Postnormalidad y glocalización

Por: Mario Valdés Navia

La amplia y eficaz experiencia criolla en la lucha contra huracanes nubla el entendimiento de muchos sobre qué es la Covid-19 y provoca un falso trasplante de fases. Para algunos meteorólogos-epidemiológicos ya pasamos la etapa de seguimiento (contagio externo), estamos en la alerta (transmisión local limitada) y aún no sabemos si habrá o no alarma nacional (epidemia), la que daría paso –más o menos rápido- a la bienvenida recuperación. Error, nada será así.

Si el ciclón afecta por unos días, esta pandemia lo hará por años, y no pasará por determinados lugares sino que llegará a todos y se quedará después como una endemia más. Cuando esté controlada –sea por inmunidad poblacional o vacunas efectivas- y comience la postnormalidad, casi todo será diferente. El mundo que conocemos habrá cambiado, y Cuba con él.

Todo parece indicar que la globalización dará paso a lo que han llamado glocalización, un ajiaco de globalización con economías locales. La pandemia pone de manifiesto que el mito de la aldea global es endeble, que países y regiones no pueden confiarse en que todos sus problemas se resolverán mediante la producción de algunos bienes y/o servicios para un mercado planetario que los proveerá de todo lo demás.

En pocos meses el sars-cov-2 descoyuntó, no solo varios de los sistemas de salud más sofisticados, sino el funcionamiento del comercio mundial, flujos de capital, migraciones laborales y la industria globalizada. De súbito, el slogan imperante del necesario achicamiento del Estado y sus servicios públicos se vino abajo, y dio paso a reclamos por un rol más fuerte y decisivo del poder central en el aseguramiento colectivo.

Temas tales como: soberanía alimentaria, industrias nacionales, mercado interno, y estímulo a la producción local en detrimento de lo importado, se esparcieron por todo el mundo. Mientras cerraban miles de negocios, millones de obreros eran desempleados y los trabajadores informales se quedaban sin sustento, los gobiernos se debaten entre dos opciones contrapuestas: mantener el distanciamiento físico para salvar una mayor cantidad de vidas, o reabrir la economía para evitar la bancarrota y una crisis económica global quizás peor que la pandemia.

Cosas que el establishment global aceptaba a regañadientes, como criptomonedas, energías renovables, salud pública, gobernanza digital y ciudadanía en red, pasan al discurso de políticos y parlamentos de cualquier signo como si nada. Mayorías que clamaban por sus derechos amenazados por los Big Brothers, aceptan la vigilancia digital epidemiológica más rigurosa −vía móvil/cámaras/internet− como una bendición de Dios. Las criticadas experiencias china, coreana y de Singapur en el monitoreo de la ciudadanía, son copiadas y perfeccionadas por Europa, Rusia y USA.

Mientras, en Cuba la Covid-19 nos cambia la vida aceleradamente. Si el comercio en línea apenas había llegado hace par de meses, de pronto se anuncia como la más reciente novedad nacional. Plataformas como tuenvío.cu aún prometen más de lo que cumplen, pero ya existen como alternativa cómoda para los que pueden y tienen cómo usarla. En muchos lugares, los trabajadores por cuenta propia (TCP) –y sus clones de la economía sumergida− se las arreglan para montar sistemas locales y barriales de venta a domicilio mediante redes sociales, para bien de muchos. Y en primerísimo lugar, de nuestra querida ETECSA.

La producción local de los campesinos, TCP y las innombradas pero existentes micros, macro y medianas empresas son reconocidas en los medios nacionales y territoriales –¡hasta en el NTV!− por su aporte a los consumidores en cuarentena. Propaganda política y publicidad comercial se unen para el bien de todos.

El papel de los municipios y sus gobiernos locales se agiganta, mientras se contrae el de los provinciales. La presencia de ministros y otros ejecutivos nacionales en los medios muestra públicamente quién es quién, a pesar de preguntas sosas y la benevolente actitud de los periodistas. Vecinos y emprendedores, artistas y cacharreros, policías y bandidos, adquieren relevancia nacional. ¡La glocalización cubana ha echado a andar!

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com