La otra acera del Malecón

Sin el bullicio de siempre parecía muerto. Tenía la imagen de un corazón infartado. Y comparar aquel espacio de concreto rugoso y bañado del salitre con uno de los órganos vitales del cuerpo no resulta una exageración. Para La Habana, el Malecón cumple la misma función, solo que por estos días falta su gente, y se ha afectado hasta terminar pareciendo, a ratos, un lugar fantasmal.

Toda gran urbe tiene sus sitios distintivos por los que se la identifica en el mundo. En París, la Torre Eiffel; en Madrid, la Puerta del Sol; en Río de Janeiro, el Cristo Redentor; en La Habana pudiera ser su Malecón. Solo que últimamente algo ha cambiado.

***

A finales de 2019, los titulares de los grandes medios se referían al surgimiento de una nueva enfermedad respiratoria de origen viral en la ciudad china de Wuhan. Por su elevado nivel de contagio, la neumonía causada por el virus SARS-CoV-2 se propagó de forma desordenada por toda la región y, en poco tiempo, por el mundo. Era una emergencia sanitaria global. Nos enfrentábamos a una pandemia. 

En Cuba, el primer caso de COVID-19 fue reportado el 11 de marzo del 2020. No tardaron en establecerse medidas de distanciamiento social para reducir la transmisión del virus pero, como en todo el planeta, el número de casos aumentó. Se paralizaron escuelas, centros de trabajo y el transporte público; por períodos se decretó el confinamiento domiciliario.

Sin tiempo de reacción, se nos detenía la vida como la conocíamos. Para otros, significó algo más.

***

Mendaro Gregory transmite una sensación de juventud como pocos a su edad. No parece llevar sobre la espalda setenta años bien vividos. Quizás sea por las dotes de actor, o por su propia figura; tal vez, la forma de vestir, su estilo personal, o ese arete que le otorga un swing de bailarín caribeño.

En su apartamento del Vedado habanero retumba la potente proyección de su voz, recordada por miembros de las recientes generaciones en la serie radial infantil Tía Tata cuenta cuentos. Su rostro fue familiar en programas televisivos de Aventuras y Telenovelas; algunas, como El viejo espigón, Sin perder la ternura y Tierra o sangre, rememoradas por los que pasan de cuarenta años. En la trayectoria de este artista cubano destacan, entre otras condecoraciones, la Medalla Raúl Gómez García y el Premio Actuar 2019 por la Obra de la Vida.

A la derecha, Mendaro Gregory interpretando un personaje en la televisión.

Pero, a pesar de su apariencia, Mendaro es un hombre enfermo. En 1969 una comisión médica le diagnosticó Psicopatía Afectiva. Padece de diabetes, hipertensión e insuficiencia respiratoria. En estos tiempos de COVID-19, aun sin padecerla, la enfermedad ha afectado su vida en demasía.

Estuve encerrado durante meses. No podía salir al pasillo. Encontré mi zona de confort en casa. Era la forma de escapar al virus. Sé que tengo mis problemas de fobia. Bajé cuarenta y cinco libras. Llegó un momento en el que no podía más por las taquicardias de la hipertensión, así que escribí una carta al correo electrónico de la Presidencia solicitando ayuda. Recibí atención por parte de la Dirección de Salud del municipio Plaza de la Revolución. Me trajeron medicinas, fui atendido por el médico de la familia. Aun así, no recibí la atención por ser vulnerable.

Poco tiempo después solicitó la ayuda de un psicólogo. El especialista le recomendó caminar como forma de ejercicio físico.

El ejercicio me ayuda a controlar la psiquis. Me incorporé a caminar. Lo hacía en el Malecón. Con casi dos años de pandemia, las personas —hasta niños y jóvenes— que vivimos cerca, deberíamos poder salir a caminar, sin acercarnos, manteniendo el distanciamiento social. Es una forma de combatir el estrés.

Mendaro Gregory había desarrollado una fobia al contacto interpersonal por su temor a la COVID-19.

