Marx tenía razón, los comunistas no

Foto: Denkrahm via Flickr

Por: Rainer Ricardo

Hay dos formas en que se puede leer el trabajo de Karl Marx. Primero, podemos mirar la rama económica de El Capital para ver a Marx como el historiador del materialismo dialéctico. En esta perspectiva, Marx argumenta que el desarrollo histórico de las condiciones materiales de existencia, en relación con la apropiación de los medios de producción, ha seguido una evolución teleológica en diferentes etapas históricas de desarrollo: 1) comunismo primitivo; 2) esclavitud; 3) feudalismo; y 4) capitalismo. Luego, sigue el argumento al indicar otras dos etapas dentro de un sistema comunista (inferior y superior). La primera etapa está asociada con el socialismo, tal como lo entienden los marxistas-leninistas, y se considera una etapa de transición que conducirá a la segunda y última etapa del desarrollo: el comunismo científico.

En esta última etapa histórica, volvemos a la comunidad, como el polvo bíblico de donde venimos, pero con las herramientas morales y tecnológicas que pondrán fin a la alienación de las personas bajo una dictadura proletaria. Es importante recordar que Marx estaba investigando sobre la primera crisis capitalista en Inglaterra y argumentó que la crisis es inherente al sistema capitalista. ¿Por qué? Por el proceso dialéctico; es decir, cada sistema político crea sus propias contradicciones internas. Desde este punto de vista, el sistema capitalista está produciendo continuamente las fuerzas que en algún momento de su evolución lo destruirán. Entonces, en una perspectiva marxista, el fin del capitalismo conducirá a una nueva etapa de desarrollo, una etapa de transición, que abrirá la puerta a la revolución científica y humana final. Este es el camino marxista hacia el fin de la historia.

Todavía hay otra forma de leer el trabajo de Marx; digamos una forma más política de leer a Marx. En el Manifesto Comunista, Marx está llamando a todas las fuerzas proletarias del mundo a unirse y emanciparse, es decir, acelerar el proceso de desarrollo humano en la sociedad. Y es precisamente aquí cuando todo se derrumba. La comprensión de Marx de la historia, la política y la economía se basaba en un enfoque naturalista de la actividad científica, como todos los demás lo hicieron en esos tiempos. Mientras criticaba a otro naturalista, Sr. Adam Smith -quien había estado argumentando desde el siglo XVII que el mercado era una fuerza sistémica natural que empujaba a las personas a perseguir sus intereses egoístas- Marx estaba creando otra «verdad» científica sobre la realidad social. Sin embargo, lo más interesante es la idea de la emancipación como una forma de romper el orden social y establecer uno nuevo de transición.

Al traer de vuelta la revolución, Marx va contra el flujo natural del progreso y la historia. Marx, el historiador del materialismo, tenía razón. Le fue bien al explicar las contradicciones del capitalismo y mostró el camino a mejores condiciones laborales para una gran cantidad de trabajadores en todo el mundo. Claro, tuvieron que luchar por eso, pero esto no está en contradicción con la teoría de Marx, que ve la «lucha» como el motor de la historia. Marx no vivió el tiempo suficiente para ver por sí mismo cuánto tenía razón. Las condiciones que disfrutan los proletarios hoy en día en los países desarrollados son mucho mejores de lo que eran en el momento de la investigación de Karl Marx en el siglo XIX. Se ha avanzado mucho en este asunto, no globalmente, pero seguramente en los países capitalistas más regulados y desarrollados, como predijo Marx. El sistema capitalista seguramente está tratando de responder efectivamente a su propia contradicción interna y esta es en sí misma una evolución positiva para los proletarios de todo el mundo. Claro, no hay una tendencia global, pero mucha agua tiene que pasar por debajo del puente. Incluso los capitalistas ven el bienestar de los trabajadores como un factor principal en términos de productividad humana. Las empresas capitalistas de todo el mundo se vuelven cada vez más conscientes de estos problemas para mantenerse competitivas en un mercado libre, que es solo «libre» en su conceptualización teórica. En realidad, el mercado está regulado.

Si Marx tenía razón, entonces los comunistas están equivocados. Podemos señalar dos razones. La primera es que los comunistas realmente creen en el fin de la historia de la misma manera que los cristianos creen en la vida después de la muerte. ¡Pero esto no es ciencia! Si tomamos en serio la ciencia, tenemos que hacer preguntas sobre la tesis de Marx: cada sistema produce sus propias contradicciones internas. Entonces, ¿cómo es posible que los comunistas no reconozcan las contradicciones internas del sistema que construyeron y apoyan? La respuesta a esta pregunta nos lleva a la segunda razón: mitificación teórica. Los comunistas están equivocados al pensar que una teoría podría convertirse en una ideología poderosa y conducir al fin de la historia. Sin embargo, las teorías son mapas cognitivos que crean significado al seleccionar varias cosas de una realidad compleja. Es por eso que las teorías generalmente están plagadas de defectos. Entonces, aquellos que mitifican la teoría marxista están ignorando esos defectos y, al hacerlo, están construyendo sistemas políticos plagados de los mismos defectos inherentes a la teoría. En el proceso, la sociedad se convierte en el laboratorio social dentro del cual algunos humanos, aquellos que poseen poder político, hacen experimentos sociales con otros humanos, en su mayoría sin poder.

Para que los comunistas tengan razón, deben entender una cosa simple: una teoría social no puede sobrevivir a la mitificación ideológica. Las ideologías no permiten la contestación. Entonces, cuando los comunistas hacen lo que normalmente hacen, van en contra de la tesis de Marx de la «lucha» como combustible del progreso y el desarrollo. Además, la actividad científica es el producto de una eterna «lucha» entre explicaciones distintas sobre el mundo en que vivimos. Sin la posibilidad de contestación, sería imposible tener un progreso científico de ningún tipo. Es por eso que las teorías sociales deben respetar el principio de falsificación. Si los comunistas entendieran esto, seguramente serían más receptivos a las ontologías y epistemologías alternativas que provienen de la sociedad y renunciarían más fácilmente al espíritu dictatorial del estado socialista.

Sin embargo, la mitificación no es exclusiva de los comunistas. Liberales, postmodernistas, conservadores, todos rezan en algún templo su religión. Y para la mayoría de nosotros, la ciencia se ha convertido en la nueva religión. Es nuestro opio moderno. Y, sin embargo, la ciencia se basa en «herramientas», no en «verdades». En este asunto, soy otro tipo de cristiano. Realmente creo en la ciencia, pero como un «kit de herramientas» que me ofrece diferentes «instrumentos» para enfrentar la realidad. Como herramientas, las teorías no son narrativas competitivas sobre lo que la realidad es y debería ser, sino complementarias. La pluralidad da lugar a un sistema de rendición de cuentas (checks and balances) en términos de conocimiento y poder. Y tenemos que adoptar la pluralidad para aceptar plenamente la complejidad del mundo, así como nuestros propios prejuicios. Si no, produciremos y reproduciremos el mismo orden social que intentamos cambiar tan radicalmente.

Aquellos en contra de una sociedad dividida en clases se convertirán progresivamente en una clase opresora cuando se mantenga el poder político. Los que están en contra del dogmatismo se volverán dogmáticos al tratar con ideas que van en contra de su sistema de creencias. Entonces, los comunistas están equivocados cuando creen que, un día, se establecerá una «verdad» suprema para siempre. Pero esto escapa a la imaginación humana.