Tiendas en MLC y viejos paradigmas

Foto: EFE

Por: Carlos Alberto González Carvajal (Médico especialista en terapia intensiva y escritor)

Vivimos tiempos difíciles, tiempos de pandemia, de aislamiento social, de crisis económica, de colas, coleros y desabastecimiento: una tormenta perfecta. En ese contexto era evidente que la medida de abrir tiendas en MLC iba a ser impopular. No puedo culpar al gobierno porque tome este tipo de decisiones pero tampoco me sorprende que muchos se sientan excluidos, hasta traicionados y por supuesto respeto sus opiniones aunque no las comparta.

Ahora se privilegia a un sector. Pero, ¿qué medida que se haya tomado garantiza el ideal de justicia social? Ninguna, desde la libreta del abastecimiento, pasando por la educación y la salud pública gratuita. La razón es sencilla: no nos esforzamos  igual ni aportamos lo mismo, ni siquiera de manera proporcional, a la sociedad. Y por supuesto que todos debiéramos – y no solo en Cuba – tener derecho a salud, educación, cultura, recreación sana y muchas cosas más como una vivienda digna, seguridad social… Pero para eso es necesario crear riquezas y estas traen desigualdades.

Pero, veamos, ¿quiénes son los afortunados? Básicamente aquellos que tienen familiares en el exterior y están en condiciones de mandar las preciosas divisas para que su gente pueda pasarla un poco mejor y el país salga del atolladero – para otras cosas no estoy de acuerdo. – ¿No son ellos cubanos como cualquiera de los que se oponen…? Sí.  ¿No es justo que si tienen la divisa y están dispuestos a gastarla mejoren un poco sus condiciones de vida…? Sí. ¿No es mejor que si alguien pueda escapar, escape, aunque sea para que estemos menos en las colas?

Creo que en una parte de nosotros, muy oculto en un rincón vergonzoso, pervive el paradigma del “pim-pom-fuera…” Y es que seguimos viendo – o al menos así lo demuestran algunos mensajes de odio en medio de la crisis, y el gobierno contribuye a esto porque no hace lo necesario para cambiar esa visión– a nuestra emigración, no como emprendedores sino como desertores… o algo peor. Sin embargo, ya sea como país o como individuos, nos aferramos a ellos, para que nos manden esos queridos dólares, imprescindibles en este país donde no producimos nada o casi nada.

Va siendo hora de que las autoridades reconozcan el valor que tienen las remesas.

No sería asombroso que aportaran tanto como el turismo o los servicios de salud – este año estoy seguro de que va a aportar más que cualquiera de estos dos renglones–. También va siendo hora que entendamos y valoremos, el sacrificio de nuestros connacionales que en busca de un futuro mejor, en “balsas”, por avión o en el terrible viaje a través de Centroamérica, expuestos a toda clase de peligros, dispuesto a todo tipo de sacrificios nos sostienen en los momentos más duros… Ellos son nuestros emprendedores y también deberían ser nuestros héroes, tanto como los médicos que nos mantienen a salvo de la pandemia. Ellos deberían recibir un aplauso agradecido, al menos una vez.

Del lado de acá están sus familiares, los que han tenido que soportar mucho más que la ausencia y la separación de un ser querido – conozco quien ha vendido su casa para que su hijo logre su sueño. –  ¿No es justo que ahora se beneficien, que reciban el premio de su sacrificio? Los otros, los que no tengamos acceso a las divisas, siempre podremos felicitarnos porque ese hijo, padre, esposo, hermano o amigo… está junto a usted, en la Patria, que es como la casa grande, para compartir la cena magra y el pan escaso, pero en familia. De alguna manera encontraremos la forma de que las viandas lleguen. Eso sí, no son tiempos de esperar que nadie nos regale nada.