Sin embargo, con el aumento de la propagación del coronavirus en La Habana, las autoridades imposibilitaron la circulación peatonal por el Malecón. El testimonio de Mendaro Gregory ayuda a entender las implicaciones del asunto:

Escuché que podías caminar pero no hacer estancia, sentarte, socializar. En ocasiones caminaba por el Malecón, pasaban las perseguidoras y no decían  nada. Como es algo que no está regulado, el problema sería crear un precedente. Si en el periódico se explicara que no se puede caminar por el Malecón, igual que se dice que no se van a abrir las playas, no camino por ahí. Pero no se menciona nada.

La policía no está para establecer las disposiciones, sino para hacerlas cumplir. Eso no está establecido, de lo contrario la policía me tiene que decir que se prohíbe por la disposición tal, no importa si es ley, decreto o una disposición ministerial, o lo que sea. Pero me tienes que decir basado en qué; no en que me lo diga un policía, porque si es así, le estamos dando el derecho a la policía a poner leyes en este país, y ya tenemos bastantes problemas para que también la policía pueda poner las leyes.

El 11 de julio vi que en G estaba parqueada una patrulla. Me acerqué para dialogar. Uno de ellos, el jefe de la patrulla, me dijo que sabía lo que yo le decía, que no estaba establecido, que no había salido en el periódico, que no lo habían dicho, pero… “—Si no lo hacemos, nos dan con el cinto”.

Al otro día caminaba alrededor de las siete de la mañana. En J y 9 estaba una patrulla, la número 009, con un oficial de mayor rango que lo habitual. Me acerqué a plantearle lo que había hablado antes con los otros jóvenes (patrulleros):“—Ustedes tienen que entender que si quieren disponer eso, tienen que publicarlo. Yo no tengo por qué obedecer lo que me diga la policía si no hay constancia de que esté reglamentado. Si me dicen que cruce, lo hago, pero al otro día quizás transite por el mismo lugar”. El oficial llegó a la conclusión de que tenía razón.

El pasado martes regresaba del túnel de Línea por la senda del Malecón, necesitaba caminar de frente al tráfico. Están muy malas las aceras. Con setenta años puedo caerme. Me topé con la primera perseguidora, con la que había hablado antes. Al ver que eran ellos me reí, pues me resultaba curiosa la casualidad, no por ofender. Me mandaron a cruzar para la otra acera, crucé.

Pero necesitaba transitar frente al tráfico y retomé la senda. Me puse tan fatal que me topé con la misma patrulla. Me ordenaron cruzar y uno de ellos dijo que sería conducido a la estación. Fui esposado. Llamaron a la planta (operador de patrullas). Cuando íbamos subiendo por G, les informaron que a nuestra ubicación se dirigiría otra perseguidora con un oficial. Se acercó y preguntó mi edad, ordenó esposarme por delante. Le planteé que si no existía una norma, o si no era publicada la orden de cierre de circulación peatonal, volvería a circular por el Malecón.

—Mañana volveré a caminar por acá. Si me mandan a cruzar, lo haré, pero usted es policía, no tiene derecho a poner una norma. Esta es la forma en que le tendrá que volver a decir a su jefe que eso está mal, o indicar que lo publiquen en la prensa. Es pacíficamente, volviendo a caminar, que uso mi derecho.

El oficial explicó que si permitían la circulación, se aglomerarían personas. Al final, me retiraron las esposas. Es que no lo pueden justificar. Los ciudadanos tenemos que exigir nuestro derecho.

Patrulla policial de guardia frente al Malecón, en la zona del Vedado.

La ruta de la burocracia

La divulgación en medios oficiales de las medidas restrictivas ha sido casi inexistente. El área en cuestión se extiende por los municipios Habana Vieja, Centro Habana y Plaza de la Revolución y consta de ocho kilómetros.

4 de agosto: Se visitó la sede del Gobierno Provincial de La Habana. En el departamento de Atención a la Población, una de sus funcionarias alegó desconocer la existencia de documentación sobre el asunto y remitió a la sede del Gobierno de Habana Vieja.

