Utopía de un «Imagine» de Lennon

Foto: @ijeab via Twenty20

Por: José Leandro Garbey Castillo

Por hoy, aquí ha muerto el Periodismo. Yace el concepto ambiguo de objetividad. Ahora escribiré lo que de mí fluya. Solo por hoy así será, total, ha muerto el periodismo aquí. Mejor, lo he matado. He aquí una historia.

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Son las 6:53 p.m. y he estado todo el día escribiendo. Hoy es viernes, sólo recuerdo que es viernes porque sale en la pantalla de bloqueo de mi celular. Hace tiempo perdí la noción del tiempo.

17 de abril del 2020. Faltan cinco días para completar el mes. Antes, en aquel tiempo, por nuestro grupo de whatsapp incitaba a mis compañeros de aula a protestar en la facultad ante el aumento de los casos de coronavirus en Cuba y por la que -consideraba en aquel entonces- una respuesta tardía por parte de las autoridades nacionales. En esos días Cuba acumulaba 35 casos positivos a la enfermedad que poco antes había recibido el apellido horrorizante de pandemia. Hoy hay 1137 confirmados, pero estoy seguro que hay muchos más sin detectar. Aquello que creíamos descontrolado, era solo el comienzo. Aún hoy es el comienzo.

Aquel día, tan sólo unos minutos antes había subido un estado en whatssap del que Lisandra, una amiga del aula, comentaba: «Cuando se acabe la cuarentena retornará la libertad y el descubrimiento de destinos desconocidos.» Hablaba ella en la misma oración de libertad y descubrimiento de lugares desconocidos. No se equivocaba. Muchas conversaciones habíamos tenido sobre mis ganas de viajar por el mundo, ganas que compartíamos ambos aún con las diferencias de destino y las posibilidades reales de retorno. Le comenté que estaba mal, que mi cuerpo y alma necesitaban libertad, que estaba cautivo, encerrado en el maldito día a día. Necesitado de amor más allá de un mensaje de texto. Loco por hablar, reír, llorar…y qué sé yo.

Su respuesta: «Ahora mismo somos una especie deprimente.» Tenía razón. Siempre he pensado que lo somos. Quizás la más deprimente de todas las que habitan el planeta. Como ella, creí tener razón cuando contesté: «Pero si lo vemos desde otro punto de vista, nos lo merecemos por todo el daño que le hemos hecho a la tierra, al resto de las especies. Sé que no pasará, pero esto debería cambiar la mentalidad de muchos.»

Ese fue el verdadero comienzo de todo. A partir de ahí, esto se puso un poco más intenso.

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Son las 11:33 a.m. y estoy escribiendo. Suena el móvil. Hoy es domingo, 19 de abril del 2020. Una notificación de mensaje en whatsapp. Es Lisy, decía: «Eso espero. Las consecuencias de nuestros actos pueden ser funestas». No respondo. No lo haré, al menos no en ese momento.

¿Han visto la espectacularidad de estas tardes en La Habana? Últimamente, a las 6:10 p.m. hay mucha calma. Algo ha cambiado. Las calles están vacías. Ya el sol comienza a esconderse. Mientras tanto, Lisy, -escribo- «lo digo de boca para fuera. No tengo fe en el hombre. Lo del mejoramiento humano es sólo una fucking utopía. Esto es una manada de bestias, sólo sobrevive el más fuerte».

Ella, que es tan ella, responde: «No seas tan negativo. Todos hemos aprendido una buena lección en esta cuarentena.» Es la hora de los cuestionamientos internos. ¿Será que estoy loco o soy muy negativo? ¿cuándo dejé de confiar en el hombre, en mi? ¿de veras aprendimos? No creo estar tan distante de la realidad. Es más, solo por este momento seré objetivo. Respondo: «No somos los que decidimos. Nuestros líderes son una mierda y lo peor es que nosotros somos los que los elegimos -hablo del mundo, no de Cuba-.»

«¿Aprendimos de la Primera Guerra Mundial? No ¿De la Segunda? No ¿De las guerras coloniales en África? No ¿De los desastres nucleares? No ¿De las masacres en Asia y África? No ¿De que estamos jodiendo al mundo al propiciar el fucking cambio climático? No ¿Que estamos matando gente en los países subdesarrollados todos los días por los recursos? No. En fin… temporalmente, el coronavirus marcará al hombre. Lamentablemente, en poco tiempo todo será igual».

«Este virus muestra cómo nuestros medios nos engañan, lo fría que resulta su cobertura mediática ¿Les importa tanto el coronavirus? Si, ahora que está en Europa y Estados Unidos. Cuando estaba sólo en China, valía mierda. Igual pasa con las enfermedades contagiosas en África o los millones que mueren de hambre».

«Nuestros líderes políticos son un reflejo de nuestras sociedades: Bolsonaro, Boris Johnson, o el HDP de Trump. Da gracia cómo Estados Unidos se aferra a un modelo consumista, caduco hace mucho tiempo. Y cuando un tipo como Sanders quiere cambiarlo, mejorar lo malo, algunos de los latinos y negros -esos a los que «el rubio HDP» ese detesta- no lo apoyan porque es mejor convertirse en clase media que aspirar a una «comunista» equidad social.»

«Mira a Obama y su soñado plan de salud. Mira cómo Trump lo desechó y ahora pagan las consecuencias con miles de muertes… y las que faltan» Siempre todo ha sido igual ¿Por qué ahora algo cambiaría? «En fin, Lisy, aunque me duela, en este mundo no funciona el «Imagine» de Lennon».