Por algún sitio

Foto: @Mehaniq via Twenty20

Por: Marcos Paz Sablón

Se los vinieron a llevar en  cuatro guaguas azules. Estaban concentrados ya, en el punto dispuesto. Por la mañana una comisión de médicos y epidemiólogos pasó por sus casas, los notificó. Eran tantos.

A la hora dispuesta -a eso de las ocho y pico, cree recordar Alina- las guaguas azules comenzaron a llevárselos a una casa de visitas climatizada en la costa. Horas más tarde, autoridades del Ministerio del Interior y del Consejo de Defensa Provincial de la ciudad de Matanzas colocaron barreras físicas en las dos entradas del reparto.

Al levantarse, Alina Bárbara López Hernández se levantó en un país otro.

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El día después de su cumpleaños, Rocío Salima Vilela se tomó un Alka-Seltzer para bajar el estómago a su sitio. La oración anterior es mentira. Despiertas con un dolor de barriga tremendo y dices: Alka-Seltzer. No hay. Abuelo te prepara medio vaso de agua, jugo de limón y bicarbonato.

Rocío come poco y restringido. Tiene una dieta y una rutina muy activa. Hace demasiado ejercicio, deportes. Cada vez que se celebra algo su estómago sufre. Rocío se impone una alimentación, dice, consciente. Teniendo claro qué es lo que come, qué propiedades tiene, qué le hace a su cuerpo. Se abstiene y se siente limpia. (Aunque, a veces, ansiosa. Dejar de comer carne tiene algún parecido con dejar de fumar)

¿Ya dije que Rocío es rara?

Y yo me pregunto: ¿de que te sirve tanta ejercitación aleatoria del cuerpo, tanto crossfit y Taekwondo y areobios y coreografía de reguetón si comer un poco de carne de puerco por el aniversario de tu llegada te desarregla los jugos intestinales? Medio vaso, de un trago. Leve sabor a truenos contenidos en la boca.

Ya es una niña grande, la Rocío. Dieciocho años brillantes como un penique nuevo en la cuneta. Cumplidos, por supuesto, en tiempos de pandemia. En encierro. En Cuba.

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El jueves 2 de abril el Consejo de Defensa Provincial de La Habana aprobó “la estrategia para el incremento de las medidas de aislamiento social del Consejo Popular El Carmelo, Vedado, Plaza de la Revolución”. El cierre del acceso al consejo popular -informó Cubadebate- se definió para el viernes 3 de abril a partir de las ocho de la noche.

El presidente del Consejo, Luis Antonio Torres Iríbar, dijo que solo podrían salir del Carmelo algunos residentes que resultaran imprescindibles fuera del consejo, previa extensión de un salvoconducto y del sometimiento a una prueba de detección de la COVID-19. Dijo, además, que “ningún ómnibus podrá pasar por la zona, que tendrá de cuatro a seis entradas y salidas”, y que “ se garantizará el aseguramiento de los recursos necesarios para la población residente en la zona de aislamiento”.

Alex Fleites es poeta, curador de arte, editor, crítico, guionista, periodista…y residente del Carmelo. A este cubano nacido en Venezuela el 7 de mayo de 1954 le envié un cuestionario el 7 de abril para, en la medida de lo posible, dilucidar qué estaba pasando en el Carmelo. Aquí les va, con las preguntas acortadas:

“— ¿Cómo se enteró de la noticia de que el Carmelo sería puesto en aislamiento?

—Por el noticiero de la noche. El jueves 2 dieron el anuncio.

— Las medidas anunciadas, ¿se correspondieron con la realidad?

—No. Desde el inicio hubo gran presencia de agentes del orden en las calles, pero a las personas no se les impedía transitar libremente. La policía intentaba poner orden en las colas para alimentos, e indicaba que se usara nasobuco. Una patrulla con parlante daba instrucciones para mantener el aislamiento social y observar las medidas de higiene.

—¿Alguna autoridad competente los avisó de las medidas?

—¿Te refieres a venir a las casa y explicar? No, nadie.

—Se nos ha dicho que una patrulla de la Policía Nacional Revolucionaria, y cito, “Pasa diciendo que por favor se queden en las casas”. ¿Es esto cierto?

—Sí, es cierto. Pasan aleatoriamente. Lleva el mismo mensaje que ya sabemos –y que no todos observamos: distancia entre personas, cero actividad social, desinfección constante… No viene a las casas. Es un carro con parlante.

—Se nos ha dicho, y cito, que “Yo no he visto policía aquí más allá de los que organizaron la cola del pollo.” ¿Es esto cierto?