5 de agosto: Mientras se producía la polémica caravana de bicicletas desde La Chorrera hasta el Parque 13 de Marzo, organizada por la UJC, se acudió al Gobierno Municipal de Habana Vieja. En esa sede, luego de solicitar al periodista sus datos personales, el Secretario de la Asamblea se negó a conceder una información que debería ser de carácter público; además,  alegó que la misma pudiera ser obtenida en la sede del Gobierno Provincial ya visitada. La funcionaria antes entrevistada volvió a manifestar desconocimiento.

1:53 p.m: En la estación de policía de Habana Vieja, ubicada en Cuba entre Tacón y Chacón, el oficial de guardia informó que hasta la fecha, en ese municipio se permitía la circulación de peatones en la zona de la bahía.

4:10 p.m: Se visitó la estación de policía del municipio Centro Habana, ubicada en Dragones entre Lealtad y Escobar. Después de consultar con su superior, el oficial de guardia indicó que no existía restricción de movilidad peatonal en la zona que comprende desde Malecón y Prado hasta las inmediaciones del Hospital Hermanos Ameijeiras. 

***

Viernes, 20 de agosto de 2021. Malecón.

Me provoca una sensación extraña caminar más de un kilómetro por un sitio en el que no debía estar, solo para forzar el encuentro con algo que siempre había evitado. A esa misma hora, casi todos los días, pasan dos, tres o más; pero justo aquel día ninguna patrulla aparecía. Es surrealista pretender ser requerido por la policía, pero aquel viernes lo necesitaba.

Justo en las afueras del Hospital Clínico Quirúrgico «Hermanos Ameijeiras», en el populoso municipio Centro Habana, muy cerca del barrio Vedado, perteneciente a Plaza de la Revolución, se produjo el primer contacto con oficiales de la PNR. Una pareja que custodiaba los alrededores del Monumento a Antonio Maceo.

El peligroso trayecto de un corredor por la vía del Malecón habanero.

El oficial, cuya placa era 26436, repetía con amabilidad las palabras que tanto ha dicho en el ejercicio de su trabajo: no se puede. Ante cada una de las preguntas incisivas se refugiaba en el suelo o en un punto cercano al mar y, a la vez, tan lejano de mí, de todo. Su compañero permanecía inmutable a varios metros de distancia. Eran oficiales de la unidad de la PNR de Centro Habana, pero de ellos no obtendría las respuestas que buscaba.

A menos de treinta y cinco metros se acercaba una patrulla. Eran dos muchachos menores de treinta años: uno negro, flaco, medio perezoso, al que le costó muchísimo pararse del asiento secundario; el jefe, bajito, inmediatamente después de que me presentara, pidió el carnet de identidad y anotó mi nombre en una libreta donde figuraban otros seis. Llamó entonces a la base para verificar mis antecedentes. Mientras les preguntaba, no recibía respuestas. Solo repetían que había que revisar. Si hubiera tenido antecedentes, ¿me conducirían solo por preguntar? Aún no lo entiendo.

Tras la inspección, el segundo oficial del carro 537 B de Patrulla Provincial, indicaba que ese era el procedimiento.«¿Absurdo, no crees?», indiqué. Silencio. Para él era más útil esperar a que su compañero interrumpiera para informar que «aquella era una orden dada, pero que no la dominaba». Más de lo mismo. Gracias.

El otro lado

María Antonia dice correr cinco kilómetros todas las tardes y yo le creo. No detalla la edad pero estimo que esté sobre los cincuenta. Viste una licra oscura muy ajustada al cuerpo y una blusa corta que deja al aire la musculatura que ha logrado con los años; en los tobillos ajusta un par de cintas elásticas que le ayudan a evitar nuevas lesiones. Hace unos meses sufrió una fuerte caída mientras corría que le ocasionó un esguince grado dos y afectó sus ligamentos; ahora se recupera.

«Iba corriendo cerca de la embajada de Estados Unidos. En esa zona te mandan a cruzar para la acera del Malecón, pero inmediatamente tienes que regresar. Cuando volvía, se acercaba un auto y tuve que apretar el paso. Choqué con el contén y le metí el pie a un desagüe. Me torcí el tobillo y me lesioné».

