Anales de una dolarización a lo cubano

Foto: @otryaskinatatyana via Twenty20

Por: Mario Valdés Navia

El paquete de medidas dado a conocer en la Mesa Redonda del pasado 16 llenó de expectativas a buena parte del pueblo. Aunque se fundamentó a partir de los efectos de la covid-19 y el recrudecimiento del bloqueo, el criterio mayoritario es que el país vuelve a la senda de la Actualización del modelo, casi inmovilizada en los últimos años. Me gusta pensar que es así, y no que todo volverá a ser como era en cuanto se supere la crisis de la epidemia, o un nuevo gobierno estadounidense afloje la garra.

De las muchas medidas anunciadas la mayoría requiere de un tiempo de espera aún por definir. Solo una es de efecto inmediato: la redolarización de una parte importante de la circulación mercantil, no al cash, sino mediante el uso de tarjetas de banco en MLC: una dolarización plasticada. Su objetivo inmediato es entendible. Los ingresos en MLC han disminuido seriamente y no hay visos de que regresen a la normalidad en un plazo breve.

Los gastos por el enfrentamiento a la pandemia, pagos de la deuda externa y compra de insumos fundamentales no pueden esperar a que la economía prospere, y la fuente de financiamiento más expedita está dentro del país. De ahí que los dólares ($) celosamente atesorados por ahorristas desconfiados en botijas, supuestas cajas de herramientas, colchones y muebles de doble fondo, hayan sido convocados a manifestarse con urgencia, como los seres en una sesión espiritista.

Por las colas existentes en los primeros días en las tiendas –por cierto, muy bien surtidas en un santiamén− para ese mercado de gama alta y media, puede valorarse de efectiva la decisión tomada. Mientras, los que no tienen tarjetas internacionales, ni cuentas en $ en bancos cubanos, se apresuran a abrirlas o guardan reservas en CUC y CUP –los que pueden− para comprar en el mercado negro las nuevas ofertas provenientes de esas tiendas.

Siempre los que ocupan el último lugar en la cadena alimenticia son los más perjudicados.

Pero lo del $ en el mercado cubano es algo cíclico en nuestra historia y su último arribo, en los años 90, nunca concluyó realmente, solo se metamorfoseó tras un antifaz nacionalista: el CUC. Analicemos a grosso modo los anales de cómo llegamos hasta aquí.

Ya en la colonia, el $ circulaba sin cortapisas en Cuba, a tenor con el volumen elevado de exportación e importación desde USA y la circulación de personas que iban y venían por motivos diversos. Con la Primera Ocupación y el establecimiento de la República, fue imponiéndose en un mercado donde lo acompañaban monedas más débiles. Por eso, en febrero de 1907, durante la Segunda Ocupación, estalló la  Huelga de la Moneda, protagonizada por los tabaqueros de La Habana que exigían le pagaran en $. Duró 145 días, se le sumaron otros sectores obreros y gozó del apoyo solapado del interventor Charles Magoon. Fue el primer éxito del movimiento obrero cubano.

Aunque durante el gobierno de José Miguel Gómez (1909-1913), su Secretario de Hacienda, el espirituano Marcelino Díaz de Villegas, hizo la primera propuesta para crear la moneda cubana, sería en la época de las Vacas Gordas, durante el gobierno de Mario García Menocal (1913-1921), cuando otro yayabero, el economista Leopoldo Cancio Luna, haría realidad la aspiración de establecer nuestra moneda nacional: el peso cubano, con valor similar al $. Comenzaría a regir oficialmente como moneda única el 1ro. de diciembre de 1915, pero desde septiembre se prohibía la circulación de la moneda extranjera en todo el territorio nacional.

El peso se mantuvo como una moneda fuerte por mucho tiempo. Incluso tras la devaluación del $ en los años 70, liberado ya de la dependencia a su par estadounidense por la Revolución, mantuvo un alto poder adquisitivo. Su debacle llegó con la espiral inflacionaria del Período Especial cuando se depreció tanto que un $, que estaba a siete pesos por la izquierda en 1990, llegó a ciento cincuenta en 1993.

Como parte de la estrategia anticrisis, en agosto de 1993 se reestableció su circulación legal al aprobarse la despenalización de la divisa y la dualidad monetaria. Además, se autorizó la recepción de remesas lo que incrementó los ingresos de aproximadamente el 25% de los habitantes de la Isla. La economía comenzó a elevarse. En 2003, un flamante Peso Cubano Convertible (CUC) sustituyó al $ en transacciones entre las empresas estatales, al tiempo que se producía una elevada centralización de los mecanismos de asignación y utilización de las divisas.

Al cierre del 2004, en respuesta a las presiones estadounidenses sobre las transacciones cubanas en su moneda, el Banco Central de Cuba (BCC) extendió su exclusión a las transacciones con la población. Por tanto, aunque no se volvió a penalizar la tenencia de divisas, ni a prohibir las cuentas de ahorro en MLC, se obligaba al cambio de las divisas para la circulación interna. Asimismo, para desestimular la entrada de remesas y otros flujos en $, se le impuso un gravamen del 10% a la moneda del enemigo para su cambio en CUC.

Más de tres lustros llevamos con dos monedas cubanas, al menos al parecer.

Realmente, el CUC siempre ha sido un representante del $ al interior de Cuba. Al inicio, era como un avatar reevaluado del $, pero con el tiempo pareció adquirir vida propia. Su acuñación sin respaldo en $ lo hizo devaluarse tanto que perdió su significado original. De ahí que primero las empresas importantes (2015), y ahora la población, hayan sido obligadas a volver a la circulación parcial en MLC.

Ahora, más que nunca, se hace necesaria la unificación monetaria y la entrada de remesas en $ porque cuando se agote esta primera oleada de los atesorados por particulares, ¿cómo van a recargarse las cuentas cubanas en divisas?; si las remesas de $ son cambiadas por la CADECA al CUC –ya condenado a la extinción− y no pueden venir las mulas dolarizadas ni los turistas internacionales porque no hay vuelos aún, ¿de dónde sacarán los cubanos más $?; si los mercados en CUP y CUC están ahora casi vacíos: ¿habrá suministros para mantenerlos abastecidos e impedir que los productos en MLC empiecen a circular por el mercado negro en una espiral inflacionista sin fin que lleve a la desesperación a la mayoría pobre de los consumidores que no tienen $?

Esperemos que, parafraseando el cartel a la entrada de Varadero, cada $ que se obtenga por este mercado exclusivo, en una moneda extranjera, redunde claramente en beneficio de todo el pueblo.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com