Martí y la catequesis del Granma

Por: Yunior García Aguilera

Ernesto Estévez Rams vuelve a motivarme a escribirle, luego de su polémica «silla voladora«. Esta vez, el Granma publica una visión particular del autor sobre la frase martiana «con todos y para el bien de todos».

Es un derecho legítimo de Estévez Rams exponer públicamente sus opiniones. Si hubiese un decreto que le reprimiera esa libertad, yo me opondría decididamente. También es un derecho de Granma sostener su línea editorial, aunque a algunos nos parezca cada vez más fosilizada y ajena a la diversidad que caracteriza la expresión del pensamiento en la Cuba de hoy.

En mi opinión, el texto de Rams abunda en contrasentidos. Expone al inicio una visión martiana que luego intenta reducir y ajustar a su propia postura ideológica. El autor trilla la obra del Apóstol y escoge, para formular su tesis, solo la parte que le resulta cómoda.

El singular liberalismo republicano de Martí, lo hizo echar su suerte con los pobres de la tierra. Y en sus críticas a la idea socialista casi siempre mostró su empatía con políticas que atendieran las demandas de los más humildes. Pero NUNCA ignoró los peligros del funcionarismo autocrático.

En su artículo, Estévez pretende dividirnos en tres castas: los iluminados que trabajan «para el bien de todos»; los adeptos a «vilezas» que deben ser excluidos; y los que debemos hacernos a un lado para no «estorbar» a los primeros.

¿En qué casta ubica Rams a los monopolios de la Cuba actual, a la «ocupación privilegiada y pingüe» de ciertos funcionarios, a los que aspiran a reducirnos a «siervos silenciosos del Estado»?

Afortunadamente, a nuestro Martí no hay que traducirlo desde el hebreo, el arameo o el griego. Su obra no está encriptada en un lenguaje hermético que nos haga depender de eruditos o iluminados evangelizadores. TODOS tenemos la posibilidad de acercarnos a sus textos y llegar a conclusiones propias.

Por suerte, nadie ha sido designado por poderes celestiales para decidir quienes caben o no en ese «con todos» que definió el Apóstol. Y tampoco nadie, ni Rams ni el Granma, logran convencernos de desistir en nuestro derecho de expresar lo que entendemos como «el bien de todos».

La República que soñó Martí, también fue imaginada contemplando una puesta de Sol. Y a esa NOCHE oscura, pero profunda, compleja y diversa, también le llamó Patria.