Historia natural del socialismo

Foto: Matias Garabedian via Flickr

Por: A. M. Mustelier

La economía cubana está en crisis. Es una vieja sentencia, vigente, con miles de culpables y docenas de causas probables, entre otras, mala gestión de la economía, corrupción interna, centrismo, intervención del gobierno de Estados Unidos en asuntos de la isla, bloqueo económico, y una que resulta interesante, recurrente ahora en las redes sociales y la prensa: la inefectividad del socialismo como forma de gestionar un país.

Esta causa ha pasado de ser una afirmación para convertirse en un contenido semiótico, una realidad inalterable, y un argumento de peso para algunos cubanos que ven que el progreso económico se aleja más cada año. En el ideario de las redes sociales se va gestando una idea, un constructo nostálgico y edulcorado del capitalismo en la Cuba pre revolucionaria. Las imágenes de las tiendas repletas de productos y los edificios en un excelente estado constructivo son los paladines de este nuevo ideario. Hay estadísticas de crecimiento económico de la época e incluso proto ideólogos de Facebook que afirman que el capitalismo es un sistema natural, cuyos procesos automáticos pueden suplir cualquier carencia. Por eso, para traer a juicio al socialismo como sistema económico social es necesario empezar en la propia naturaleza.

La sobrepoblación de una especie animal puede ser resuelta de forma rápida sin la intervención del hombre: aumento del número de depredadores, plagas, agotamiento de las fuentes de alimentos y por ende hambruna y disminución de la especie en cuestión. Las selvas siempre serán verdes y en los mares habrá vida por los siglos de los siglos. En el mundo natural hay mecanismos de autorregulación tan eficientes como crueles. Tomando en cuenta por supuesto, que el concepto de lo cruel es una creación humana, la naturaleza es el sistema más eficiente que existe. Soporta la entropía gracias a su mecanismo de autorregulación, que consiste en priorizar la existencia de su totalidad a la de sus partes y paradójicamente usando este mecanismo las preserva.

Las formaciones económico sociales funcionan de la misma manera, así, en el esclavismo clásico se sacrificaba el bienestar de una gran parte de sus miembros en pos de la otra parte y de la existencia del sistema en sí; lo mismo sucedía en el feudalismo, una versión más refinada del esclavismo clásico que agregó nuevas formas de explotación con bases ideológicas y religiosas. No obstante, la formación que con más fidelidad imita los procesos naturales es el capitalismo. Al igual que la naturaleza el capitalismo tiene la capacidad de renovarse, corregir defectos y reinventarse a sí mismo en cualquier circunstancia. Sus mecanismos son completamente análogos a los naturales, a saber, depredación y selección natural, crisis cíclicas y guerras.

La única diferencia, o la más palpable es que ninguna de las partes que componen la naturaleza están conscientes de sí mismas, o pueden llegar a asumir conceptos abstractos como la ética. En cambio en el sistema humano todas las partes, clases y estratos sociales, culturas, subculturas y grupos etarios están conscientes de su propia existencia y tienen una relación también consciente con el resto de la sociedad. El individuo tiende entonces a resistirse a los mecanismos de autorregulación que el sistema usa para preservarse. Esta tendencia fue la que hizo, en primera instancia, que el ser humano se separara de la naturaleza y comenzara a vivir en sociedad. Al principio estos sistemas, si bien salvaban al hombre de contender directamente con las leyes naturales, lo condenaban a luchar con las leyes de la sociedad, que no eran más que una analogía de las primeras.

Pero volvemos a la causa primaria y es lo común y fácil que es leer en publicaciones y las redes sociales que los ejemplos de naciones que han optado por el socialismo están plagados de fracasos, genocidios y pérdida de libertad. Estas sociedades se han llamado a sí mismas socialistas, o comunistas, es lo que tiene el lenguaje, cada cual lo usa como quiere. En realidad han sido sociedades ideologizadas y politizadas al extremo, o dinastías escondidas. Desde los jemeres rojos de Camboya hasta el presidente eterno Kim Il Sung, la esencia del socialismo ha sido maltratada por sus propios artífices en muchos casos, llegando a parecerse más a monarquías medievales que a naciones socializadas. El control absoluto por parte de los líderes –no de la sociedad- de los medios de producción, de difusión y de las fuerzas de trabajo no responde a la definición de esta Formación Económico Social, sin embargo es la única referencia que existe en el mundo, de modo que ha surgido toda una semiótica de esclavitud alrededor de las ideologías de izquierda, ubicándolas junto a las neonazis o de corte fascista en muchos casos.

Lo cierto es que la socialdemocracia que funciona en muchos países, sobre todo en esos del norte de Europa, debe su existencia al socialismo del bloque soviético. La educación y la salud socializadas, el empoderamiento de la mujer y los derechos laborales fueron inspirados por la Unión Soviética. La propia segunda “Carta de Declaración de Derechos” de los Estados Unidos, de 1944, debe su esencia a la contraparte socialista. A pesar de que estos modelos desaparecieron, no lo hicieron sus aportes y esencia que se reflejan en la llegada del socialismo a países de alto nivel de industrialización y desde una transición pacífica y espontánea, como predijeron sus ideólogos, es esto lo que ha sucedido en el norte de Europa, desde la socialdemocracia de la segunda mitad del siglo XX, hasta el gobierno de partidos completamente socialistas en la actualidad. El socialismo asiático y el euroasiático no fueron más que los primeros intentos, fallidos y ectópicos de la predisposición humana a salirse de la ley de la selva. Hay más ejemplos.

Cuba no es análoga a los antemencionados porque nunca fue un país feudal del sudeste asiático con millones de muertos por concepto de genocidio, ni es una nación industrializada de la península escandinava, siquiera una nación eslava bañada en recursos naturales. Es un país económicamente precario donde las privaciones crecen por semanas. Y las causas pueden ser, como ya se dijo, varias: la mala gestión de la economía, la corrupción interna, el centrismo, la intervención del gobierno de Estados Unidos en asuntos de la isla, el bloqueo económico, o la suma de todas. Pero la existencia del sistema socialista en Cuba  -con la consabida apología al capitalismo de la primera mitad del siglo- no figura entre ellas, es, en cambio, una atenuante porque no es sencillo imaginar una realidad mejor en la isla contando con las leyes de selección natural y depredación absoluta de monopolios, carteles y gobiernos extranjeros.

Quizás lo único seguro en este aspecto es que para mejorar la situación cubana no es necesario desmontar un sistema económico social que luego, expuestos a la ley natural –de Centro América, no de Dinamarca- buscaremos montar de nuevo a un costo altísimo en sangre y luchas sociales, o en cambio esperando inocentemente a que esta nación llegue a los niveles de industrialización de Finlandia para pacífica y espontáneamente experimentar una transición natural al estado de bienestar.