El caballo más veloz

Por: Mario Valdés Navia

La urgente dolarización parcial de la economía cubana se ha presentado como un imponderable ante la crisis de la covid-19, pero su sesgo anacrónico y contraproducente salta a la vista. En momentos en que la unificación monetaria y cambiaria y las reformas al aparato productivo están al orden del día –“eran para ayer”, diría mi abuelo− volver a hurgar en los bolsillos de la emigración cubana y los tenedores de dólares ($) de la Isla para nutrir las arcas exhaustas del Estado, parece un deja vú de pesadilla a los que peinamos canas.

Primero, porque es un cambio en la esfera de la circulación monetaria que, tras la cosecha de los $ soterrados en la Isla, dependerá de la voluntad de ayuda familiar de los emigrados, factor del que no puede hacerse depender la estabilidad del mercado interno. Por demás, la tarea no se les presenta fácil a los emigrados, ya que si las remesas de la Western Union no pueden entregarse en $, la opción que les queda es la de sacar tarjetas AIS de FINCIMEX −empresa militar incluida en la lista de las castigadas por Trump− que no permiten a sus tenedores sacar dinero físico, solo comprar con ellas.

Por otra parte, no parece este un buen momento para apostar por la dolarización. Por algo ningún otro país lo está haciendo. La desconfianza que genera la situación económica global, en particular la de USA, hace que el precio del oro crezca sin parar y ronde lo nunca visto, casi 2000 $ la onza. Los ricos blindan sus fortunas comprando oro, plata, bienes raíces y principalmente bitcoins, el “caballo más veloz en el mercado financiero actual”, según The Keiser Report, el famoso programa especializado en finanzas internacionales de Russia Today.

La producción (minería) de criptomonedas constituye una actividad costosa y altamente especializada, que iniciara en 2009 con el bitcoin (BTC). El empleo de la tecnología de cadena de bloques (blockchains), basada en un encriptado indescifrable, ofrece seguridad absoluta a los mineros y tenedores ante posibles hackers. Tanto el montaje de un millonario laboratorio con equipos de alta velocidad y potencia para minar, como el alto consumo de energía requerido para crear nuevos paquetes de bitcoins cuestan muy caro. De ahí que los mineros busquen por el mundo lugares para instalarse donde la energía sea más barata.

A pesar de ello, en los últimos tiempos el BTC ha ganado en credibilidad y adeptos a nivel global y la difusión de su uso llega a todos los continentes. El impenetrable protocolo de seguridad que caracteriza a las criptomonedas y el valor relativamente alto y estable de un BTC (tras su ascenso vertiginoso en 2013, su precio alcanza unos $11,200 en julio 2020), la coloca en ventaja ante el dinero fiat[1] de cualquier denominación.

Cada diez minutos se emite un nuevo bloque de BTC, aumenta la dificultad de su diseño y se estimula a los inversores a comprar más. Sus derivados crecen sin cesar y atraen a nuevos inversionistas. Se estima que el 40% de los bloques actuales fueron minados en China, pero crece la actividad de los miners en USA −Montana en particular−, Australia y el norte de Europa. Empresas especializadas crean condiciones para minar en directo desde las mismas plantas productoras de energía eléctrica, donde el consumo es más barato.

El protocolo del bitcoin ha puesto patas arriba a todo el sistema financiero mundial.

Ya varios de los grandes bancos dejan a un lado sus reservas iniciales ante el posible lavado de dinero mediante el dinero digital y empiezan a comprarlo en cantidades apreciables. La compañía Visa International Service Association se adelanta a crear la primera tarjeta para comprar con bitcoins en los supermercados y acercarlos más a los consumidores.

Varios gobiernos han prohibido el empleo de las criptomonedas (Bolivia, 2014); mientras que solo un país −Venezuela, 2019− ha optado por crear una nacional: el petro, concebida para eludir las sanciones de Trump. Inicialmente parecía que ganaba en importancia, se promovió en el comercio interno y Maduro habló de pagar a los pensionistas con porciones de petro, pero su uso no cristalizó. Otros países enfrentados a EEUU, como Irán y Corea del Norte, promueven su minería y empleo. Es que las criptomonedas, dada su naturaleza colaborativa, y la imposibilidad de que sus transacciones sean gravadas por las autoridades, no se llevan bien con los gobiernos y menos con los más poderosos.

En julio de 2019, Díaz-Canel y el ministro Gil se refirieron a los estudios que se hacían en Cuba para emplear criptomonedas como herramienta de las reformas, medio de descentralizar la economía y promover que las empresas de la ZDEM obtengan MLC. No obstante, en Cuba, la minería de BTC se torna prácticamente imposible ante el atraso de los recursos de hardware y el alto costo de la electricidad.

Como el Estado/Partido/Gobierno no se ha pronunciado por ilegalizar su empleo ya ha aparecido una pequeña pero activa comunidad cubana: CubaCripto, asentada en Telegram. Está formada no solo por estudiosos e interesados, sino también por tenedores de dinero digital que trafican por las redes, compran y venden porciones de BTC en plataformas del mercado global y “especulan” con ellas tratando de obtener las pequeñas ganancias que puedan tocarle en la ruleta diaria de los sorteos.

Claro que el comprador cubano paga mucho más que si pudiera hacerlo en un portal internacional. Para comprar BTC en Cuba no hay otros medios que el trato directo entre personas, la transferencia de saldo telefónico, o la socorrida compra encargada a  familiares en el exterior. Su precio se basa en la demanda de interesados en ahorrar de manera segura y poder violar las disposiciones del bloqueo que no permiten a los cubanos de la Isla abrir cuentas en bancos de otros países.

Lo cierto es que los emprendedores cubanos han comenzado a trabajar por internet en el pequeño negocio del trending de criptomendas, o comprando y vendiendo cada vez más bienes y servicios en ellas. Por eso, no es de extrañar que, según CubaCripto, ya el monopolio ETECSA “ha comenzado a cerrar puertos de conexión hacia herramientas en el exterior que le sirven para operar con criptomonedas”.

Más que desgastarse en querer asir lo inasible, considero que el Banco Central de Cuba debiera usar el BTC como reserva de valor del peso. De seguro sería mucho más asequible y seguro para las entidades cubanas que el $. Su aprobación como medio de pago en el mercado interior daría paso a una circulación monetaria más fluida, moderna y segura… ¡Ah, y por tarjetas cubanas tipo visa!, que no serían de $ yacientes en las bóvedas, sino en bloques de datos en el ciberespacio. No obstante, habría que velar celosamente que los corruptos de alto nivel no desvíen MLC del pueblo hacia la compra de BTC que vayan a parar a sus billeteras virtuales, lo cual haría más difícil aún su posterior seguimiento y recuperación por las autoridades fiscalizadoras.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

[1] Papel moneda basado en la confianza de sus poseedores, no en su valor intrínseco. Surgió en 1971, cuando Nixon quebró los acuerdos de Bretton Woods al renunciar al respaldo en oro del $ y declarar su libre flotabilidad en el mercado de divisas.

[2] Fernando Quirós: “Afirman que trabajar por internet usando criptomonedas comienza a tomar fuerza en Cuba”, es.cointelegraph.com