Cuando el cambio viene en tren

Foto: @Mehaniq via Twenty20

Por: Ely Justiniani Pérez

Antes de aprender que la palabra REVOLUCIÓN significa cambio, pensaba que era un sustantivo para designar exclusivamente al gobierno cubano. Años después, ya no tan niña, no logro decidir si este sistema ha escogido o no el «nombre» correcto, porque mientras algunas transformaciones parecen llegar en nuestro lentísimo tren, en otros puntos somos excesivamente cambiantes, inestables.

Lo que hoy es un delito mañana puede ser aplaudido, lo que un mes es ley en otro mes se deroga. Amigos mayores me cuentan de la gente que fue presa hace años por tener dólares; de cómo cuando alguien se iba recibía en el mejor de los casos el calificativo de gusano, y en el peor de los casos un huevazo en la espalda.

Hoy los billetes verdes resultan ser la solución, y los antiguos apátridas que los envían son los héroes que salvan la fiesta, pues -para quien aún no lo sepa- las remesas representan, junto al turismo y los servicios, una de las tres fuentes principales de la economía cubana. En estos momentos la primera.

Las remesas son ahora la principal fuente de ingresos de la economía cubana.
Y así vamos viviendo cambios unas veces locos, otros cuerdos, otros inexplicables.
  • Las intenciones de hace unos meses de unificar las monedas han mutado a la tenencia de no una, sino tres monedas diferentes.
  • El gravamen impuesto al depositar el dólar en las tarjetas (que se aplicaba supuestamente a causa del bloqueo y etc.) desaparece (por suerte) sin que desde fuera hayan puesto fin al embargo;
  • Las tiendas que hasta ayer estaban vacías por falta de materias primas, y el cerco impuesto a los barcos, hoy se llenan por arte de magia como pocas veces hemos visto, pero dejando claro que solo los que tengan dólares podrán disfrutarlas.

A mí me duele particularmente ver unas tan vacías y otras tan repletas de alimentos. Me duele porque desde niña me enseñaron que «con la comida no se juega» y me repitieron infinitamente que en «este país todos somos iguales».

Me duele porque un televisor o una lavadora no la compras todos los días, pero el alimento sí, y no puedo concebir que una buena parte de la gente trabajadora de este país tenga que consumir (después de colas y disgustos) solo productos de baja calidad, porque los de alta y media gama están destinados solo a los que tienen dólares. No importa si has trabajado toda tu vida, si eres Máster o Doctor, si eres un cirujano prominente o un anciano retirado; no importa siquiera que tengas dinerito ahorrado en tu propia moneda.

Como dice una amiga, lo que importa es tener FE: Familia en el Exterior.

No puedo evitar desconfiar en mandatarios y medidas tan cambiantes, pero, por otra parte, debo reconocer con recelo que las propuestas actuales, a estas alturas, son la casi única opción que tiene el Estado cubano para sacar adelante una economía que lleva años deformada por la ineficiencia de gestión, la corrupción generalizada, el bloqueo americano que muchas veces es excusa, pero que también existe, el agobio del señor mongólico de al frente y en los últimos meses, para rematar, la Covid-19, que encerró a los turistas en sus casas y avisó que la cosa estaría fea en un buen tiempo.

Nos podemos sentar a dar palos al burro, a decir que dichas estrategias tenían que haberse tomado antes y que al presidente el limón le hizo efecto tarde, porque todos sabíamos hace tiempo que había que abrir la pequeña y mediana empresa y descentralizar el control del Estado. El burro tendría que aguantar los palos, porque se los dan con razón. Pero un@ también puede elegir si ayuda al burro a levantarse de otra manera, y si usa los palos para hacer leña, repartir golpes o para construir una casa.

Me parece que las nuevas regulaciones responden a las necesidades actuales y complejísimas que vive el país, y que aunque por una parte nos encabronen, son el oxígeno que necesitaba este submarino al borde del naufragio.

Las nuevas regulaciones son el oxígeno que necesitaba la economía en estos momentos, cual submarino al borde del naufragio.

Ahora solo nos queda exigir que los resultados de esas «tiendas maravillosas» sean puestos en función de abastecer las otras, y facilitar un poco la vida de aquellos que no recibimos remesas,… que el sacrificio dure el menor tiempo posible. Esperemos que la apertura de la pequeña y mediana empresa y sus posibilidades de importar y exportar no sean utilizadas por el Estado para ganar más que los propios productores (como suele suceder), sino como un mecanismo de crecimiento económico que ha dado buenos frutos en otros países de corte socialista como China o Vietnam.

Sería muy bueno también que si la comunidad cubana en el exterior está prácticamente salvando la economía, lo tengamos en cuenta y les extendamos un brazo más flexible: rebajemos el exorbitante costo de los pasaportes y sus prórrogas, no condicionemos los tiempos de permanencia en el exterior, respetemos, y reconozcamos, no creemos divisiones.

Eliminemos trabas burócraticas para la realización de negocios, y con la misma fuerza que se persigue al vendedor de cebollas, controlemos a los funcionarios estatales que trafican con nuestros recursos, a los policías y auditores que incumplen con sus funciones y a todos aquellos causantes de que los cubanos no tengan productos y servicios de calidad.

Que Revolución no sea cambiar por cambiar, sino cambiar con lógica, cambiar para bien. Que los cambios necesarios no demoren décadas, que vengan en un tren de esos rápidos que existen en otros lugares, y que como tantas otras cosas, aquí no han llegado. Que FE no sea FAMILIA EN EL EXTERIOR, sino confianza o esperanza en que todo saldrá bien, una confianza a depositar en alguien que la merezca. ¡A ganarse esa confianza!