La cultura de agresividad contra Cuba

Por: Esteban Morales

El 30 de abril de este año 2020, con alevosía y nocturnidad, un individuo de origen cubano hizo fuego con un fusil AK-47 sobre nuestra embajada en Washington. Existiendo antecedentes de actos en que diplomáticos cubanos han perdido la vida en los propios Estados Unidos.

La línea de argumentación, con que nuestro Canciller Bruno Rodríguez Parrilla, en la posterior conferencia de Prensa, critica al Gobierno de los Estados Unidos, es de un lógica férrea, impecable e implacable. Es que la lógica de nuestro canciller tiene su base, en la historia de cómo ha sido la actitud y política del gobierno de los Estados Unidos en sus relaciones con Cuba.

En el año de 1958, ya el presidente Eisenhower, hacia planes para frustrar el triunfo de la revolución cubana. Había infiltrado las filas revolucionarias, con varios agentes de la CIA, trabajando desde dentro, para evitar a toda costa que la revolución llegara al poder. Ante el fracaso, ya en 1959, se estaban fraguando en la oficina de la Casa Blanca, los planes para asesinar a los líderes de la revolución: Fidel, Raúl y El Che.

Se trata de una historia muy larga hasta hoy, que después de más de sesenta años, no ha dejado de contener las mismas intenciones. Miles de actos de terrorismo desde el propio año de 1959. Asesinatos, bandas terroristas en el Escambray, asaltos a poblados costeros, la invasión por Giron, Plan Mangosta, ataques a nuestras sedes diplomáticas, intentos de invasión a Cuba, ataques biológicos, y otros.

Todo lo cual se ha complementado con las agresiones radiales, televisivas e ideológicas en general. Las acciones abiertas y encubiertas contra Cuba, tienen un largo expediente imposible de abarcar. Las pérdidas de vidas humanas se cuentan por miles y las materiales por cientos de miles de millones de dólares. Entonces, ¿Cómo no tomar en cuenta todas estas acciones de la política norteamericana, durante más de 60 años?

No se trata solo de agresiones y mucho menos aisladas. Trátase de que las administraciones norteamericanas, al permitirlas e incluso planificar muchas de estas acciones contra Cuba, han contribuido a generar una cultura, en la que agredir a Cuba cuenta siempre con el apoyo del gobierno estadounidense. O qué es el bloqueo, sino tratar de generar alrededor de Cuba un cerco internacional para impedir que nuestro país, logre ocupar el lugar, que, por derecho propio, le corresponde en las relaciones internacionales.

Del mismo modo en que Cuba ha sido siempre vista, en la cultura política norteamericana, como parte del territorio continental de los Estados Unidos; así también, todo lo que se ha hecho contra Cuba se justifica, siendo esa la cultura que todas las administraciones norteamericanas han pretendido mantener y alimentar con relación a Cuba.

Es decir, que agredir a Cuba, ha llegado a formar parte de la cultura política de ciertos sectores dentro de la sociedad norteamericana y prácticamente todas las administraciones de Estados Unidos. Por supuesto, que hay mucha gente, tanto fuera como dentro de los Estados Unidos que no aceptan o comparten esa lógica agresiva. Pero por muchos años, las administraciones norteamericanas, se han encargado de crear los grupos que la sustentan. Tanto dentro de la comunidad cubana en los Estados Unidos, como entre sus aliados a nivel internacional y en algunos sectores de la sociedad norteamericana, en particular dentro del partido republicano y otros sectores que se identifican con los intereses de una política agresiva contra Cuba.

Cuando Trump llega a la presidencia, se encuentra con que la lógica agresiva para tratar a Cuba está muy deteriorada. La administración Obama había contribuido a cierto desmontaje y logró avanzar en relaciones positivas. Por lo que trata entonces, de reconstruirla a partir de su discurso de toma de posesión en Miami, recibiendo el aliento de los sectores más agresivos y reaccionarios dentro de la comunidad cubana en los Estados Unidos.

Desde entonces, Trump se compromete a dar marcha atrás a todo lo que con la administración Obama se había logrado avanzar. Volviendo a canones de agresividad, existentes antes de Obama, e incluso más atrás. Por lo que el asalto de abril de este año contra la embajada cubana en Washington, D.C. se puede considerar como parte de esa revitalización de la cultura de la agresión contra Cuba, por demás, claramente alimentada por la política agresiva de Trump contra nuestro país.

Trump o Pompeo, no pueden dar respuesta a las preguntas formuladas por nuestro Canciller, porque tendrían que atreverse a negar un conjunto de argumentos históricos, irrefutables, lo que solo les haría caer en el ridículo. Sobre todo, porque lo que señala el Canciller, ha formado parte de los discursos más estúpidamente agresivos, por parte de ambos.

Es que la administración de Donald Trump, está agarrada en una trampa, alimentada por su propia actitud de agresividad contra Cuba, que un conjunto de grupúsculos y personalidades contrarrevolucionarias, como Marco Rubio, Díaz Balart y otros de poca monta, financiados, utilizan, sintiéndose parte de una política, que los apoya y les concede “sotto voce”, el derecho de realizar acciones contra Cuba que saben tienen el apoyo de Trump y su administración.

Por eso, nuestro Canciller despliega esa lógica, en que se sabe que el propio ambiente creado por la administración Trump, genera y apoya, acciones contra Cuba, como lo ha sido el atentado a la embajada.

Por lo que es posible asegurar, que mientras Trump esté en la Presidencia, son esperables acciones de ese tipo, tanto dentro, como fuera de Estados Unidos. Debiéndose contar también, con el estímulo que ello representa para gente, que habiéndose sentido sin empleo, quieran volver a utilizar la actividad contrarrevolucionaria, como lo que ha sido siempre, un modo de enriquecerse haciéndole daño a Cuba.

Trump no se cansa de acusar a la isla, ahora la vuelve a llevar a la lista de países que no colaboran con la lucha contra el terrorismo. Pompeo, por su parte, no puede hacer más para tratar de desprestigiar la labor médica internacionalista y solidaria de Cuba.

Por lo que nuestras embajadas en el exterior y otras misiones internacionales, como nuestras brigadas médicas en particular, deben cuidarse mucho, para no ser objeto de esos actos terroristas, a los que la administración de Trump, tratan de crearles el contexto más favorable posible.