La historia de una decadencia ética

Foto: Juventud Rebelde

Por: Yassel A. Padrón Kunakbaeva

Hace unos días murió un joven de una herida de bala en Guanabacoa, tras un enfrentamiento con un policía. El suceso ha provocado diversas reacciones, pero también nos motiva a preguntarnos sobre la ética periodística, la ética revolucionaria y el significado que esta tiene en nuestra sociedad.

La manera en que el hecho ha sido tratado en nuestros medios es lamentable. Como es sabido, los medios de comunicación oficiales no han dicho una palabra al respecto. Mucha gente se enteró del acontecimiento por medios de oposición que se hicieron eco de lo ocurrido. Pero tratándose estos últimos de medios con poca credibilidad, muchos también quedaron con la duda de si era un fake news, y esperaron pacientemente por una versión oficial.

El hecho ocurrió a menos de tres kilómetros del lugar donde vivo. El joven fue velado en la funeraria del que es mi municipio: Guanabacoa. Por esas razones, fui un privilegiado a la hora de comprobar el hecho y difundirlo en las redes sociales. Aun así, mi conocimiento sobre los detalles de lo ocurrido era ínfimo, por lo que también estaba ansioso de escuchar un relato oficial.

El hecho no fue transmitido.

No se trata aquí de que uno quiera una prensa sensacionalista que se regodea en contar hechos sangrientos. Ni pretender que la prensa aporte conclusiones respecto a hechos que todavía están en investigación. Se trata de ofrecer una pequeña nota informativa, diciendo al final: “Continúan las investigaciones”. Uno se pregunta por qué motivo no se dice nada al respecto, sobre todo cuando hace poco tiempo ocurrió un atentado contra la vida de varios policías en Calabazar, y el hecho fue transmitido con prontitud. ¿Por qué?

Alguien podría alegar que se trata de un evento más entre una gran cantidad de hechos violentos en el país durante el año. Que no es noticia como tal, y por esa causa no es del interés de la prensa. Pero el caso en sí no es tan común, sino más bien poco representativo de nuestra realidad social, donde es raro que un policía abra fuego y termine muriendo una persona.

Por otra parte, referirse al caso de los policías atacados en Calabazar y a este no, hace pensar en un sesgo informativo a favor de la policía. Hace pensar en una insensibilidad hacia la muerte de este joven, y hacia el dolor de su familia. Hace pensar que la vida de un joven marginal y negro no vale tanto para la prensa como la vida de un policía.

Pongamos ahora que haya otra explicación. El caso no se expone porque no se quiere inquietar a la población, no se quiere propagar la información sobre un hecho que puede ser explotado por la oposición para intentar generar un George Floyd cubano, o se quiere evitar un escalamiento de la situación de violencia en Guanabacoa. Esto revelaría una concepción instrumental de la prensa, que podría tener muy buenas intenciones, pero que desconoce algo fundamental: el derecho de los ciudadanos a la información. Existen formas responsables de ofrecer la información sin ser sensacionalista ni incendiario.

No obstante, aquí entra a jugar su papel otro hecho. Al día siguiente de lo ocurrido, y ante la propagación de la noticia en las redes sociales, sobre todo en la versión de los medios opositores, apareció un video en el canal del youtuber Guerrero Cubano, en la cual se narra una versión de los hechos. Toda la factura del video y el nivel de información hacen pensar que se trata de algo producido por el propio MININT o en estrecha colaboración con él, aunque esto no es comprobable. En su momento, solo este material ofreció una información más detallada de lo ocurrido.

No hay nada de malo en que aparezca este video del Guerrero Cubano. Lo que pasa es que este youtuber es solo una voz anónima que no puede ser tomado de ninguna manera como portavoz de una versión oficial. La aparición de este video no exime a la prensa cubana de cumplir con su deber.

Uno de los hechos clave de esta secuela, es la gran cantidad de periodistas y profesionales de la prensa que comparten en su Facebook la versión del Guerrero Cubano, dándole visos de versión oficial. Evidentemente, conocían el suceso y le daban importancia, incluso compartieron el video. Solo que no actuaron frente al hecho como periodistas cumpliendo con su deber social.

Vale la pena decir además que el video de Guerrero Cubano tiene varias cosas cuestionables, como criminalizar al joven al sacar a la luz su historial delictivo. En general, el video está pensado para predisponer al público contra el joven muerto. Todo lo que dijo el Guerrero Cubano puede ser verdad, pero eso no nos justifica para cortar nuestra empatía con el joven fallecido e investigar lo que le pasó.

En general, el video en sí y la reacción de los periodistas oficiales, y otros ideólogos que no son periodistas, fueron una respuesta de “Ley y Orden”. Es decir, una respuesta de posicionamiento contra el joven, por ser de origen y conducta marginal, y a favor de la policía como sostenedora del orden. Esta es una reacción, desde el punto de vista moral, conservadora y de derecha. Ha sido siempre la derecha la que ha portado el estandarte del Orden como uno de sus principales lemas. En un país que se precia de ser socialista, era de esperar que periodistas, funcionarios e ideólogos tuvieran más empatía hacia un joven negro, de barrio humilde, en cuyo desarrollo psicológico y conductual seguramente influyeron todas esas desventajas sociales. Que respondan desde una postura de “Ley y Orden” (lo cual además se ve en la diferencia con el tratamiento que se le dio al caso del policía asesinado), es decepcionante.

