La libertad de expresión y el monoteísmo de los valores

Por: Yassel A. Padrón Kunakbaeva

Cerca de mi casa había un campo de tiro abandonado. Estaba al final del pueblo, justo en el camino a un mangal. Todavía recuerdo los montículos de tierra y los bancos oxidados. Mi vecindario era también prolífico en refugios: había uno incluso dentro de mi escuela primaria. Todo ello formaba parte de la infraestructura para combatir a un enemigo, presumiblemente de fuerza arrolladora, que en cualquier momento podía lanzar un ataque total. En ese campo de tiro y esos refugios se resumen gran parte de la cultura política cubana de las últimas décadas.

Al enemigo se le presume compacto e irredimible. No se concibe normalidad posible mientras uno de los dos exista. El imperialismo perseguirá a los comunistas y los exterminará hasta el último rincón del planeta. No queda otro remedio, en territorio liberado, que pagarles con la misma moneda. La contrarrevolución, el enemigo interno, es tratada como un brazo del enemigo externo y debe ser neutralizada por completo. Por supuesto, los tiempos han cambiado.

Antes te enfrentabas a castigos más severos, hoy puedes salir con una multa de 3000 pesos. Pero la lógica sigue siendo la misma: en Cuba solo existe un sistema de valores legítimo, y todo el que esté fuera carece de derechos. La reciente multa a la periodista Mónica Baró viene a demostrar que esa lógica de tolerancia cero a la disidencia está por encima de varios artículos de la Constitución, como el que reconoce la libertad de expresión. En este caso no se puede recurrir al argumento sobre el mercenarismo, porque no la acusan por eso, tampoco se puede decir que difunda noticias falsas, pues es evidente que no lo hacía.

A Mónica la multan por ser una periodista con posiciones disidentes y opositoras.

No es casualidad que el Decreto 370, en su artículo 68, inciso i, haga una referencia a las buenas costumbres. Las costumbres son las depositarias de la tradición, que es el principal bastión de los sistemas de valores. Entonces, postear en las redes sociales cualquier cosa que atente contra algunos de los símbolos que son importantes dentro de ese sistema de valores, puede ser considerado una contravención. Parece que los que redactan estos decretos no han entendido qué significa la libertad de expresión.

Como estudioso del marxismo que soy, no creo en la existencia de un derecho natural y eterno. Pero sí creo que las sociedades han evolucionado, y han codificado en sus sistemas jurídicos ideales axiológicos que las acercan más a la emancipación. Uno de ellos es el ideal de la universalidad de los derechos individuales. En una sociedad con vocación liberadora, no se pueden considerar los sistemas de valores, o las decisiones de la mayoría, como algo superior a los derechos del individuo. Porque la libertad de los individuos es condición para la construcción colectiva liberadora.

Está claro que nunca esa libertad va a ser completa. Toda comunidad tiene un límite a partir del cual no puede tolerar los actos de un individuo. Ese límite es el que está codificado en las leyes. Sin embargo, el quid de la cuestión está en que las leyes tienen que reflejar un consenso de mínimos, una plataforma que puedan aceptar los diferentes sistemas de valores que conviven en una sociedad. Hay que reducir lo más posible los límites a la manifestación de la libertad individual y de los diversos sistemas de valores. Por eso el enfoque correcto es considerar al individuo a priori libre, aunque la sociedad pueda limitar a posteriori algunos de sus derechos, en base a sus acciones contrarias a la ley.

¿Qué los consensos sociales al final muestran la primacía de unos sistemas de valores sobre otros? Es verdad. Pero ahí es donde se ve lo poderosa que es una ideología, su verdadera hegemonía: cuando se muestra capaz de soportar la mayor cantidad de diversidad. Cuando los presupuestos de una ideología no son vistos solo como objetos de fe de un sistema de valores, sino como puntos en común que pueden aceptar personas que se consideran libres en materia de pensamiento, entonces estamos hablando de una ideología realmente fuerte. Aquí no hemos construido algo así.

A pesar de la hegemonía del pacto social revolucionario, las instituciones se han creado sobre la base de un monoteísmo de los valores.

Eso puede funcionar durante un tiempo, incluso durante una época, pero es sin duda un paradigma obsoleto condenado al fracaso, ya que las complejidades de las sociedades modernas las hacen irreductiblemente politeístas en materia de valores. El modelo de la imposición siempre va a ser inferior al modelo de la seducción.

En Cuba se sigue postergando el debate sobre el espacio que se le debe dar a la disidencia y la oposición. Se trata de un debate complejo, ya que tampoco la competencia política debe ser encumbrada como una panacea. La experiencia del pluripartidismo muestra que la competencia puede ser enajenante. Sin embargo, los monopolios monolíticos también son enajenantes. Lo que se debe potenciar es una democracia de construcción desde la diversidad, para lo cual, no obstante, el factor competencia no puede ser erradicado de plano.

Está en manos del bloque revolucionario avanzar en ese camino, construir las reglas del juego de la democracia cubana, de tal modo que sea reconocido el politeísmo de los valores de la sociedad cubana, los derechos de los individuos, y aun así las dinámicas sociales favorezcan las transformaciones en el campo de los valores que son fundamentales a la transición socialista. Planteo esto desde la mayor humildad, porque reconozco que tampoco tengo todas las respuestas.

En realidad no simpatizo mucho con la corriente de pensamiento que representan Mónica Baró y el Estornudo. Me parece que pertenecen al grupo de los que, como dije en otra ocasión, solo tienen ojos para el discurso de los derechos individuales, mientras que son ciegos para el legado anticolonial y de justicia social de la Revolución Cubana. También creo que cultivan un libertarismo a ultranza que puede ser muy cool en estos tiempos de postmodernidad, pero que no se detiene a pensar en los caminos reales que tienen por delante Cuba y el mundo.

No simpatizo, pero defiendo su derecho a existir y a expresar sus ideas.

Algunos considerarán que estoy defendiendo el derecho a hacer contrarrevolución, y que ese es un lujo que no nos podemos dar. Que el enemigo penetrará por cualquier fisura. Yo les respondo haciéndoles ver una paradoja: una sociedad puede aceptar la limitación radical de la libertad de expresión por una emergencia, pero cuando esa emergencia dura décadas, se convierte en tu normalidad, entonces estás aceptando una normalidad sin libertad de expresión. Comenzaste una lucha por la libertad, y el enfrentamiento a tu enemigo te obliga a vivir sin libertad, y de modo indefinido. ¿No ven lo absurdo de la situación?

Cuba tiene enemigos reales pero las construcciones ideológicas no pueden sustituir a los análisis de la situación concreta. La multa a Mónica Baró pone en evidencia los límites de nuestro sistema político, que no reconoce el pluralismo político y está fundamentado en un monoteísmo de los valores. Dado que una parte de la sociedad cubana reconoce el valor de la diversidad y del respeto de los derechos individuales, el acontecimiento sirve a algunos actores para deslegitimar en bloque al estado cubano e incluso la Revolución. Encasillarnos en la defensa de una esencia irreductible es lo peor que podemos hacer, urgen análisis profundos y decisiones estratégicas.

Mientras algunos siguen anclados a la lógica del campo de tiro y el refugio, el mundo gira y presenta nuevos retos. Hay que estar listos por si hay que tomar el fusil, pero el futuro es de los que puedan ganar en la batalla de ideas. Y el que sea capaz de coexistir con la mayor cantidad de ideas diferentes, será el que lleve ventaja.

Para contactar con el autor: yasselpadron1@riseup.net