Para ella, eso se podía haber evitado si pudieran correr, como antes, por el Malecón.

Entiendo en parte que por la situación epidemiológica no se permita hacer estancia, pero, por ejemplo, hace menos de un mes, en el acto que hicieron en la Piragua, eso se llenó de gente. Hace unos días organizaron una caravana. Entonces, creo que correr o caminar en el Malecón no es un peligro real para la población si se toman las medidas.

Mendaro Gregory considera, además, que el estado de la acera alterna no es el mejor para practicar ejercicios físicos, de ahí que muchos corredores prefieran optar por los bordes de la calle.

El exceso de velocidad de los automóviles, el consumo de bebidas alcohólicas o desperfectos técnicos, pueden propiciar accidentes de tránsito que pongan en riesgo la salud de los corredores. 

Distintas realidades

Mientras se imposibilita la circulación de personas por el Malecón habanero en nombre de las medidas sanitarias para enfrentar la COVID-19, en otras áreas de la capital se producen aglomeraciones en espacios públicos y se viola el distanciamiento físico. Las cubanas y cubanos han sufrido en el último año y medio no solo la presencia de la enfermedad en el país, sino la caótica situación originada por el desabastecimiento de alimentos, medicamentos y productos de primera necesidad.

Menores de edad juegan en el Paseo del Prado sin cumplir las medidas sanitarias.

En reiteradas ocasiones, la OMS y especialistas de la Isla han convocado a la práctica de ejercicios para mantener la salud física y mental. El Malecón habanero es un espacio con las condiciones para realizar esta actividad. Velar por el cumplimiento de las medidas de distanciamiento social debe recaer en las autoridades locales, pero resulta inconcebible que sea el Malecón un área con prohibiciones que no se aplican en otras zonas de la capital.

Mucho menos admisible es que las referidas reglamentaciones no sean publicadas y de conocimiento oficial mediante la prensa o las respuestas de funcionarios gubernamentales y policiales. La ciudadanía requiere conocimiento exacto del estatus legal de esas medidas. Es necesario devolverle a La Habana un poco de vida en su Malecón.

