Utopía bovina

Por: Joany Rojas Rodríguez

Es bien conocido que en algunos países, sobre todo del Asia, la matanza de ganado y el consumo de su carne están prohibidos. Esto se debe en gran parte a las implicaciones religiosas que tiene el ganado bovino para estas sociedades.

Por ejemplo, en la mayoría de los estados de la India el sacrificio de estos animales es sancionado y su carne es tabú, no obstante hacerse excepciones, como por ejemplo el expendio de un certificado en el que debe constar que el animal es apto para el sacrificio, tomando en cuenta factores como la edad, el sexo y la viabilidad económica. Sin embargo, es preciso acotar que la emisión de dicho certificado solo es válida para toros y búfalos, no para las vacas.

En Nepal, parafraseando la canción de Buena Fe, la vaca es el mamífero nacional, y es considerada diosa de la riqueza y la prosperidad. Y para que vean cuán en serio se lo toman, matar uno de estos animales puede resultar en una condena de cadena perpetua.

Como dije antes, esto se debe a las connotaciones religiosas del asunto, ya que el ganado se considera sagrado en varias religiones, tales como el hinduismo, el jainismo, el budismo y el zoroastrismo. Incluso en religiones ya extintas como la del antiguo Egipto, la pretérita Grecia o la antigua Roma, por ejemplo, el ganado tuvo un importante papel en sus religiones. Sin embargo en Cuba…

En nuestra isla no hay predominio de las religiones antes mencionadas, y mucho menos tenemos un transcurrir histórico tan antiguo, como para contar con un currículum milenario en el que conste la divinidad del ganado mayor bajo el amparo de la religión. Nuestros abuelos españoles no desdeñaban un buen pedazo de la roja para matizar el buen arte culinario heredado de casi mil años de dominio árabe, de hecho fueron ellos quienes introdujeron en Cuba (para gloria o maldición nuestra) el ganado, el mayor y el menor.

Vacas, toros, caballos y cerdos, se integraron a nuestro entorno con esa maravillosa cualidad adaptativa que nos da la naturaleza como seres vivos. Por otra parte, en algún que otro ritual del vudú, práctica religiosa trasplantada a  La Mayor de Las Antillas bajos los efluvios de la revolución haitiana, se tenía como práctica habitual el sacrificio de un toro, animal que en nuestro país hubo de ser sustituido por el chivo. Entonces, Cuba no está en Asia, nuestras religiones, frutos en su mayor parte del sincretismo español y africano, no penalizan el consumo de carne de res. Nuestra idiosincrasia culinaria ha puesto siempre a esta carne en un lugar de honor.

Sin embargo… Según algunas estadísticas se estima que en la Cuba pre-revolucionaria existían alrededor de seis millones de cabezas de ganado bovino, y si bien la ganadería no se auxiliaba de los métodos más modernos, los propietarios más ricos contaban en su haber con ejemplares de pura raza que le aseguraban las producciones de leche y carne necesarias, como la Charolaise, Santa Gertrudis y Cebú. Después del triunfo revolucionario, el ganado en Cuba empezó a mermar, según se dijo, por causa de elementos contrarios a la Revolución, que sacrificaban a estos animales con el fin de disminuir su cantidad y así atentar contra la seguridad alimentaria del pueblo.

En un discurso de mediados de los sesenta, Fidel anunció que debía protegerse a la masa bovina, y así el pueblo, en unos años, comería cuatro o cinco veces más carne. Para lograr este fin, se llevó adelante una estrategia para el desarrollo del ganado bovino, que tenía uno de sus pilares fundamentales en la colaboración de la URSS y los países de Europa del Este. Fidel, personalmente, impulsó la aplicación del sistema de pastoreo racional intensivo del científico francés André Voisin, que establecía el manejo de los suelos ganaderos y la alimentación de los bovinos en base a los pastos.

Muchos recursos se destinaron a esta magna obra, incluso se compraron en el extranjero sementales de razas, como por ejemplo la Holstein, se  promovió la inseminación artificial con el fin de elevar la calidad de nuestro ganado, se crearon vaquerías de ordeño mecanizado, se capacitó y preparó personal técnico, experto en genética, para crear razas más productivas y mejor adaptadas a nuestro entorno… Y en medio de todo esto, como quien no quiere la cosa, el sacrificio ilegal es tipificado como delito en 1979, en el primer código penal de la Revolución. Y ahí fue donde se torció todo.

La crisis de los noventa dio al traste con lo que se había hecho, pero ya el mal había echado raíces, dando lugar a uno de los anacronismos más absurdos que nos azotan. En Cuba, ni siquiera los propietarios de las reses pueden disponer de ninguna para su sacrificio y consumo, pues el Estado es el dueño absoluto, y sanciona sin piedad a todo aquel que se atreva a infringir su ley. Consecuencia: la única manera en que la mayoría de los cubanos puede acceder a un pedazo de carne de vaca, es comprándola en el mercado negro, la otra vía son las tiendas en divisas, con precios escandalosamente inaccesibles, ya se sabe.

Mucho se ha avanzado, y todavía falta, en materia de eliminación de prohibiciones. Incluso el dólar, sacrílego y pecaminoso durante mucho tiempo, fue despenalizado. Pero el sacrificio de ganado bovino permanece como la joya sagrada de nuestro código penal. Son más las ventajas de su despenalización que las que reporta la situación actual. ¿Y entonces?

Aquí estamos, abocados a una crisis de grandes proporciones, con una agricultura atada de pies y manos, una economía plagada de mecanismos anacrónicos y obsoletos, y lo más ridículo y lamentable, sin un pedazo de carne que llevar al plato, añorando comer aunque sea un bistecito de puerco, porque la otra, la que apenas se puede nombrar sin dejar de mirar por encima del hombro, más que un sueño, es utopía.

Referencias bibliográficas:

  • “Algunos apuntes sobre el ganado vacuno en Cuba”, publicado el 28 de septiembre de 2019 en cubayeconomía.blogspot.com
  • “¿Por qué Cuba sanciona con tanta severidad el sacrificio de ganado?”, publicado el 12 de septiembre de 2015 en www.bbc.com
  • El artículo “El ganado en la religión y la mitología”, que aparece en Wikipedia.