Una pandemia sin vacuna

Foto: @heather_lee_wilson

Por: Gabriela Mejías Gispert

Desde hace unos meses el mundo modifica su forma de relacionarse. Como albañiles en apuros, desde que se declaró pandemia al COVID-19, los gobiernos ponen andamios de soporte para que no se desplome el mundo tal y como lo conocemos. Somos 4000 millones de personas en confinamiento. Junto al coronavirus, las mujeres también visualizamos con temor el aumento de otra pandemia: la violencia de género.

Y digo pandemia porque el saldo de muertes anuales en todo el mundo son considerables, al menos 3000 mujeres han sido víctima de femicidio en América Latina durante el 2019. Es por esta razón que el Secretario General de la ONU ha pedido a los gobiernos que la prevención al aumento de la misma sea considerada dentro de las estrategias durante el aislamiento.

¿Qué sucede cuando la casa es el lugar donde se está en peligro?

En América Latina, en promedio 1 de cada 3 mujeres ha padecido violencia física o sexual en una relación íntima a lo largo de su vida y advierten que una de las principales estrategias de control de los perpetradores de violencia doméstica es la de aislar a la víctima. A pesar de las medidas tomadas, las denuncias a través de las líneas telefónicas y el funcionamiento de los refugios para contrarrestar la violencia doméstica tuvieron un incremento considerable. Los femicidios lamentablemente también. Los países de la Unión Europea alertaron sobre este comportamiento al comenzar la pandemia y en América Latina sabíamos que debíamos tener especial cuidado por las características de la violencia de género en nuestra región. En Argentina, en un mes de cuarentena obligatoria se han cometido veintidós femicidios. Similares han sido los casos en México, Chile y Colombia.

Ante esta situación los gobiernos, ONG’s, organizaciones de masa e incluso la sociedad civil han tomado ciertas medidas. Se ampliaron el horario de las línea de atención a mujeres víctimas de violencia. Colombia (155), El Salvador (2510-4300), Chile (1455), Costa Rica (911), Argentina (144), Paraguay (137), Guatemala (1572), Perú (100), México (01 800 422 5256), Panamá (5006172), Bolivia (800 14 0348) y Brasil (180); además de Uruguay (0800 4141 o *4141 desde celular) y Ecuador (09 992 8032).

Se lanzaron campañas en conjunto con las farmacéuticas para que aquellas mujeres imposibilitadas de llamar sin ser escuchadas, pudiesen acercarse a la farmacia y pedir un barbijo específico como código de ayuda, activando de esta forma el protocolo de atención.

El aislamiento provoca tensiones y efectos psicológicos ante una situación de tensión como es la cuarentena obligatoria. Propicia el sometimiento, el maltrato físico y psicológico, así como la dificultad de pedir ayuda o denunciar debido al confinamiento. En Cuba, si bien no tenemos una línea gubernamental para la atención a víctimas de violencia, se han potenciado vías de ayuda ya vigentes: Se encuentran a disposición las 174 Casas de Atención a la Mujer y la Familia de la Federación de Mujeres Cubanas, que funcionan en todas las provincias.

La campaña Evoluciona, mantiene un llamado de atención sobre la sobrecarga de trabajo doméstico no remunerado en tiempos de confinamiento, agravante que sufren nuestras mujeres. Así como pone a disposición una consejería vía mail.

Foto: Evoluciona. Campaña Cubana por la NO Violencia hacia Mujeres

En estos momentos, se hacen vitales también las redes sociales que seamos capaces de generar para prevenir, orientar y socorrer de ser necesario a las mujeres que sufren de violencia. Desde la plataforma digital Yo si te creo en Cuba se difunde una línea telefónica para asesoramiento legal y psicológico, así como un protocolo de acompañamiento para saber cómo proceder si no tenemos acceso a estos medios.

Nuestra herramienta más potente será siempre la empatía y la sororidad. Quizás en estos momentos lo tomemos como una urgencia; sin embargo constituye un aprendizaje ante la necesidad de cambiar la forma en que vemos socialmente la violencia en nuestro país. La violencia doméstica es minimizada y legitimada cada vez que miramos a un costado cuando escuchamos que alguna vecina o conocida puede estar siendo violentada. Contextualizarla como un hecho frecuente del que pocas veces somos conscientes y ante el cual nunca debemos ser cómplices por la escucha pasiva o la mirada evasiva, nos hará sentir más seguras y atentas. Tenemos una pandemia que no cesa con vacunas y donde nuestra única posibilidad es un cambio de paradigma.

Para contactar con la autora: gamgispert@gmail.com