Ha habido mucha presencia policial, de varios cuerpos y fuerzas. Los he visto cuidando cercas perimetrales que no se han activado, también deambulan. Llaman la atención a los ociosos que se encuentran en la calle, los que no usan nasobucos, los que beben en la vía pública. Su presencia es disuasoria, hasta el momento.”

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 (Marcharemos juntos en esta historia, como en la Marcha sobre La Habana, ¿recuerdas? El Caballo iba adelante, conduciendo a los otros, como mi tío Carlos, por ejemplo. Ahora nosotros también tendremos nuestra marchita, menos importante, y que no aparece en los libros de historia. ¿De acuerdo?)

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A propuesta del Consejo de Defensa Provincial (CDP)- y con la aprobación de la máxima dirección del país- el viernes 10 de abril se declaró la cuarentena restrictiva para 13 edificios del Reparto Armando Mestre, en la ciudad de Matanzas. El vicepresidente del CDP, Mario Sabines Lorenzo, explicó a la prensa que la medida “responde al propósito de mantener la salud de los habitantes de la zona ante la detección de 6 casos positivos al Covid-19 en días anteriores”.

Son once edificios aislados y dos biplantas, me aclara Alina. De ellos los vecinos no pueden salir. 308 núcleos familiares -3 mil personas. Por mensajeros les llevan los mandados, la comida, el gas, medicamentos. El CDP prevé la distribución y el abastecimiento por pasos de escaleras o mediante sogas a los apartamentos superiores.

Hablamos por teléfono. Alina B. López Hernández tiene la voz plácida, como un cangrejo en la arena. El Reparto Armando Mestre (El Naranjal), si bien no queda alejado de la ciudad, resulta fácil de aislar, dado que solo tiene dos entradas principales. Una, por la Avenida Martín Díhigo; la otra, por la Calzada del Naranjal. En ellas, dispuestas, barreras físicas. Militares haciendo su trabajo y pidiendo carnets tanto al que sale como al que entra. Si en tu carnet no dice que vivas en la zona, no entras.

El gobierno dispuso una carpa-cafetería en el reparto, donde se vende congrí, carne, cajitas de veinticinco pesos. Como en las zonas de desastre. Una opción más para los 14 mil habitantes del Reparto. Dice Alina que se había dicho de poner mensajeros a la población de riesgo, como se hizo con los aislados de los edificios. El día que hablamos por teléfono- el 10 de abril- todavía dicho sistema no funcionaba.

Hay muy poca gente en la calle, dice. Frente a su casa hay un parque infantil, vacío. Los columpios oxidándose microscópicamente. Cada cierto tiempo pasan carros con altavoces montados, proclamando las medidas de seguridad y pidiéndole a la población quedarse en casa. Ella -editora- y su esposo -investigador- no salen ya de casa si pueden evitarlo. La hija -estudiante de tercer año de medicina- se les unió el miércoles. Ahora andan quietos. Calma y tranquilidad.

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A las doce del mediodía del 6 de abril, Rocío Salima Vilela fue con su perro pinareño a buscar el pan. Cierra la puerta de su casa y sale con Membrillo, su perro sato -blanco con manchas en la piel. Al pie de la escalera el vecino y su padre parrillean carne. El humo se difunde en volutas por el cielo de Pastorita. Los dos hombres bajan vasitos de whisky escocés Clan Campbell.

— Coge— le dicen, y le alcanzan un vaso.

— Ay, no…

— Dale, dale, que ya eres mayor de edad.

La calle está vacía. Alguna que otra persona entra a la tienda que hace camino a la panadería. Membrillo, intranquilo, ladea para todos los lados. Un anciano, asoleándose como tortuga sobre un muro, le dice a Rocío que el perro es el mejor amigo del hombre.

Rocío entra a la panadería, compra, vuelve a su casa por la calle vacía. Simplemente ayudar a los padres a cocinar (ensalada fría, puerco y demás), hacer las típicas anécdotas de cuando su hermano y ella eran pequeños.

Rocío quiere subir a la azotea. Nunca lo ha hecho, en los tres años que lleva aquí. Espera a que lleguen los amigos que puedan venirse. Subir, mirar el cielo. Tener una experiencia  rara y única de cumpleaños.

Luego, el abuelo llega con botellas de vino.

Luego llega su mejor amigo y la novia.

Luego se pone a contestar llamadas de felicitación. Habla con la tía, los primos, la abuela.

Anochece. Al final se le olvida.

