Janeiro. (Foto: J. Cardiano/ A Voz das Comunidades)

Los trabajadores necesitan saber cuáles son sus necesidades e intereses comunes, comprender la importancia de unirse y organizarse, definir tácticas y estrategias para movilizar al mayor número de personas y ganar fuerza para enfrentar gobiernos y organizaciones de la élite gobernante, forjando un liderazgo capaz de operar una lucha victoriosa y favorable a su comunidad, estableciendo, como resultado, lazos cada vez más profundos de confianza y reforzando su autoestima, factor fundamental para el logro de los objetivos comunitarios.

El pueblo trabajador necesita asumir la tarea de rediscutir sus intereses y organizarse de manera independiente, sentir su fuerza, percibir su capacidad de transformación, ya sea en el lugar de trabajo o en los barrios donde se concentran muchos jóvenes y trabajadores desocupados o precarizados.

Con su uso a gran escala, este sistema de bancos comunitarios fortalece las relaciones dentro de las comunidades, al posibilitar la oferta de créditos a bajo interés, accesibles sin discriminación social, racial, de género, política o por orientación sexual religiosa. Todas las operaciones, incluidas las de compra y venta, se realizan a través del celular, eliminando el uso de “tarjetas y pos”, y así las operaciones económicas resultan mucho más baratas.

Las personas que no cuentan con celular también pueden participar del sistema, mediante una tarjeta especial que se utiliza en los comercios por medio del celular del comerciante. Esto permite la reducción de los precios finales al consumidor y elimina los intermediarios financieros.

Finalmente, los bancos comunitarios también tienen la vocación de promover la educación, ya sea en el área de la economía y las finanzas; social, política o en las áreas de formación profesional y de gestión, para equipar al trabajador con conocimiento para cualificar su trabajo y enfrentar nuevos desafíos, un nuevo trabajo, o articulando grupos de trabajadores cooperativistas. La adopción de este sistema por parte de la comunidad refuerza la confianza como colectivo y da fuerza política para poder luchar por otras reivindicaciones mayores.

Sin embargo, implementar una opción como esta no es un paseo por el malecón. Detrás de estos objetivos tan auspiciosos hay una experiencia de más de veinte años de luchas, avances y retrocesos, negociaciones y presiones de grupos económicos que, conscientes del potencial explosivo de la propuesta, hacer todo lo posible para dificultar la implementación de esta tecnología social en las comunidades.

Moneda-social digital Araribioa, lanzada por la alcaldía de Niteroi, Río de Janeiro.

Ante estas dificultades, el foro de bancos comunitarios de São Paulo, asociado a la Red Brasileña de Bancos Comunitarios, ha jugado un papel muy importante en la sistematización y difusión de estrategias para la implementación de bancos comunitarios de desarrollo. Entre ellos, el más reciente y prometedor es la creación de un curso para la creación de bancos comunitarios. En este se condensan y sistematizan veintidós años de experiencias, avances y retrocesos, presentados en módulos que pueden ser secuenciados según el deseo y/o falta de colectivos en relación a los temas abordados.

El curso tiene una duración de diez meses, con una clase por semana. Estamos brindando el curso en español y esperamos que esté listo en este año. El objetivo es hacer que esta tecnología social esté disponible en toda América Latina de manera sistemática, para que pueda ser replicada en todas las comunidades marcadas por la escasez, miseria y exclusión.

***

(1) Hamilton Rocha es sociólogo, investigador en bancos comunitarios y ha colaborado con el Banco Comunitario União Sampaio de la Unión Popular de Mujeres. Participa de la coordinación de la Red Paulista de Bancos Comunitarios y promueve la creación de bancos comunitarios, realizando seminarios y conferencias sobre el tema.

(2) Fernando Bretas es administrador especialista en Gestión Estratégica Pública y Privada, desarrolló trabajos de Economía Solidaria y microcrédito en Bancos Públicos en las décadas de 1990 y 2000. En los últimos años ha trabajado en la movilización comunitaria en torno a proyectos de autonomía local y organización social y política.

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3 comentarios

Angel 7 julio 2022 - 10:58 AM
Genial
Manuel Figueredo 7 julio 2022 - 12:33 PM
Esto me recuerda el cuento del cómico el Bacán sobre la bolsa de valores de Chipre, cuando decía: Allá en Chipre bajó la bolsa de valores, si bajó es porque alguna vez estuvo arriba, pero nosotros no tenemos bolsa y la que teníamos Carlos Lage nos la quitó. Se refiere a una bolsita de comida. Nosotros tenemos bancos comunitarios y de los buenos esos que abundan en los parques y nos sentamos a contar nuestra moneda internacional que es la MLC que cada día extorsiona y humilla más al Cubano. Chipre, ni Chipre ni Chipre...Que me hablen de Mayabeque, de Guantánamo, de Palma Soriano, de nuestros problemas, de como vamos a salir del hoyo donde estamos y no vemos la hora de salir de el. Chipre ni Chipre...
Jose 7 julio 2022 - 9:40 PM
Interesante experiencia. Jejeje no me imagino extendiéndola a Cuba donde el gobierno tiene monopolio de todo. Por cierto, los bancos privados (Bradesco, Itaú, Santander,...) fueron muy felices en los 14 años de la gobiernos "populares" de Lula y Dilma que les permitieron esos intereses vergonzosos sobre préstamos, etc, etc.

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