La tristeza cambia de color

Por: Jorge Fernández Era
“A las cosas que son feas ponles un poco de amor, y verás que la tristeza va cambiando de color”, dice nuestra Teresita Fernández en una de las canciones más sensibles que se hayan escrito en letra española. Me acuerdo de ella porque acabo de leer desde mi “palangana vieja” un artículo de Tribuna de La Habana donde se informa de una “reunión convocada para reflexionar en torno al ordenamiento urbano, construcciones, mantenimientos y cuidado y rescate del patrimonio”, en la que intervino el primer secretario del PCC en la capital, Luis Antonio Torres Iribar.
Sigo leyendo: “El dirigente partidista hizo referencia a procederes urbanísticos incorrectos que provocan la crítica y la repulsa de los vecinos, como sucedió, por ejemplo, con el muro de la playita de 1ra. y 70, y el parque de la calle G. Apuntó que terminaron por ganarse la desaprobación por no haberse pensado bien previamente, al violar lo establecido y atentar contra el patrimonio. Criticó duramente a los inversionistas de estas acciones constructivas porque desestimaron las consultas pertinentes como correspondía; además, la falta de esmero que impactó, negativamente, en la belleza de las terminaciones. (…) En el caso de los constructores, a los organismos implicados en la fiscalización y control (Planificación Física, Citma, Patrimonio y los gobiernos locales) reprochó el no alertar a tiempo, y exigir la paralización de las acciones constructivas como lo dispone la ley. (…) ‘No podemos darnos el lujo de que prácticas tan dañinas puedan repetirse en lo adelante’, puntualizó…”.
Se agrega la decisión de revitalizar (¡ay, maestro Mario Coyula, no todo está perdido!) “el Grupo de Desarrollo Integral de la Capital, que fuera creado por el Comandante en Jefe”. Magnífico que las principales autoridades de la provincia tomen cartas en el asunto y se sumen al clamor popular, confirmando lo imprescindible de que las políticas públicas no se aparten nunca de las necesidades y sueños de quienes al fin y al cabo habitamos esta ciudad medio milenaria u otras del largo y estrecho territorio nacional.
La victoria tiene un nombre: las redes sociales, los internautas que pusimos voz al debate. Para algo servimos. En reciente mesa redonda dedicada a la prensa, el presidente de la UPEC habló de “los valores de sensibilidad social que se han ido desarrollando entre los periodistas”. Si me equivoco me rectifican, pero solo conozco de dos artículos de Cubadebate hablando del muro de 1ra. y 70 (el primero justificándolo, el segundo para informar de su derribo) y de uno de Granma (“Noticias / morbo / Más de lo mismo”, firmado por la poeta Teresa Melo), donde se va con todo, con ofensas incluidas, contra los protestones. Vean si no: “Cada día amanecemos asfixiados por el morbo. Cuba no escapa a ello. Es, tal vez, uno de los temas de primer orden de cuanto mediocre frustrado se conecta, solo para hacer visible su ignorancia y arrastre. Su triste vida. Qué pena y vergüenza ajena que tanta energía puesta en función del peor español posible para escribir, encuentre eco en algunas voces en la Isla: cien metros de nuestra geografía; un muro que no está en México (…) A los incapaces de hacerse eco de alguna noticia en la que intervengan sentimientos humanitarios, habrá que recordar que más importante que su pedacito de realidad es la propia vida por la que serán juzgados. De nada sirven sus fotos y memes insultantes. Ello solo habla de sus propias carencias, las del alma”. Repito: el Granma lo publicó y, por carambola, le siguió la corriente.
¿Publicó algo Tribuna de La Habana? ¿Se denunció el hecho en el canal televisivo de la capital? ¿Dijeron lo suyo el noticiero de la televisión, la mesa redonda y la revista Buenos Días? ¿En qué año y dónde apareció la noticia de la desaparición del Grupo de Desarrollo Integral de la Capital? Quiero pensar que en esa “crítica y repulsa de los vecinos” que menciona Torres Iribar estén incluidas cartas de los directivos del Ministerio de Relaciones Exteriores, Casa de las Américas y Ministerio del Turismo, entidades que por su proximidad a los cien metros del conflicto se cuentan entre sus principales afectados.
Con el poeta, escritor y promotor cultural Antonio Rodríguez Salvador, quien es también colaborador del periódico Granma, sostuve un intercambio motivado por las burlas infligidas por él a los que pusieron el grito. Abrió el fuego con el post “Tremendo fanguero porque le pusieron cemento a un fanguero”, para seguir con un largo artículo donde habla despectivamente de “una verdadera discusión bizantina donde de pronto el exdiplomático se vuelve botánico; el artista, cultivador; el sociólogo hortelano…” y cerrar con una foto desde un satélite para que vean el parque, digo yo, los que viven en las nubes.
Entre los comentarios a dicho post (son joyitas de cómo tratar a los que hablamos demasiado) está uno del propio Antonio que, refiriéndose al parquecito del debate, reza: “a fin de cuentas quedó mejor que como estaba, y por favor, que hablamos de un trozo de acera”. Espero que sea consecuente con ese pensamiento y, de ser desmantelados los adocretos como cabe esperar, los reclame para echar abajo algún desvencijado jardín de Jatibonico.