Cómo se fabrican los ataques a LJC

Foto: ECE Connection

El autor de este texto pidió publicar sin su nombre por razones que le serán obvias al lector, a continuación respetamos su voluntad y compartimos esta denuncia con nuestros lectores.

Escribo esto a propósito de la campaña contra La Joven Cuba. Fui profesor universitario de Historia de Cuba en mi querido país, ya hace un año que no vivo allá y trato de mantenerme al tanto de cuanto ocurre. Considero a LJC una publicación seria y democrática. He leído artículos que comparto y otros con los que estoy en desacuerdo. Y quiero decirles que desde hace varios años en las universidades cubanas se orientó a los profesores de los departamentos de Marxismo e Historia leer sus artículos y publicar críticas a ustedes, porque les consideran subversivos.

Quiero decirles que yo no sabía que existía una publicación que se nombrara La Joven Cuba. Fue así que los conocí y comencé a leerlo y no veía nada de subversión político-ideológica como afirmó mi Jefe de Departamento. Él también expresó que la publicación era realizada por jóvenes universitarios de Matanzas, y aún más me picó la curiosidad de ver cuál era el contenido.

Recordé los tiempos de mi juventud cuando se prohibía la música rock, a José Feliciano, Roberto Carlos, Rafael, Julio Iglesias… y todos oíamos lo que se prohibía, muchas veces desde la Glorieta del parque de nuestro pueblo. También hacíamos lecturas de literatura considerada nociva, porque lo prohibido es lo que más nos llama la atención. Resumiendo, la campaña  contra LJC en el momento que le conté no prendió, al menos en la universidad donde trabajaba, incluso algunos profesores comentaban en voz baja a partir de que conocieron su publicación, que mucha verdad era escrita por ustedes.

La campaña contra LJC fue dirigida desde la Dirección Nacional de Marxismo-Leninismo en combinación con el Ministerio del Interior.

Esto ocurre debido a que aparecieron artículos en su web sobre la posibilidad de una Tercera Vía. Pero algunos profesores conocían su publicación y a escondidas se las pasaban. Que yo sepa nadie desde mi departamento dedicó esfuerzos a debatir sobre esto, pero ya se había constituido un grupo de profesores en todos los departamentos de Marxismo en Cuba para rebatir lo que salía en publicaciones como la de ustedes. Y LJC molestaba.

Se nos encargaba discutir con profesores e intelectuales cubanos, pero no se podía decir que quien escribiera lo hacía a título del departamento o de la universidad. Era con una mentalidad de contingente de la construcción, si alguien opinaba algo, ahí mismo se daba una reunión donde se decía qué se debía decir y se enviaba copia al jefe de departamento.

Incluso se hizo críticas a libros que eran publicados en Cuba. Es triste lo que digo. También muchas veces quien hacía estas respuestas no tenía la preparación adecuada. La persecución en aquellos momentos a LJC parece que fue algo pasajero, pues solo se habló en dos ocasiones del tema.