El coronavirus distingue de clases sociales

Foto: @low843 via Twenty20

Por: Esteban Morales

Las distinciones de clase están presentes y se expresan de una manera a veces catastrófica, bajo la pandemia del coronavirus. Constituyéndose en la base misma de las condiciones bajo las cuales el individuo está obligado a enfrentar la pandemia

Es cierto que cualquiera puede enfermarse, en términos biológicos, pero ni la manera de enfermarse, ni la de enfrentar la enfermedad, es la misma para todos los individuos. Ello está determinado por las condiciones sociales en que vive cada cual. Momento en que su estatus de clase es determinante.

Cualquiera puede adquirir el virus, biológicamente hablando, pero en ello desempeñan un papel determinante ciertas circunstancias que están indisolublemente ligadas al estatus de clase.

Ello es resultado de que el contagio con el virus está bastante determinado por las condiciones de vida en que sobreviven las personas y las que se han dado, ya el capitalismo las había predeterminado muy fuertemente, antes de que llegara la pandemia.

Por cierto, no me estoy refiriendo a condiciones personales, relativas al padecimiento de determinadas enfermedades crónicas, como pueden ser hipertensión, diabetes, problemas respiratorios, cardiopatías, etc.  Sino a aquellas condiciones vida, que no tienen que ver directamente con la enfermedad como tal.

Estas, preexistentes a la pandemia, son las siguientes:

  • Los ingresos monetarios que se reciben, determinan, sobre todo, las condiciones en que se vive. La barriada, la calidad de la casa, el entorno social y material y el tipo de ambiente y personas que nos rodean.
  • La atención médica que recibes, aun siendo gratuita, puede ser mejor o peor, y esto es determinante, porque contribuye en alguna medida a las condiciones, mejores o peores, en que cada persona se enfrenta al virus y a una posible enfermedad en general.
  • La alimentación y su calidad, por lo general es determinante, en las condiciones con que cada persona enfrenta cualquier enfermedad. Si estás bien alimentado, dispones de energías que son determinantes para recuperarse.
  • No es lo mismo desplazarte en carro, que en transporte colectivo. Difieren fuertemente los riesgos con que te debes enfrentar ante un posible contagio.
  • Se trata, entonces, de que en general, las condiciones de vida material en que se encuentra el individuo, son determinantes para sortear la posibilidad de adquirir el virus, o una enfermedad cualquiera.
  • Por último, la cultura del individuo también es determinante ante la realidad de la enfermedad. Pues la conciencia individual ante la posibilidad de enfermarse o para enfrentar la enfermedad como tal, están determinadas por el nivel de cultura que posea el individuo. Nivel cultural que está determinado, en primer lugar, por la procedencia social, el acceso a la educación y las condiciones de vida.

Todas las situaciones mencionadas están muy ligadas, diríase que, determinando, las condiciones en que el individuo pueda enfrentar la adversidad de enfermarse.

Todas las anteriores condiciones mencionadas están presentes en cualquier sociedad. Diríamos, lo mismo en una sociedad como la cubana, que dentro de otra sociedad cualquiera.

En todas las sociedades conocidas, hasta ahora, los individuos difieren en sus condiciones de vida, lo cual es determinante al momento de enfrentar la enfermedad.

Foto: @andreyyalansky19 via Twenty20

La pandemia del Coronavirus ha servido para hacer aún más evidentes, diferencias sustanciales, de como un individuo se enfrenta la enfermedad dentro de una sociedad como la cubana y el resto, de la mayoría, de las sociedades existentes en el mundo.

Siendo cierto que, biológicamente hablando, el virus no hace distinción de clase, grupo social, raza, nivel cultural, etc. Pues ataca a todo aquel que se le oponga. Aunque las condiciones en que cada persona debe enfrentar tal situación, particularmente el peligro de contagiarse, difiere, dado que tales situaciones están influidas por las condiciones de vida de cada individuo, ya mencionadas más arriba.

