Complicando al Bloqueo

Por: Mario Valdés Navia

Cuando crecí ya él estaba allí, aunque hasta 1991 era más un fantasma que una presencia recurrente. Amenazas de invasión, planes de atentado y agresiones terroristas, auspiciadas por el poder imperial y los extremistas de Miami, lo mantenían en un segundo plano. Para ambos gobiernos era funcional: allá lo esgrimían cual amenazante big stick para complacer al exilio recalcitrante; acá servía de pretexto ante cualquier revés económico.

Desde su instauración, ha perjudicado mucho el desempeño de la economía cubana. Al cierre de 1994, el MEP valoró sus afectaciones en unos 43,000 millones de dólares (MD), 1,228 por año; en 2003, 79,325 MD, 1,803 por año; en 2015, eran ya unos 125,873 MD y la media anual ascendía a 2,247. El incremento sustancial del daño anual promedio es cada vez más creciente.

Hasta 1990, Cuba pertenecía al campo socialista y con él hacía el 85% de su intercambio mercantil, a precios preferenciales y en rublos convertibles. También comerciaba con otros países capitalistas, en especial con filiales de compañías norteamericanas. Eran tiempos en que los taxis eran Chrysler, Chevys y Dodges argentinos y las guaguas Leylands inglesas e Hinos japonesas −que los friolentos pasajeros criollos llamaban Colmillos Blancos.

Mas, con la caída del socialismo europeo (1989-1991) y la aprobación de las leyes Torricelli (1992) y Helms-Burton (1996), el US goverment lo adoptó como política de Estado para derrotar a la Revolución en el supuesto mundo unipolar, mientras el Ojo de Sauron se enfocaba más sobre Asia y Europa. No es casual que fuera en 1992  cuando se presentó en la ONU el proyecto “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”. Desde entonces ha sido aprobado, año tras año, con votaciones casi unánimes, únicas en la historia de ese organismo internacional.

En el 2000, Clinton lo flexibilizó al readmitir la venta de alimentos y medicamentos a Cuba, aunque sin crédito comercial. Desde 2001, Cuba compró a los farmers: pollo, maíz, soya, trigo, huevos y pienso animal. Las compras totalizaron 5,802 MD entre 2002 y 2013. En 2008, USA llegó a ser el cuarto proveedor de la Isla con un 6% de las importaciones (598 MD), pero desde entonces la tendencia es decreciente.

Ya con Trump, pero aún con la inercia de la era Obama, grupos bipartidistas de senadores presentaron, en mayo de 2017, un proyecto de Ley de Libertad para Exportar a Cuba y otro para acabar con la absurda prohibición de viajar acá con fines turísticos. Pero, en junio, él invierno llegó: ante su público de Miami, Trump firmó una orden ejecutiva destinada a frenar los avances logrados tras el deshielo del 2014.

Desde entonces, la administración actual se cebó en el asedio a las importaciones cubanas y la sanción a los que se atreven a comerciar y financiar a Cuba en cualquier lugar del mundo. Para reafirmarlo, aprobó la aplicación del congelado título III de la Helms-Burton, reinsertó a Cuba en su lista de países patrocinadores del terrorismo, e hizo lo indecible para impedir la llegada de combustible a la Isla. Ya no blanden el big stick, sino que apalean con él a cualquiera que intente burlarlo en el mundo.

Desde 1991, Cuba lo enfrenta con variada suerte. Entre sus logros está el significativo crecimiento de la extracción de petróleo crudo y gas, que en el 2003 permitía generar casi el 100% de la electricidad. Otro fue el de las exportaciones de servicios profesionales de alto valor agregado –salud, fundamentalmente−,[1]convertidas en locomotoras de la economía gracias a la alta demanda de los gobiernos progresistas latinoamericanos, sobre todo Venezuela y Brasil, para sus programas sociales. Pero el fin de la oleada progresista en la región trajo consigo su brusca disminución.

Sin embargo, las añoradas atracción masiva de la inversión extranjera y sustitución de importaciones con la apertura de la Zona Especial de Desarrollo del Mariel parecen esperar por las calendas griegas.[2] Tampoco se sabe cuando ocurrirá la esperada unificación monetaria y cambiaria, aunque sin hacerla marchamos camino a la sima. En estas condiciones difíciles apareció la covid-19 y se cierne una posible crisis económica mundial sin precedentes.

De los EEUU solo puede esperarse la mantención del bloqueo. Intensificado si reeligen a Trump; moderado si ganara Biden y decidiera retornar al deshielo obamista. En este escenario es mucho lo que Cuba puede y debe hacer para desvirtuar el Bloqueo y reencontrar el camino del crecimiento, más allá de apostar por la diplomacia y la solidaridad. Entre las medidas que podrían adoptarse propongo tres para implementar en breve:

  1. Autorizar la inversión de capital nacional privado y la formación de cooperativas industriales, para producir bienes de consumo y productivos, protegidas por una legislación lo más favorable posible. Sin aspirar a la autarquía, porque sin la competencia y cooperación en frontera con homólogos extranjeros jamás habría sustitutos nacionales eficaces. Así, la sustitución de importaciones brotaría de las relaciones de mercado, no de las iniciativas de burócratas y trabajadores iluminados que casi nunca llegan a resolver ni a perdurar.
  2. Eliminar el actual monopolio del comercio exterior en manos de empresas de GAESA y diversificar esa esfera mediante el otorgamiento de licencias y facilidades para importar a miles de empresas civiles y TCP. Estas indetenibles guerrillas comerciales harían más difícil el control y las sanciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) a los socios extranjeros, revitalizarían el depauperado mercado interno de bienes de consumo y estabilizarían una oferta de bienes de producción por encargo para todos los sujetos económicos.
  3. Revitalizar la actividad de los puertos cubanos para el transporte de pasajeros, importación territorial por vía marítima, comercio de cabotaje –ideal en una isla larga y estrecha, llena de excelentes bahías− y la pesca de plataforma para el mercado interno.

Si el Bloqueo vino para quedarse, entonces hay que vaciarlo de contenido lo más posible. No facilitarle el trabajo a la OFAC al insistir en la gestión fácilmente controlable de un puñado de ineficaces empresas centralizadas, sino ponérsela bien difícil mediante la diversificada  participación popular en el comercio exterior. No queda de otra.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

[1] Entre 2004-2014 alcanzaron el primer lugar en el PIB y en las exportaciones, desbancando al turismo que lo tuvo entre 1990-2003 y lo retomó en 2015.

[2] Inaugurada en 2014, al cierre del 2018 había captado solo 2,130 MD en inversión extranjera, con apenas 17 proyectos operacionales.