El centro del debate

Por: Miguel Alejandro Hayes

El primer error lo cometió Boris Fuentes. Luego, toda la cadena de técnicos y censores, directores de noticiero, directores de canal. El material que se publica en el NTV pasa por muchas manos.
¿No había censores y un equipo de numerosas personas que revisaran el reportaje? Lo dudo, porque cortaron un beso gay de una película comercial norteamericana en horario no estelar. Pero si de verdad no lo tienen, deberían. Un presidente necesita un equipo de comunicación política que cuide y que seleccione cuidadosamente lo que se transmite de él, más en un momento así. Entonces, he ahí el primer grupo de responsables del escándalo con la declaración sobre limonadas y guarapo.
El segundo, lo encabeza el presidente y todo su equipo de trabajo. Sí, el equipo, porque un presidente tiene un equipo de gente que lo asesora directamente. Él debió tener en cuenta que sus discursos, ante todo, se recepcionan como propaganda política. Una prensa donde cada mensaje va acompañado de un mensaje cosmovisivo marcadamente político (postura a favor de la revolución cosificada en el gobierno), no puede transmitir una intervención presidencial como otra cosa. Eso hizo que, se quiera o no, fuera visto de esa manera.
De ahí que, el mensaje que se espera, a esta altura, no es de limonadas y guarapos. Lo esencial para la conformación de expectativas que ayuden a salir adelante de la Crisis dentro de la crisis que se atraviesa: un mensaje de aliento, no puede ser del orden de los refrescos. Es imprescindible generar una nueva imagen del mundo, que muestre algo favorable por lo que trabajar, para superar esto. Las palabras del presidente no fueron de aliento. Él encabezó una reunión más, donde un problema menor recibe atención. En pocas palabras, los modos de apropiación del discurso político, la lógica de semantización y contextualización habitual, le jugó en contra.
Por otro lado, el presidente habló como si fuera un cubano en la mesa de su casa, debatiendo un asunto común. Su tono campechano, virtud que no debería cambiar y que es algo que sí juega a su favor, condicionó su tono coloquial para referirse a una oferta muy específica ausente de los mercados cubanos.
Claro está que para un ingeniero eléctrico la limonada no es “la base de todo” ( más allá del papel del ácido cítrico en la respiración celular). Se trata una manera de señalar la necesidad de aprovechar el limón, a partir de utilizar absolutizaciones típicas del discurso cotidiano, porque todos conocen qué quiso decir, y que se refería a algo muy particular. Sabiendo los espacios para la descontextualización, a todo el equipo presidencial le correspondía prever.
Pero eso es sólo desde el punto de vista comunicacional. La gestión de una crisis exige que se vaya a los temas medulares. Jugos y pizzas son algo más que todo el sistema de cosas a resolver y que, según la lógica de autonomía defendida incluso oficialmente, debería ser competencia de los poderes territoriales. La máxima dirección del país no puede entretenerse, ni mediática ni ejecutivamente, en las tareas que las autoridades y funcionarios locales no han cumplido. Le corresponde generar, al menos idear (incluso su puesta en escena) respuestas a las trabas esenciales. Hay muchos rubros de la producción nacional que urgen ahora mismo ser rescatados para garantizar el consumo de los ciudadanos. Perder eso de vista es el gran fallo.
Mientras tanto, se siguen dando razones para que el centro del debate esté bien lejos del centro de los problemas.
El desabastecimiento ya está aquí.
Tomado de: Trinchera Abierta