Con lo que he dicho hasta ahora, puntualizo, no estoy diciendo que el policía no debiera haber realizado el disparo si su vida estaba en peligro. De hecho, no sé los detalles de lo ocurrido. Creo que un policía en peligro debe defenderse, no dejarse matar. Él también tiene una familia que lo llora. Pero que periodistas oficiales hayan compartido este video de un youtuber anónimo y no hayan hecho ni la menor nota en la prensa oficial, me parece una falta a la ética profesional. Y es una de esas cosas que cuando ocurren, es como si la realidad le diera a uno un bofetón.

También falta ética en medios y grupos opositores que oportunistamente quieren convertir a Hansel Ernesto en el George Floyd cubano. En lugar de poner en su justa perspectiva las características de la policía cubana e investigar el hecho en sí, desde el primer momento hubo un tratamiento tendencioso. Sin embargo, me molesta más lo de los periodistas oficiales, de estos medios opositores no espero nada, no espero ética, pero de los periodistas de los medios que deberían ser públicos, sí espero algo.

Pongamos otro posible argumento: los periodistas están de manos atadas, el hecho es grave, con posibles consecuencias políticas, y las investigaciones están en curso. Este argumento solo demostraría que nuestros medios no son públicos, sino que son parte de un aparato que utiliza la prensa con una racionalidad instrumental, más allá de si sus intenciones sean buenas o no. Además, los periodistas no se quedaron en un respetuoso silencio, sino que compartieron el video de un youtuber.

Agencia Cubana de Noticias comparte el video del youtuber anónimo

El tema de la lógica instrumental nos lleva a dos problemas. Uno es de carácter general y teórico, no quiero adentrarme en él, así que lo expondré muy brevemente. Por supuesto que el Estado en el socialismo debe ejercer un modelo de dominación. No obstante, sus métodos no pueden ser los mismos que los de sociedades anteriores. Existe una contradicción entre el objetivo de favorecer la formación de seres humanos críticos que piensen por su propia cabeza, con el método de una prensa verticalista e instrumental.

Un segundo problema es de naturaleza práctica. Supongamos que, desde el punto de vista de quienes instrumentalizan la prensa, el modelo sovietizado de comunicación es efectivo socialmente. Supongamos que crean que mantener el secreto es efectivo para evitar la subversión enemiga, o explosiones sociales espontáneas. En ese caso, es hora de darles una noticia: no está funcionando. Gracias a las redes sociales, una gran cantidad de personas se enteró de lo ocurrido. El mismo hecho de que haya tenido que aparecer el video del Guerrero y haya sido compartido por tantos periodistas, es muestra de que el secreto ya no funciona y hay que salirle al paso a la desinformación.

Entonces el viejo modelo no está funcionando. ¿Qué mejor manera que salirle al paso a eso que con una nota en los medios oficiales? Ante las nuevas circunstancias de una sociedad cada vez más digitalizada, en lugar de llevar adelante un nuevo modelo de comunicación, lo que hacen es poner un parche.

La manera en que se suceden los acontecimientos me hace pensar que están enfocando la batalla informativa en compartimentos estancos. Que se sienten fuertes en el hecho de que un gran porciento de la población cubana solo se informa por los medios tradicionales, y mantienen allí un modelo sovietizado. Mientras que, por otra parte, en las redes sociales, desarrollan campañas de enfrentamiento como esta que ha comenzado el Guerrero Cubano.

Al hacer esto, están mostrando a la sociedad digital, sin ningún tipo de velo, la instrumentalización de los medios y la ausencia de carácter público de estos. Lo cual tiene un costo político, que hoy puede ser pequeño, pero nadie sabe cómo será en el futuro. Porque se están amarrando a los resortes de una sociedad analógica, en un contexto en el que el peso de la sociedad digital cada vez será mayor. Todo esto, además, es especialmente doloroso para quienes hayan creído de buena fe que la Constitución de 2019, y la nueva política de comunicación, marcarían un cambio a este respecto.

Para terminar, vale la pena decir que todo esto se enmarca en una decadencia ética del terreno comunicativo. Está consolidándose un entramado de medios digitales y cuentas falsas en las redes sociales, que se dedican a atacar a los enemigos rebajándose al mismo nivel que los peores entre ellos. Ya no se trata solo de PostCuba, ahora también debemos sufrir cuentas como la de un tal Mauro Torres, que al parecer quiere emular a Otaola.

Uno a veces se siente tentado a pensar: «No, esto tiene que ser una fabricación para dañar a la Revolución». Pero cuando vemos un artículo de PostCuba compartido en el Facebook de la Asamblea Nacional del Poder Popular, o que Mauro Torres haya sido junto a Guerrero Cubano, de los primeros en ofrecer información privilegiada sobre lo ocurrido en Guanabacoa, uno se desengaña.

Este Mauro Torres se ha dedicado a publicar artículos descalificadores sobre Mónica Baró, que deberían provocar la repugnancia de todo revolucionario. No bastaba con decir que el medio en el que ella trabaja es financiado por la NED. Al parecer, era necesario también sacar a la luz su historia médica, sus problemas de ansiedad, y también su vida amorosa. No solo la de ella, sino la de varias personas. Este es el mismo que nos quiere contar qué pasó realmente cerca de la línea del tren de La Lima.

De más está decir, que la Revolución no necesita esos métodos para defenderse. ¡Con lo fácil que la luz de la verdad destruye las mentiras, las campañas de odio, las bajezas! En fin, esta es una historia de decadencia ética, que si no es atajada, nos arrastrará de cabeza al abismo.