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El 4 de abril, el periódico Granma informó de la reunión del Consejo de Defensa Provincial de Ciudad de La Habana. En ella, su presidente aclaró que “ No se trata de una cuarentena, sino de incrementar las medidas de aislamiento en el consejo popular El Carmelo”. Además, precisó que los residentes en la zona no necesitarían salvoconducto, aunque si se habilitarían puntos de entrada y salida. Respecto al transporte público, se aclaró que continuaría funcionando, aunque se reforzarían las acciones para desinfectar las paradas.

“— ¿Cómo evaluaría usted la actitud general de la población del Carmelo? ¿Ha cambiado en algo, sobre todo en cuanto a percepción de riesgo, dada esta situación?

— Ha aumentado la percepción de riesgo, pero no lo suficiente.

— ¿Qué opina usted de las medidas que ha tomado el gobierno, tanto a nivel nacional como en la zona del Carmelo?

— Creo que lo están haciendo bien. Que lo pudieran hacer mejor. Todo es perfectible.

— ¿Cómo ha cambiado su rutina ahora que se encuentra en cuarentena?

— Trabajo en casa. Mi rutina se parece bastante a esta que llevo. Sólo extraño mis caminatas de la tarde por el malecón.

— ¿Ha salido usted de su casa luego de haberse decretado el aislamiento?

— He salido. No se pide permiso. Hubo, al parecer, una contraorden, dictada por la realidad objetiva. El tema de los abastecimientos precarios no calza con el total aislamiento. Se espera que todo esto cambie drásticamente.

— Una vez enterado del aislamiento, ¿Qué hizo en el margen de tiempo entre el anuncio y la puesta en efecto de la medida?

— Salir a comprar víveres. Sin éxito. Larguísimas colas.

— Estamos en tiempos de infodemia. ¿Cómo ha reaccionado la gente en el Carmelo ante las medidas?

— No puedo hablar por “la gente de El Carmelo”. Yo me informo por la TV y por Internet. Hay más información de la que puedo digerir.”

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(Si esto fuera una obra de teatro, fuera así:

Se abre el telón.

Tres personas. Una revisa su teléfono. Otra lee el periódico. La tercera mira al público, distraída.

Cae el telón. Se abre el telón.

Tres personas, cada una con un nasobuco.

Cae el telón. Se abre el telón.

Tres personas. Una tiene el nasobuco al cuello. Otra tiene el nasobuco en la cabeza.

La tercera ya no está)

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En el Reparto Armando Mestre había, hasta el 22 de abril- según informó el periódico Victoria de Girón en reportaje publicado ese día- 7 casos confirmados con coronavirus, 4 altas y 3 ingresados. En el Reparto hay pesquisas activas, 3 consultorios y una posta médica las 24 horas. “Si no se reportan nuevos casos terminaría el período el próximo 28 de abril”, afirmó el Victoria.

Hablé con Alina por última vez el 28 de abril. Siguen en cuarentena restrictiva, dice. Alina cuenta que todo se les complica porque están relativamente alejados de las zonas céntricas de la ciudad, donde están los comercios principales. Al no haber transporte ni abastecimientos suficientes en el reparto, hay que caminar bastante para llegar a comprar. Cuando se tiene suerte, dice.

Otros servicios, como la venta de pan, han funcionado muy bien. Por lo demás todo sigue igual. Esperando cada uno con disciplina a ver qué pasa.

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A las doce de la noche del 6 de abril, en un apartamento en el cuarto piso edificio del Reparto Camilo Cienfuegos- Habana del Este- un hermano de quince años dice:

— Tata, felicidades.

Rocío lo mira en el mismo momento en que le llega un SMS de su novio, felicitándola.

 — Oye, hazme caso—  le dijo el hermano.

Rocio Salima Vilela, en este preciso momento -dieciocho recién cumplidos y el pelo como cerdas de cepillo- yace en su cama personal. Se apoya en la baranda que tendió a lo largo de la cama para ver mejor su computadora, se le impulsa arriba a su hermano, lo abraza. Él, que nunca tiene muestras de cariño con ella, le besa la frente. Rocío, luego, se queda dormida. Luego se despierta.

Los días de su cumpleaños Rocío siempre los pasa en casa. Dice que es el único lugar donde nada le puede ir mal. En los años pasados había un cake con velas que soplar. Este año, ningún dulcero tenía cake. El cake como símbolo.

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“— ¿Pudiera describirme su rutina actual?

— Escribo, leo, veo películas y/o series, cocino, hago un poco de ejercicios, juego dominó con mi pareja, amo, respondo correspondencia, cuento los días.

— ¿Cómo se siente ser un poeta, narrador y editor en esta situación?

— Sigo trabajando inalterablemente. La pandemia no es un tema literario para mí. Aún no he metabolizado todo el drama que ello implica.