No obstante, la pandemia también ha mostrado con claridad, que esta se desenvuelve con mayor o menor agresividad, en dependencia de la política de salud seguida por los países que la sufren. Poniéndose de manifiesto que en tales circunstancias ha influido la voluntad política de los gobiernos, para enfrentar a la pandemia. Haciéndose evidente lo siguiente:

  • Países, que, al priorizar la economía, por encima de la salud, como Estados Unidos, han comenzado a sufrir la pandemia, por falta de una política de salud eficiente, por medio del contagio, la desatención a la detección temprana del virus y la falta de condiciones materiales para la atención de los enfermos.
  • La pandemia ha puesto claramente de manifiesto también, como la política neoliberal seguida en estos años ha afectado los presupuestos de salud, sistemáticamente rebajados, trayendo como resultado que, al llegar la pandemia, muchos países mostraron carecer de políticas, presupuestos y recursos de salud para enfrentar la situación.
  • La pandemia ha evidenciado, también, que solo con la colaboración internacional y la solidaridad, es posible enfrentarla. Pero, la feroz competencia que han traído las políticas neoliberales, el duro enfrentamiento comercial, los enfrentamientos militares a nivel regional, las políticas de sanciones internacionales, las usurpaciones territoriales y el robo de recursos petroleros, entre otros, han conformado un ambiente internacional, negativo para el enfrentamiento de la pandemia. Porque tal ambiente, preponderante en las relaciones internacionales, es incompatible con el tipo de relaciones que se necesita para enfrentar la pandemia.
  • En particular, la política seguida por los Estados Unidos, no ha logrado ser más negativa, respecto al comportamiento del Presidente. Según el Washington Post del 8 de abril del 2020, “el 3 de enero ya Trump había recibido notificación formal de la existencia del virus. Trump, también fue informado por el Secretario de Salud y Servicios Humanos Alex Azar, el 18 de enero. Pero cuando se le pregunto públicamente sobre el virus, el 22 de enero, dijo: lo tenemos totalmente bajo control: es una persona que viene de China”.

Trump, después de ser alertado sobre el virus, hablo en ocho mítines y en seis ocasiones jugo Golf, como si no tuviera nada de qué preocuparse.

Trump comenzó a hablar del “Virus Chino”, descargando sobre esta nación la responsabilidad de la pandemia. Al caracterizarla de este modo, Trump, entonces nos obliga a discutir, reaccionando a una proyección racista del tipo “chivo expiatorio”. Y se trata de que eso es precisamente lo que persigue, porqué ello le permite desviar nuestra atención, de las que debieran ser ahora mismo las preguntas fundamentales: ¿Dónde están las camas que faltan? ¿Dónde están las mascarillas y los tests? ¿Dónde está la política federal que se debiera seguir para contrarrestar la pandemia? Mientras que Trump lo hace, además, logrando una caja de resonancia dentro de la sociedad norteamericana, entre muchas personas, racistas, xenófobas y neoliberales, que lo siguen y que no miden las consecuencias de sus políticas.

Trump actúa incluso en contra de la Organización Mundial de la Salud (OMS) suspendiendo su aporte financiero a la misma.

Trump, se niega rotundamente, además, a dejar a un lado la política de sanciones contra países como Cuba, Irán, Nicaragua, Venezuela, etc.; asumiendo en todo momento una actitud prepotente y no solo genocida, burlándose incluso de las predicciones y recomendaciones de la ciencia. Una política que niega, además, la colaboración con sus aliados históricos, mientras que, cínicamente, recibe y acepta ayuda solidaria que le ha llegado de China y Rusia. Sin dudas que más cínico no puede ser.

  • Los Estados Unidos no pueden ser coherentes en su política sobre la atención de la pandemia a nivel internacional, porque no lo son a nivel interno. Consecuencia de todo lo cual, han devenido en la nación más afectada por el nuevo coronavirus.
  • Los valores ideológicos preponderantes en la sociedad norteamericana ponen también hoy en crítica situación a la ciudadanía, al representar un peligro para su propia supervivencia.
  • En el orden externo, la consigna de “América primero”, e internamente, el individualismo, el consumismo, el mesianismo y otros valores muy negativos que le son propios, ponen en la peor situación a la sociedad norteamericana, para lograr el grado de coherencia política que se necesita para vencer a la pandemia. Por lo que todo ello deviene en situaciones muy difíciles de superar. Siendo la proyección más optimista de Trump, que el virus podrá matar entre 100,000 y 240,000 ciudadanos en los Estados Unidos.

Pero, además, Goldmann Sachs ha calculado, que las medidas de distanciamiento social, ya provocaran una contracción del PIB del 34%. Como si fuera poco, un 33% de los hogares, con ingresos inferiores a 50,000 dólares al año, tienen algún miembro desempleado. Hay 16,7 millones de ciudadanos sin cobertura médica.

“Según un estudio del director del Instituto Brookings, los 50 condados más golpeados por el coronavirus, aportan el 30% del empleo y el 36 % del PIB del País”. Lo cual es un serio problema a enfrentar en la perspectiva de una posible recuperación.