Textos relacionados

Inicia proyecto sobre desigualdad, pobreza y sectores vulnerables

Laptopsa

Asalto a la seguridad

23 comentarios

Manuel* 4 septiembre 2021 - 6:33 AM
Es desmedido esposar a alguien solo por pasear. Es muy humillante. Con una multa debería llegar.
Esteban 4 septiembre 2021 - 8:08 AM
Hablamos de una dictadura, Manuel*, donde la gente del es tratada como esclavos en un barracón por el amo, mayorales y contra-mayorales a su servicio. Y al que no le guste que se convierta en cimarrón a riesgo de ser cazado como un animal y llevado al cepo para que la dotación se amedrente y obedezca sin chistar.
Esteban 4 septiembre 2021 - 8:17 AM
La única solución es salir de lo que Martí llamó, citando a Herbert Spencer, "La Futura Esclavitud" refiriéndose al socialismo. Hasta que no lo logremos nos va a tocar aguantar todo tipo de atropellos, palazos, tiros, cárcel o emigrar.
Manuel* 4 septiembre 2021 - 12:26 PM
Esteban, lo cuento porque a base de costumbre alguien podría pensar que hasta es normal. Para que quien lo lea se dé cuenta de que no es normal. Tampoco es normal detener a alguien sin que sepan nada los familiares durante una semana. Ni encarcelar a alguien durante semanas sin disponer de abogado defensor. Ni dictar una pena de un año de prisión a los seis días del delito. Hay que empezar a ver esas cosas como rarezas que deben desaparecer.
Esteban 4 septiembre 2021 - 12:48 PM
En una dictadura eso es normal, Manuel*, tan normal como tomarse un vaso de agua. Es por eso que en vez de centrarnos en denuncias puntuales lo mejor es abogar por un cambio del sistema político y del modelo económico. Las anécdotas las conoce todo el mundo hasta la saciedad. Dentro y fuera de Cuba. Lo primero va primero, y lo primero es quitarnos de encima la sarna del comunismo. Saludos.
Manuel* 4 septiembre 2021 - 4:21 PM
Esteban, pienso que es mejor hacer denuncias puntuales. Las acusaciones genéricas de "dictadura" no sirven para convencer a quien piensa que no hay dictadura. Opinarán que igual pasa en todo el mundo y que en el caso de Cuba miramos con lupa. Dirán que la violencia policial en Cuba es mucho menor que en otros sitios. Ven el caso de George Floyd pero no ven la condena a 22 años y medio de Derek Chauvin. Por eso es tan importante mostrar los abusos cotidianos y los que no son tan cotidianos. Por eso hay que exigir una investigación por la muerte de Diubis Laurencio Tejeda. Porque no es normal que un manifestante muera por un tiro por la espalda.
Esteban 4 septiembre 2021 - 10:35 PM
No dije que había que dejar de denunciar, si no que el esfuerzo principal no debe ir en la dirección de las denuncias y lo anecdótico. Si el cubano de a pie sufre de atropellos y vejaciones, miseria generalizada y falta de esperanzas es gracias al sistema/modelo impuesto en Cuba. Si salimos de ese Frankenstein tendremos una parte importante del camino recorrido.
nelsonrodrigueztriana 5 septiembre 2021 - 10:29 AM
No me hagan caso pero oí decir que para visitar el malecon solo lo podrán disfrutar los que vivan frente a el y será en la parte del municipio al cual pertenezcas. También será verificado por el número de la libreta de abastecimientos teniendo en cuenta el núcleo familiar y el día que te corresponda. También verificarán tu filiación politica así como a las organizaciones a las que pertenezcas. Decreto ley # 55555555
ManuelFigueredo 4 septiembre 2021 - 1:05 PM
Mi comentario de la mañana no ha sido publicado,al parecer tiene contenido subversivo. Pido mis disculpas, a veces me olvido del 35 que lo prohíbe.
Taran 4 septiembre 2021 - 3:41 PM
ManuelFigueredo si hay algo que puedo decir de este blog es que creo nunca me han dejado de publicar un comentario, y si conmigo es asi me atrevo a asegurar que es mas probable que su comentario no llegara por mala conexion.
Alejandro 1 4 septiembre 2021 - 8:31 AM
Una imagen dice más que mil palabras. A mí me bastó con ver los detalles de las fotos del malecón y las aceras. Qué simbólica forma de representar el país entero. Destrucción completa de cuerpo y alma, pero eso sí, todos los recursos que sean necesarios para garantizar la represión. Rebelión en La Granja, 1984, La Gran Estafa; todos se quedaron cortos con lo que más tarde le vendría encima al caimán del Caribe. Y pues, bueno, ya sabemos a quién hay que "agradecer" por todo esos avances "logrados" a lo largo de más de medio siglo de cuentos, engaños y chantajes. No nos podemos quejar, porque como siempre se ha dicho, los pueblos tienen lo que se merecen, así que..........................Gracias a QTS.
