Martí con los pobres de la tierra

Foto: Bernhard Stärck via Pixabay

Por: Giordan Rodríguez Milanés

Este texto provocará reacciones vehementes y puede ser considerado uno de los mayores dislates del autor, pero ser libre es expresar lo que se piensa, aun a riesgo del ridículo o la peor argumentación. El consenso de los estudiosos es que Martí no fue un conocedor profundo del marxismo en tanto Teoría del Conocimiento. Tampoco yo lo discuto. Al referirse a Carlos Marx, el propio Martí dice: “La Internacional fue su obra”, o sea, esa era la referencia que tenía, la actuación meramente política. Que no muestra, ni podía mostrar, la genialidad científica del filósofo.

Porque si desde la actualidad entender la obra de Marx sólo en su dimensión de la praxis sociopolítica, o sea, de la ideología política, es sesgarla tendiente a una u otra postura antagónica, también lo es la intención de atribuirle a José Martí una interpretación profunda y acabada del marxismo en aras de manipular la opinión pública a favor o en contra de una u otra postura.

Cualquier referencia que Martí tuviera de Marx, por heurística que fuera, debió relacionarlo al filósofo con las luchas de los explotados contra los explotadores. Lo demuestra la tantas veces citada nota que escribe sobre la muerte del alemán: “Karl Marx ha muerto. Como se puso al lado de los débiles merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño y arde en ansias temerosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blanco al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros”(1).

Cabría pensar que Martí no estuviera de acuerdo con el método de la lucha de clases, o que confundiera la fundamentación teórica de la  lucha de clases con “el bárbaro evangelio del odio”.(2) Nada más apetecible para los oligarcas y opresores –y sus corifeos desclasados-  que un Martí que reduzca, a la mera manifestación del rencor, el derecho de los oprimidos de librarse de la explotación del modo que sea.

Pero: ¿Acaso sería lógico pretender que el hombre que, de niño, tembló de indignación antes las injusticias vistas en Hanabanilla, no entendiera la legitimidad de la lucha de los desposeídos aunque, como sujeto social forjado en el humanismo decimonónico, prefiriera un camino sin echar a los hombres sobre los hombres? Yo digo que no es lógico. Y lo demuestra el hecho de que Martí jamás quiso buscar una solución diplomática ni conciliada con el opresor español. ¿Por qué habría de esperarse de él una solución conciliatoria entre los pobres de la tierra con quienes quiso echar suerte y aquellos que propician “el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros”?

¿Es que Martí, su obra y vida, demostraron fuera tan “light” como para pretender que les llamara “bestia” a quienes se ponen al lado de los oprimidos, en franca oposición al camino que él mismo ha escogido con La Guerra Necesaria? Evidentemente para Martí “bestia” es quien oprime, quien explota, quien forja el bienestar propio sobre la base de la miseria ajena, y usa su poder económico y autoridad política para perpetuarse. Tampoco es lógico pensar que Martí, aun sin conocer en profundidad lo que denominaran marxismo, entendiera tal abestiamiento en un hombre de quien escribe: “Karl Marx estudió los modos de enseñar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos” (3)  o “Él {Marx} veía en todo lo que en sí propio llevaba: rebeldía, camino a lo alto, lucha” (4). Semióticamente “lo alto” en Martí, significa “lo justo”, “lo bueno”.

Ahora bien, en 1880, cuando publica la nota a propósito de la muerte de Karl Marx,  Martí ya está conspirando. Y todo buen conspirador muestra sólo una parte de sus propósitos. Martí se ha dirigido a Gómez (20 de julio de 1880) y le ha informado de los trabajos en la organización de la insurrección, y ha solicitado de éste su adhesión y consejo para oponerlo a quienes “favorecen vehementemente la adhesión de Cuba a los Estados Unidos” (5). Con similar propósito envía cartas a Flor Crombet y a Antonio Maceo. En una de estas misivas habla de “las necesidades prácticas, del partido revolucionario”(6). O sea, ya en 1880 Martí tiene clara la idea de un partido que aglutinara en el propósito independentista a todos los cubanos posibles, y ya había identificado a aquellos que pretendían la anexión a los Estados Unidos, y la necesidad de no permitirla sin renunciar a la participación de esos cubanos, ni de ningún otro.

(Puede interesarle: Martí y el Socialismo)

Lo mismo que Marx es un ser político y, como tal, escribe El Manifiesto Comunista en aras de aprovechar la fuerza telúrica que para la Revolución constituiría el sufrimiento histórico de los desposeídos, Martí también es un ser político que pretende aprovechar lo mismo pero no en una dimensión clasista, como aquel, sino patriótica y nacionalista. No puede desdeñar la incipiente burguesía criolla y patriota, ni siquiera puede darse el lujo de no aprovechar para su causa al sujeto liberal  capitalista estadounidense.  Pero  ya  dirá que ha de estar en la Patria la justicia “tan alta como las palmas” (7).

¿Habría de conformarse con una república en la cual un grupo concentrara las riquezas del trabajo honrado en detrimento de las mayorías? Yo digo que en el ideal “con todos y para el bien de todos” está implícito el derecho que todo ser humano tiene a, una vez agotadas todas las vías razonables de equilibrar las libertades, irse a las armas para conquistarlas si el opresor no dejara margen a ninguna conciliación. ¿Y qué es una revolución proletaria, clasista, si no la ruptura violenta con la utópica esperanza de conciliación con la burguesía? Y en circunstancias tales no veo a Martí al lado de los oligarcas o sus corifeos, sino al lado de los desventajados y oprimidos.

En 1891 Martí expresaría: “El necio desdeña la riqueza pública, o pretende mantener la riqueza de unos sobre la miseria de los demás”. Nada más cercano al pensamiento político de Marx que no quiere decir, de ningún modo, que un José Martí estadista hubiera asumido el marxismo como ideología política o la lucha de clases como estandarte de la búsqueda de su perpetuidad en el poder. Especular sobre tales y adjudicarle presumibles etiquetas cercanas a las praxis “marxistas” del siglo XX es ofender profundamente su memoria y su legado.

Pretender que un Martí reconocedor de la legitimidad de la lucha de los explotados contra los explotadores, hubiera sido favorecedor de la perpetuidad de una nueva clase totalitaria y burocrática es un dislate e indignidad propia de quienes así lo manipulan. Tanto como de aquellos que pretenden ubicarlo en una posición de antagonismo con la dimensión libertaria que el marxismo posee y que, aun, no hemos sabido llevar a la praxis política en nuestro pueblo.

  1. Nota sobre Karl Marx, En: Diario “La Nación”, marzo 29, 1883. Reproducida en : Martí Pérez, José. Obras Completas. Tomo IX. 1963.
  2. Idem
  3. Idem
  4. Idem
  5. Carta de José Martí a Máximo Gómez, 20 de Julio de 1880, es Obras Completas, Tomo 6.
  6. Carta de José Martí a Antonio Maceo. Idem.
  7. Discurso “Con todos y para el Bien de Todos”.

Para contactar con el autor: grmilanes@gmail.com