Allá ellos

Por: Mario Valdés Navia

La Joven Cuba lleva una década en el ciberespacio como un blog de la izquierda crítica, caracterizado por una moderación flexible que admite comentarios de diversos perfiles ideológicos. Sus posts se cuentan por miles, los comentaristas por decenas de miles, y millones la han leído y compartido en diversos soportes.

Si hurgando en toda esta trayectoria alguien encuentra algún texto donde se hayan asumido posiciones contrarias a la Revolución, afines al bloqueo a Cuba, o que llamen al derrocamiento del gobierno cubano, debería denunciar el caso ante la fiscalía para que el autor, y el medio, sean procesados según las leyes de nuestro Estado Socialista de Derecho.

Si ciertos textos que se publican en ella plantean tesis ideo-políticas que molestan a alguien en particular, existen ya suficientes espacios para el debate de ideas discrepantes –entre ellos, la propia LJC− donde dirimir controversias de este tipo. Pero hay algunos que huyen de las controversias en igualdad de condiciones y prefieren asumir posturas de supuestos veladores de la fe revolucionaria. Incluso intentan contraponer a LJC con su principal inspirador: Antonio Guiteras, creador de LJC original.

A esos les recuerdo que Guiteras fue un revolucionario antimperialista, defensor del socialismo –nunca del estalinista, por supuesto−, y de la lucha armada popular, que el PC de su época combatió hasta la saciedad tildándolo de socialfascista y represor del pueblo.  Con su negativa a pactar con él para enfrentar a la reacción desbocada, aquel partido comunista se unió al acoso a que lo sometieron la oligarquía y los militares de Fulgencio Batista hasta matarlo en combate en el Morrillo matancero. ¿Acaso esos acosadores de LJC desconocen esos hechos?

La verdad verdadera es que en la Cuba de hoy se ha conformado una tendencia de izquierda –aún abigarrada e inconexa-, aspirante a reformar el modelo socialista cubano para hacerlo más democrático y libertario, que encuentra en LJC uno de sus medios de expresión. Si los que colaboran en ella son pocos aún, por múltiples razones, los que la leen, comparten y debaten sus publicaciones son muchos, y cada vez más.

Claro que espacios como este tienen que molestar a los que pretenden seguir monopolizando la opinión y los sentimientos de izquierda de la mayoría  del pueblo cubano. Ese grupo de escribidores, que aprueba cuanto haga el Estado/partido, aun cuando las medidas recientes puedan negar lo que defendían a grito pelado hasta el día anterior, está desconcertado. De ahí que apelen al viejo repertorio de calificativos aplicados a todo tipo de disidencia al poder constituido en cualquier lugar y época: traidores, herejes, disidentes, servidores de potencias extranjeras, mercenarios

Solo que, sin evidencias ni argumentos confiables, su rosario de infamias se vira, una y otra vez, contra ellos. En la Cuba revolucionaria y socialista de hoy esos autoproclamados censores solo sirven de lacayos al grupo hegemónico que pone trabas a la aplicación de muchas de las reformas necesarias para flexibilizar la economía cubana y sacarla de las mordazas del estatismo que la han llevado al marasmo actual. Eso que el pueblo llama con razón: el bloqueo interno.

La falacia de identificar la propiedad socialista con lo estatal y negar espacios al empoderamiento real de los colectivos laborales y los municipios, la cooperativización verdadera –no la de las UBPC, por favor!−, las pymes y la inversión de capital cubano; ha llevado al grupo de poder hegemónico a convertirse en el freno principal para la realización de transformaciones plasmadas en documentos que fueron discutidos y consensuados por la mayoría del pueblo, como los Lineamientos, la Conceptualización y la Constitución 2019.

En LJC se insiste en defender esos temas y otras causas afines, como el empoderamiento ciudadano, la igualdad racial y de género, el cese del maltrato animal, el fin de los desmanes en que incurre la prensa constantemente y las decisiones administrativas y judiciales que violan derechos fundamentales de los ciudadanos. Si esto molesta a los que deciden aclamar, sin pensar antes con cabeza propia: allá ellos.

Sería bueno recordarle a esos fanáticos de los de arriba algunas tesis del filósofo matancero Fernando Lles (1883-1949). Él defendía la necesidad de la suspicacia, de la duda científica —a la que denominaba malicia—, para hacer ciencia y política verdaderas. Contrario a la falta de ética de los políticos de oficio a lo largo de la historia, demolía con su ironía a los demagogos, pretendidos sabios omniscientes, y a sus seguidores: los creyentes. Para él:

Todos los retardatarios y perezosos mentales son creyentes. Un credo es el mejor de los lechos para dormir a pierna suelta, con la simplicidad de un bienaventurado. Sospecha, si quieres conocerte; malicia, si quieres superarte. […] Cultiva la suspicacia, por oposición a la fe […]  Deja para esos santos varones de la  omnisciencia, en los que el talón de Aquiles se prolonga hasta el occipucio, la beatitud de su fe. Allá ellos.[1]

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

[1] Año 1, no.  15,  nov.  1927,  pp.  62-63. en DVD Revista de Avance. Edición multimedia, Ediciones Cubarte, 2015.