Manuel Figueredo 4 septiembre 2021 - 9:47 AM
Estimado José Leandro Garbey Castillo,lo compadezco,pero lo suyo no tiene esclusividad,eso que usted vivió,lo viven miles y miles de Cubanos cada día de su existencia. Recuerde que una dictadura para subsistir tiene que emplear esos métodos. No se preocupe y despojese del miedo, que el día menos pensado, volverá a repicar la Campana de La Demajagua llamando a sus nuevos esclavos a luchar por su libertad. La libertad se arranca y no se mendiga. ! Libertad para los presos políticos del régimen Castrista-Canelista. ! Patria y Vida.
eduardo carmelo cusidor 4 septiembre 2021 - 10:21 AM
Sobre esposados y otras calamidades y no tiene nada que ver con Malecón, sino con la Génesis, que solo forma parte de la continuidad y lo que somos para ellos los dueños de esta finca y que al decir de Esteban con muchísima razón y propiedad: la gente del es tratada como esclavos en un barracón por el amo, mayorales y contra-mayorales a su servicio. Gracias José Alejandro por este articulo documental de hechos de la vida real, y sobre todo cuanto es necesario a Cuba además de Malecón, el respeto por las personas, publico y pueblo, el respeto a sus derechos y respeto a su integridad humana. Tengo una anécdota de la vida real pues de tan real me ocurrió a mi. Corrían los primeros años de este periodo especial, empezado en los 90, a mi entender estará por terminar algún día pero vivimos ese mismo proceso con algunas subidas y peores bajadas desde entonces. Pues uno de mis hijos tenia un arado en los pies y era un clásico destructor de calzado. Hacemos nuestra tómbola en casa, inventamos y reunimos pidiendo aquí y allá por fin 5 dólares, suficientes para comprar aquellos tenis de telita que la gente les puso el mote de chupameao. Parto en mi forever china para la Habana, Centro Habana y dejo mi vehículo de transporte en el apto de mi abuela y marcho a buscar a un señor amistad mía que se estaba jubilando pero aun estaba en contacto con lo que se sacaba en las tiendas alrededor de su trabajo. A él le pregunto por los tenis de marras y me dice en la peletería de reina y Galiano. Le cuento lo de mi hijo y me dice vamos para allá te acompaño. Llegados al lugar marco en la cola, pero es una cola tumultuaria y como siempre la gente uno arriba de otro, así que para evitar susto saco la billetera y extraigo los 5 dólares para ponerlo a resguardo en un minibolsillo que había en la derecha del pantalón. Entonces escucho una pregunta sobre como está el dólar que pienso que es hecha por mi amigo y le respondo pues creo que a tanto le dije. Fue espectacular. El susto me borró todo en mi memoria. En ese instante se produjo un vacío a mi alrededor y no se que decir porque aun no puedo explicar lo que estaba ocurriendo, de pronto me me vi esposado como si fuera eso: un delincuente. Primero la voz de mi amigo preguntando algo como que el ha hecho y la gente preguntando y yo aun mas nervioso. entonces ese nerviosismo lo paso a una actitud de molestia: porque estaba esposado y alguien me dijo, lo estamos conduciendo y me apretó aun mas las esposas. en ese momento pasaron mas cosas pero realmente no entendía nada. Fui trasladado a pie por todo Galiano hasta Dragones y de ahí por todo Dragones hasta la unidad de Zanja. No sabia donde meter mis ojos de la vergüenza. Casi llegando a la unidad le dije a los policías de civil que me conducían que no iba a escapar pero que por favor me aflojaran las esposas porque me dolía, realmente me marcaron en mi piel. Uno de ellos miró y si la aflojo aunque no quito hasta llegar a dicha unidad. Allí me sentaron junto con otros detenidos durante un buen rato, una hora, tal vez mas. entre murmullos me enteré que había caído en manos de Matanzas, un personaje al parecer. Lo cual por suerte no trascendió dado quien era este señor por historias posteriores. Al rato me conducen a una oficina y me dicen que estaba traficando con dólares. Le hago la historia de los tenis y le señalo que esos dólares son los únicos que tengo y es para eso: unos tenis para mi hijo. Ellos