La escritura es un trabajo solitario. El aislamiento es el estado natural del escritor; al menos una buena parte del día.

— ¿Piensa usted que ha cambiado algo en el país con esta situación?

— Mucho. Pero no sé qué.

— Última pregunta: ¿Qué piensa Alex Fleites que pueda pasar?

— ¡Vaya pregunta! Estoy convencido de que saldremos de esta. La humanidad siempre ha rebasado las epidemias, casi siempre a un costo enorme. Unos sobrevivirán, otros no. Me gustaría quedar entre los primeros. Pero en esto no soy nada original.”

***

 (“—Ah, he allí la voz del especialista de nuestra misión —dijo el patricio—. Solamente confío… ¿qué pone en su insignia, capitán Zanahoria?

—El lema de la misión, señor. Morituri nolumus mori. Lo ha propuesto Rincewind.

—Ya me lo imagino —dijo lord Vetinari, observando con frialdad al mago—. ¿Y le importaría proporcionarnos una traducción coloquial, señor Rincewind?

—Esto… —Rincewind vaciló, pero lo cierto era que no tenía escapatoria—. Esto, en líneas generales, quiere decir: «Los que vamos a morir no queremos».”)

***

En el vídeo, Darell luce saco de lino blanco, zapatos blancos, sombrero de ala blanco a lo Daniel Plainview y gafas ahumadas, mientras gesticula entre cortinas doradas. Luego C. Tangana rompe con el coro:

“Pronto llegará

  (Ey)

 El dia en que tú me quieras”

Rocío se imagina así cada vez que escucha salsa o bolero: ropa elegante de hombre y movimientos fluidos. Ya comieron mientras veían a los Simpson, ya empezaron a vaciar las botellas de vino casero Mama Juana. Ahora van desde Bad Bunny a Tito Puente en sonidos.

 “Pronto llegará

  (Wuh)

 La noche que te tenga”

Fueron tres botella de vino casero, más dulces y ensalada fría. Optaron por ella porque era lo mas suave que tenían y a Rocío no le parecía buena idea emborracharse en casa.

Tomando, sin prisas, desde la tarde hasta la madrugada. Ligeramente borrachos y ligeramente felices.

 “Pronto llegará

 (Eso es)

 La-la vida que me espera”

La música la transporta a otra época, a la Rocío. Se imagina con ropas de otra época, con otra manera de percibirlo todo

Otra luz.

 “Pronto llegará

  Sé que pronto,pronto,

 Ya”

Un escape. Al carajo la COVID-19, la muerte y la degradación. Rocío baila.

***

El último en quedarse no podrá apagar el faro. Pienso: es tan de madrugada, y me falta un cierre. Si estas líneas dijeran algo, sería que estamos vivos, todavía. Un cierre. Que conduce a otro sitio. Delante de mí, un bowl rojo, y en él restos masticados de coditos y picadillo de soya. Comida italiana y cubana. Sonrío. Tengo los dientes manchados de salsa italiana y cubana. La libra de coditos, acá, cuesta lo mismo en la bodega que la libra de arroz por la calle: quince pesos. Un detalle, casi absurdo.

Amanece. El sol se viene, por algún sitio. Hay, ahora mismo, sesenta y nueve muertos de coronavirus en Cuba. Se escribe fácil, pero son más persona que las que hay, digamos, en un aula universitaria. (Digamos: ha muerto, quizás, la posibilidad de un país nuevo. O cincuenta y ocho personas. Que no es lo mismo. Pero casi.)

Y dos mil trescientos cuarenta y un ingresados. Que son, pienso, más héroes que los súper héroes presumiendo. Compatriotas que de repente pueden descubrir que tienen un virus en el cuerpo y se pueden morir, así, como quien va a comprar el pan.

Y más de tres millones de infectados. Más personas de las que hay en La Habana. Una ciudad de candidatos a irse. Hay algo terrible en todo esto. Números que la cabeza no puede envolver. Estadísticas.

En medio del todo: decretos censores, istmos cool, fotos prohibidas, estafas homeopáticas y un míster de turbante queriendo expulsar gente del país. Otro señor de guayabera, de ven en cuando, alude a los enjambres anexionistas. Guerra, por debajo.

La historia continua. Los odios intestinos. Quizá las semillas estén allí, en eso- diría el capitán Rudolf Wegener. Se devorarán unos a otros, y el resto quedará con vida diseminado por el mundo, aquí y allá. Un número suficiente como para edificar, confiar y hacer planes, pocos y simples.

Son tiempos de esplendor.