Celia Cruz y la pupila sesgada

Foto: BitchMedia

por Giordan Rodríguez Milanés

El 4 de octubre de 2009, el día que murió Mercedes Sosa, los realizadores de Radio Granma nos encontramos ante un extraño dilema. La prensa escrita daba la noticia, pero en las fonotecas o departamento de música de cada emisora territorial del país, había una lista con artistas cuya difusión estaba prohibida o limitada, y en esta aparecía la cantante argentina.

No sabíamos los motivos. En realidad, los motivos nunca fueron importantes. A veces el director de la emisora recibía una llamada telefónica: «Pablo Milanés se puso a hablar mal de la Revolución y se ha decidido limitar su difusión», como sucedió cuando la controversia pública entre éste y Silvio Rodríguez. Por suerte, en aquella ocasión se impuso la cordura, y unas horas después llamó Juan Salvador Guevara -entonces vicepresidente de la Unión Nacional de Escritos y Artistas de Cuba (UNEAC) en Granma- y nos explicó que la supuesta limitación del bayamés había sido un libretazo de alguien, que el propio Abel Prieto lo había aclarado.

Cuando se estrenó el disco Catalejo de Buena Fé, el entonces director de Radio Granma y yo participamos en un evento de emisoras de municipios con litoral en Caibarién. Soplaban otros aires aparentemente renovadores. A varios radialistas les pareció «un disco muy fuerte» y se suscitó un debate informal y ameno, en el cual algunos abordamos la inconsistencia cultural de las prohibiciones y limitaciones, a lo que Guillermo Pavón -que recientemente había recibido la vicepresidencia para la radiodifusión en el Instituto Cubano de Radio y Televisión- respondió: «Se está estudiando, se está estudiando».

El poeta, investigador y editor Julio Sánchez Chang, de quien fui secretario ejecutivo en el Comité Municipal de la UNEAC en Manzanillo, unos meses antes de morir me contó que en una reunión de esa organización en Camagüey, un artista preguntó por el listado de  prohibidos y limitados en la Radio Cubana, y el representante del ICRT respondió: «Yo no sé de qué lista se habla aquí. La política de la Revolución nunca ha sido excluir a nadie». Entonces el realizador, calladito, aparentemente conforme, fue hasta Radio Agramonte, arrancó la lista y la llevó para la reunión.

Unos meses después de esa reunión en Camagüey, el ICRT circuló un email explicando que todas las listas anteriores eran inválidas. Algunos realizadores, los menos, como Orestes Ernesto Remón en Radio Granma, comenzaron a incluir a Celia Cruz en sus producciones musicales lo mismo que a Annia Linares, Mirtha Medina, Oscar de León, Rubén Blades, Maggie Carlés, y otros.

Aun así, a finales del 2012, otro director general de Radio Granma me llevó a un análisis en el Consejo de Dirección porque había radiado la canción Miedos, por Buena Fé y Los Aldeanos y el «Lucha tu yuca, Taíno» de Ray Fernández. En el canal territorial manzanillero Golfovisión¸ hace dos años hubo un conato de intento de sanciones, y le quitaron la estimulación a una asesora  porque en un material de apoyo de un programa se fue un plano de la película Yo Soy del Son a la Salsa, de Rigoberto López, coproducida por el ICAIC,  donde salía Celia Cruz.

La pregunta es ¿Por qué ahora aparece Celia Cruz en el programa de TV La Pupila Asombrada?

Por lo mismo que se eliminó la lista de censurados, al parecer. Para que no tengan razón los que nos acusan de totalitarios, de autoritarios. Es en Miami y no en Cuba donde se rompen en público discos de artistas por actuar en La Habana, ciber-acosan a Laura Pausini por cantar con el Presidente Díaz-Canel entre el público, realizan una campaña para boicotear las presentaciones de Buena Fé en los Estados Unidos y demonizan a Israel Rojas.

Tampoco es el gobierno cubano el que aplica una ley que impide a los mejores artistas cubanos que han decidido vivir en la isla, se promocionen en los circuitos trasnacionales o firmen con las disqueras estadounidenses, o que Juan Formell y los Van Van vayan a recibir un premio Grammy. Todo eso es verdad. Pero hay un detalle: nosotros no somos el gobierno americano, nuestro gobierno no es el imperialista. Nuestros políticos hablan de la forja de un mundo mejor y la conquista de toda la justicia. Aquí se dice que «Revolución es no mentir jamás ni violar principios éticos».

De tal modo, en aras de no violar principios éticos, si vas a incluir a Celia Cruz en un programa de televisión con un marcado matiz ideo-político como La Pupila Asombrada, lo honrado sería contarlo todo, no sólo que la cantante odiaba la Revolución Cubana –como es cierto-, sino también que estuvimos 50 años equivocándonos en el tratamiento que nuestros medios le daban a cualquier artista que decidiera emigrar a Estados Unidos, o que no estuviera de acuerdo con la política de la Revolución. O aquellos que, sin ser cubanos, hicieran alguna crítica pública a la Revolución o a algunos de sus líderes.

Equivocados al punto de que en el Teatro Manzanillo hay pinturas de grandes personalidades que pisaron su escenario, desde Carlos Manuel de Céspedes hasta Rosita Fornés, pero falta Ernesto Lecuona. Falta Lecuona porque lo mandaron a quitar y lo sustituyeron por Capablanca, que estuvo en Manzanillo pero jamás en el teatro. Según nos informaron, el pianista y compositor de Guanabacoa había dicho que mientras Fidel gobernara no quería que sus restos reposaran en Cuba. ¿Cómo iba a aparecer un cuadro de él en un lugar que, se pensaba durante aquel 2002, podría reinaugurar Fidel?

Es ese tipo de mentalidad la que deberíamos proponernos cambiar por nuestro propio bien como nación. Como he dicho antes: no se vence con más exclusión y aislamiento, cuando es exclusión y aislamiento lo que nos quieren imponer. No se vence el odio con el odio. No se vence la intención de dividirnos a los cubanos, con más divisiones. Y no se vencen los sesgos y la manipulación burda que se hace de la historia cultural de este país, con más sesgos y más manipulación burda. Se vence uniendo fuerzas y con la verdad en la mano.