Hispano-soviéticos en la memoria

Por: Aurelio Alonso

El excelente reportaje de Rusia Today dedicado al 75 aniversario de la victoria soviética en la II Guerra Mundial, hizo una mención a los niños españoles de la República Española, que gracias a la solidaridad de Moscú, sobrevivieron a la ofensiva franquista, apoyada por los aviones Massersmidt alemanes. El arma aérea más moderna de la época, que los nazis ponían a prueba sin escrúpulos al servicio de Franco, antes de lanzarla en su desenfreno invasor hacia el Este.

Muchos de aquellos niños llegaron a hacerse profesionales gracias a aquel gesto solidario, y pienso que no pocos cubanos de mi generación tienen que haberse emocionado con los testimonios de un entrevistado nonagenario, enmascarado en un obligado nasobuco.

Para Cuba, en los años sesenta, aquellos profesionales bilingües significaron una colaboración de magnitud difícil de ponderar, que benefició a diversos sectores de la economía y la vida nacional. El privilegio de aprender, disentir, compartir lecturas, el gusto por la poesía y la narrativa, comunicarnos sin la barrera del lenguaje.

Conocí a algunos pero voy a referirme especialmente a los tres con los que tuve más relación. En primer lugar Luis Arana, quien llegó a principios de 1962 con la tarea de preparar en el campo de la Filosofía marxista al grupo de alumnos escogidos para comenzar a impartir esa asignatura en todas las carreras.de la Universidad, como establecía la Ley de la Reforma Universitaria de ese mismo año.  En realidad Arana era un psicólogo –los filósofos hispano-soviéticos no podían abandonar sus compromisos laborales en aquel momento– pero tenía una solida formación marxista-leninista. Desarrolló con rigor y originalidad aquel curso intensivo de cuatro meses, centrado en las presentaciones de clase que debíamos hacer los alumnos. No se limitó al manual de Fedor V. Konstantinov –que de todos modos fijaba el esquema obligado– sino que nos introdujo a los principales textos filosóficos de Marx, Engels y Lenin.

Parejamente con Arana, Anastasio Mansilla hizo estudiar El capital con el mayor rigor al grupo al que correspondía impartir la Economía Política marxista. Expositor excelente, vino con la leyenda de ser uno de los que mejor conocía la obra económica  de Marx en la URSS. Los que optamos por la Filosofía nos beneficiamos de asistir a algunas conferencias suyas. Mansilla contribuyó también a extender el estudio directo de El capital en la esfera de dirección política, además de su dedicación académica. Recuerdo igualmente las buenas conferencias de Maria Cristina Miranda, que enseñaba en la Escuela de Historia.

Arana fundó el Departamento de Filosofia de la UH y lo dirigió durante poco más de un año. Su origen vasco marcaba su personalidad. Cuando discrepábamos en algún tema debido a su marcada ortodoxia, solía terminar diciendo que él se atenía a sus dogmas, pero que ya nosotros crearíamos los nuestros. Lo recuerdo como una persona excepcional, inteligente, testaduro y leal. Cuando fue sustituido de la dirección del Departamento, con el disgusto general del grupo, pasó a trabajar como profesor en la Escuela de Psicología, donde permaneció, como muchos hispano-soviéticos, hasta que el panorama que siguió a la muerte de Franco propició su regreso a España.

La tercera figura que quiero recordar es Damián Pretel. Llegó hacia finales de 1965, con otro hispano-soviético, Ricardo Burguete. Ellos eran los que no pudieron venir en 1962. Burguete fue a trabajar en la Academia de Ciencias de Cuba y le escuché algunas conferencias pero no tuve trato con él. Pretel vino a nuestro Departamento de Filosofía en un momento en el cual experimentábamos ya con programas docentes alternativos en la enseñanza del marxismo: tomaba cuerpo un tono herético en el grupo de K 507. Su status era de profesor invitado, cuando ya nos dirigía Rolando Rodríguez, el primero de nuestro grupo en asumir la dirección departamental. Tenía Pretel una solida formación en Historia de la Filosofia, y en el Diamat y el Histmat; valoraba las búsquedas de Meliujin en el campo de los problemas filosóficos de la Fisica y algunas supuestas audacias como las de Rozhin, que argumentaba en Marx la acción de cuatro leyes de la dialéctica y no de tres, a diferencia de Hegel. Pero nuestros desencuentros teóricos con la filosofía soviética iban más allá. Aunque conservo buenos recuerdos suyos, no fueron vínculos tan estrechos.

Cuando el PCE se proclamó eurocomunista, Arana quedó militando en la minoría ortodoxa dirigida por Líster, y falleció joven de una enfermedad renal que le aquejaba. A Pretel lo volví a ver en Madrid en 1977, cuando acompañé a Jorge (Papito) Serguera en una misión de trabajo. Fuimos a visitar a Francisco Ciutat, el legendario  general Angelito de la República Española, que combatió después en la Gran Guerra Patria y en Cuba colaboró en el MINFAR, con el grado de coronel. Papito lo estimaba mucho y me había llevado a conocerlo un año atrás en el Centro de Documentación que dirigía en La Habana. Descubrí allí que Angelito era el suegro de Pretel. De aquel encuentro recuerdo vivamente que Pretel me sorprendió al expresarme lo agradecido que había estado de nosotros y de nuestros debates, por lo que habían contribuido a sus opciones políticas. Le recordé que nosotros no coincidíamos en la renuncia en bloque del leninismo en la cual se había identificado el eurocomunismo. Lo sabía y no se trataba de eso, sino de la capacidad de analizar sin prejuicios las realidades concretas. Volví a saber de él solo a mediados de los ochenta, cuando se desempeñaba como Secretario del PCE en Granada.

Tuvimos en Cuba asesores hispano-soviéticos en muchos sectores y pienso que, por el esfuerzo y la amistad que nos dejaron, merecerían ser más recordados.