¡Cuba la ingrata!

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Por: Rainer Ricardo (Doctorante en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, Universidad de Montreal)

Desde la antigüedad, la ingratitud ha sido considerada como uno de los peores vicios de la humanidad. Séneca, el filósofo romano, dedicó gran parte de su obra a elucidar las causas de la inestabilidad política y social de la gran República y descubrió que la gratitud jugaba un papel fundamental en la armonía social de un Imperio patrimonial. Julio César advertía incluso a sus potenciales enemigos que, de no aceptar su magnánima generosidad, escogían el camino de la guerra. ¿Plata o plomo?

La historiografía de los Imperios antiguos muestra los Emperadores como personas despóticas con tendencias absolutistas, pero esta narrativa oculta uno de los roles más importantes de la figura del Emperador: el de benefactor supremo. Sobre esta base, podríamos afirmar que los imperios son sistemas políticos que se erigen sobre dos principios fundamentales: benefitia y gratia.

El término “beneficio” (benefitia) puede definirse como un don, o favor, que una persona hace con el objetivo de crear un sentimiento de bienestar en la persona receptora del beneficio. En un sistema político sin Estado fuerte y democrático, el altruismo y la generosidad de las clases gobernantes sirven de herramienta al servicio de su poder político. Apropiarse el don o el favor puede entenderse como un signo de hostilidad ya que existe una ética de reciprocidad que obliga al beneficiario del don, casi coercitivamente, a reciprocar la generosidad del benefactor con otro don más o menos equivalente al don recibido en beneficio.

En una relación asimétrica, en la cual los actores implicados en el intercambio poseen recursos desiguales, los que están abajo en la jerarquía social no tienen muchas veces otra cosa que ofrecer sino reconocimiento y gratitud (gratia). Esos gestos de reconocimiento y de gratitud nutren el sentimiento de superioridad y de generosidad altruista del actor hegemónico y, al mismo tiempo, conducen los beneficiados a adoptar y a internalizar las características del benefactor para así mantener el flujo continuo de beneficios.

A nivel internacional, es posible pensar las relaciones entre los Estados en estos términos y el caso de Cuba parece ser un buen ejemplo para ello. En dos momentos cruciales de su historia moderna, los cubanos han sido acusados de ingratos por dos potencias mundiales con ambiciones imperialistas, primero los Estados Unidos, luego la Unión Soviética. Podríamos incluso decir que Cuba ha contractado deudas de gratitud que solo podía pagar de manera simbólica, ya que no poseía los recursos ni las oportunidades históricas que le permitiesen saldar la deuda con un beneficio equivalente.

Como todos sabemos, la guerra que los cubanos condujeron contra el Imperio español por más de 30 años termina en 1898 gracias a la intervención de los Estados Unidos. Esta intervención militar condujo al establecimiento de un régimen militar entre 1898 y 1902, cuyo principal objetivo fue asegurar la creación de un gobierno constitucional que respetara los enunciados del Tratado de París de 1898, el cuál fue firmado únicamente por los Estados Unidos y España. Las tensiones incrementaron cuando apareció la exigencia de incluir la Enmienda Platt como un apéndice de la Constitución de 1901.

Los Estados Unidos no comprendieron el rechazo de los cubanos en su voluntad de crear una Nación soberana y los acusaron de ingratos. Según los grandes discursos de la época, los representantes de la Nación cubana, al actuar de esta manera, no mostraban ningún reconocimiento hacia los esfuerzos que los Estados Unidos habían realizado con el objetivo altruista de ofrecer a los cubanos una Cuba libre e independiente.

Los líderes cubanos eran conscientes de los riesgos de contractar deudas de gratitud con los Estados Unidos y temían que la aceptación de esos beneficios condujese a Cuba por el camino del protectorado y de la soberanía condicionada. Al fin y al cabo, esos hombres desnutridos, mal vestidos y mal formados que lucharon por la soberanía de la Nación cubana, ¿no debían la emancipación de Cuba a la generosidad y al altruismo de los Americanos y del gobierno de los Estados Unidos? Cuba estaba en gratia con el Imperio naciente de las Américas y la deuda tenía que ser pagada. En 1902 nace una República que muchos consideran frustrada.

Los cubanos fueron acusados de ingratos, una vez más, por el año de 1963, pero esta vez, los que nos recordaron nuestro lugar en el mundo fueron los Soviéticos. Para hacer frente a los planes de intervención de los Estados Unidos en Cuba, la URSS ofrece a Guevara la posibilidad de instalar misiles en la isla con el objetivo de disuadir a los Estados Unidos y a los cubanos entrenados por la CIA en países como Guatemala y Panamá. Pero en medio de la crisis de los misiles de 1962, los Estados Unidos y la Unión Soviética negocian en secreto el retiro de los misiles de la isla a condición de que los Estados Unidos se comprometan públicamente a no intervenir militarmente en Cuba. Esta situación creó grandes fricciones entre Cuba y la URSS y las críticas del gobierno revolucionario se hicieron sentir en la cúpula del Kremlin.

En medio de todo ese conflicto, los Soviéticos se encargaron de hacer saber a los cubanos de que eran, una vez más, unos ingratos. Al fin y al cabo, le recordaba Nikita a Fidel, la Revolución cubana existía gracias a la Unión Soviética. Y otra vez la retórica del dinero gastado, de las armas regaladas y de los hombres enviados, recordaba a los cubanos cuánta gratitud debían a la Unión Soviética por salvar la Revolución de la agresión imperialista. Una vez más, Cuba contractaba deudas morales con una potencia extranjera a la cual no podía devolver en especie un beneficio equivalente capaz de saldar la deuda de una vez por todas. Y había que pagar esa deuda, no solo en palabras, sino en actos concretos, pues todo parece indicar que los Estados pequeños e ingratos terminan siendo víctimas del ostracismo internacional y, por esos días, Cuba la ingrata no podía estar más aislada en su propio vecindario.

En 1976, la adopción de una constitución socialista confirmando el carácter de un proceso revolucionario que en su origen no ambicionaba tal deriva, sigue siendo una gran interrogante para muchos cubanos. Me pregunto si esta constitución socialista no fue sino una manera de expresar reconocimiento y gratitud hacia nuestro gran benefactor, la URSS, y de así intentar pagar la deuda contractada con este Imperio informal, el cual nos ha ofrecido como regalo altruista la existencia misma de la Revolución cubana.

Con el tiempo, la benevolencia de nuestro benefactor ha sido tan significativa que, quizás, hemos terminado por internalizar una identidad que refleja, a pesar de nuestras diferencias tropicales, grandes similitudes con el sistema político de nuestro benefactor. Si esta tendencia es sistémica, cabría preguntarse hoy con quién Cuba está contractando deudas de gratitud. Así sabremos de antemano de dónde vendrán las acusaciones. ¡Cría fama y acuéstate a dormir!

Para contactar al autor: rainer_ricardo@hotmail.com