comprobaron. Tuve que quitarme hasta los zapatos, vaciar mis bolsillos, pero no había mas nada porque no tenia mas nada, en realidad en casa no había ni donde amarrar la chiva, así que bastante era aspirar a comprar un par de tenis. Ni un solo dólar adicional. Menudo para alguna ocasión de ponche de mi bicicleta y ya. Muy bravos me levantaron un acta de advertencia, gracioso eh, y me liberaron. ni una palabra mas: estaba advertido. En las afueras de la unidad esperaba ese señor amigo mío tan preocupado o mas preocupado que yo. Ah me devolvieron los 5 usd...., gracias y al fin compré los dichosos tenis. Conclusiones, el mero hecho de esposar a alguien paseando por el Malecón no es sino otra demostración mas de lo poco que pesan los derechos de los cubanos ante la Gran Jauría encabezada por sus "revolucionarios y su vanguardia comunista". Ellos cuentan sus historias a su modo y te tratan como lo que somos para ellos. Se puede pasar la página pero no olvidar.
ManuelFigueredo 4 septiembre 2021 - 4:11 PM
La palabra MALECONAZO está admitida por la Real Academia de la Lengua Española ?
Ernesto Daranas 4 septiembre 2021 - 10:42 AM
De acuerdo. Correr o caminar por el Malecón, además de una necesidad espiritual y física del habanero, resulta razonablemente seguro en estos tiempos de pandemia. Ver la acera del muro desierta custodiada por la policía ofrece un espectáculo desconcertante. ¿Cuál es el gran peligro de caminar o correr frente al mar? ¿Es necesario actuar de esa manera para establecer una autoridad que nunca lo será realmente hasta tanto no consiga ser útil, justa y civilizada?
ManuelFigueredo 4 septiembre 2021 - 4:04 PM
Taran Que nos haríamos sin usted. Un saludo.
Sanson 4 septiembre 2021 - 11:00 AM
Saben cuantos cubanos desearian que se terminara ese regimen autoritario, totalitario, injusto e ilegal?. Millones.
Who 180 4 septiembre 2021 - 11:49 AM
Yo lo hago 5 veces a la semana: De G hasta malecón , de ahí busco paseo y de paseo hasta la plaza . No lo hago cuando llego a malecón por el lado del muro si no por el otro desde hace más de 5 años y una parada de 2 meses en lo álgido de la COVID ( cuando todo el mundo estaba preocupado) lo sigo haciendo ahora y nadie me a preguntado nada y pasan por mi lado patrullas constantemente. Parece que he tenido suerte.
Al Rojas 4 septiembre 2021 - 12:46 PM
vamos q inocencia el Malecón esta vedado por cuestiones de "seguridad, evitar una manifestación o q se haga un sitio simbólico no los deja dormir, ridículo, cuando regrese el turismo q van a hacer? el 11 j marca un hito ya nada es igual, al pueblo es al q le toca torcer el cuello a la dictadura.
Juan Escandell Ramirez 4 septiembre 2021 - 1:40 PM
Saludos a todos los foristas que creo todos y cuando digo todos incluyo a Taran, Narciso y un charro que a veces comenta. Estas prohibiciones que incluya el Capitolio aquella acera en que tantos hace muchos años nos fotografiábamos para dejar constancia que habíamos visitado la capital.,nada que el Socialismo no solo prohibe el Ser sino también el Estar. Patria y Vida
Juan Escandell Ramirez 4 septiembre 2021 - 2:50 PM
Olvide lo más presente un saludo y abrazo para Mengaro Gregory al cual disfrute de sus actuaciones.
Nilda Bouzo 6 septiembre 2021 - 5:23 AM
Es ridículo lo que ocurre en el malecon, además que es el lugar donde más espacio hay para que puedan caminar o correr personas sin peligro de contagio, cumpliendo las medidas sanitarias... bueno pars tomar sol y respirar aire puro si no ocurren concentraciones. Si no existe un decreto, es una mala voluntad de la policía, un capricho... como decimos los cubanos: un libretazo injustificafo.
Franko 6 septiembre 2021 - 10:46 PM
Todos carecemos de conocimientos básicos a la hora de exigir nuestros derechos (que no los conocemos) como ciudadanos ante un oficial de la policía. De esto se debería hablar mucho mas en tono educativo y serio. No puedo dejar de señalar algo que también me generó incomodidad en este artículo: La descripción un poco racista (a mi modo de ver y puedo estar equivocado) del oficial “negro, flaco, medio perezoso” e inmediatamente debo entoces asumir que el otro oficial descrito como “el jefe, bajito” no es negro? No hubiera sido mejor describirlo como “flaco, medio perezoso”? Saludos.

Los comentarios están cerrados.

Agregar comentario