Se insiste en que Trump debe clasificar las muertes de la Covid, según color de la piel, pues serios estudios han arrojado, que la pandemia afecta al 70% de los afrodescendientes en Estados Unidos. Trump, en realidad, no previó la polarización que se ha producido con su política, tanto en el mundo como dentro de los Estados Unidos, pero la ha utilizado, incrementándola dramáticamente. Y es esa polarización, verdaderamente, uno de los peligros mayores que enfrenta la sociedad norteamericana.

Los Estados Unidos, y Trump en particular, no aprendieron las lecciones del 2008-2009, cuando Wall Street fue rescatado, después de la quiebra de Lehman Bross, momento en el que, como ahora, se inyectaron grandes masas de dinero. Sin embargo, no se tomaron entonces medidas para evitar que ciertos sectores de alto nivel se beneficiaran en detrimento del rescate del equilibrio financiero real. Como tampoco se impusieron limites a los bancos de inversión en torno al modo de utilizar el rescate. Lo cual trae como resultado que el actual rescate, sea percibido, como una nueva oportunidad para las empresas hacer negocios y obtener dinero fácil.

La actitud de la administración de Donald Trump, pone en un serio peligro, tanto a los Estados Unidos como al mundo para superar la pandemia del coronavirus. Es que, para los Estados Unidos –es decir, para el sistema– lo primero es el dinero y después todo lo demás. Lo cual se ha puesto claramente de manifiesto en su política de priorizar las cuestiones financieras y la atención de la economía por encima de todo. De aquí su insistencia a considerar que, para las pascuas de abril, ya el país, la economía en general, debía estarse recuperando, cuando hasta ahora, la situación no ha hecho más que empeorar, sin que pueda apreciarse ninguna luz al final del túnel.

Foto: @photovs via Twenty20

Son necesarios de manera evidente, ingentes recursos y dinero para superar la pandemia, que de modo especial está resultando muy costosa, particularmente dentro de los Estados Unidos, sin que sea posible calcular aun cuanto será el costo de superar la Covid-19. No obstante, no hay en realidad en el planeta escasez de dinero ni de recursos.  Lo que hay es un orden de prioridades que, exigido por la política neoliberal seguida, prioriza el beneficio, los gastos en armamentos, el despilfarro, la concentración en pocas manos de los recursos y el dinero, por encima de la satisfacción de las básicas necesidades humanas. Razones que explican muy bien cómo la pandemia ha sobrepasado con mucho las capacidades disponibles de hospitalización y recursos para la atención médica en general, dentro de un país rico como Estados Unidos.

Mientras tanto, Cuba, Venezuela, Rusia y China, principalmente, sé están destacando por un comportamiento político ante la pandemia, que se gana el respeto de los pueblos del mundo, mostrando una gran solidaridad en esta batalla y poniendo además en evidencia el carácter profundamente negativo de la política exterior norteamericana, ante el interés del presidente Trump por sacar provecho de la pandemia, con el objetivo de avanzar en sus intenciones de controlar al mundo.

Al tratarse de un problema global, la pandemia exige un enfoque global, colaboración global y soluciones del mismo carácter. Por cuanto se requiere compartir el equipamiento médico, así como no imponer controles que afecten la exportación de medicamentos, alimentos y otros productos esenciales. Sin embargo, Estados Unidos, no reaccionan con una política en sintonía con la situación a la cual han llevado a su población y al planeta en su totalidad. Por lo que su evidente abundancia de recursos y dinero, para ayudar al mundo y ayudarse a sí mismo, significa muy poco. Lo cualrepresenta ello un peligro incalculable, porque no es posible suponer que la pandemia pueda ser globalmente superada, si los Estados Unidos no terminan por colaborar a su superación.

La posibilidad de superar la pandemia se nos presenta como algo plagado de incertidumbres, peligros y predicciones potencialmente negativas.

La experiencia que la pandemia aporta hasta hoy no es positiva para el capitalismo. Ha puesto en evidencia las incapacidades de un sistema, que ante el peligro que afecta al mundo, parece no estar en condiciones de asumir políticas adecuadas, aunque en ello le vaya su propia salvación. Todo lo cual es consecuencia de un modelo de acumulación, en el que se priorizan solo los beneficios del capital, las grandes corporaciones, los grandes bancos y el de una sola parte de la sociedad. Una muy minoritaria. De modo que el resto de la humanidad podría desaparecer, sin que ello provocase la más mínima preocupación.

Solo que ahora, la Covid -19, ha demostrado, que los principios económicos y valores del capitalismo, son causas potenciales de su posible destrucción. Por cuanto, como nunca antes, queda demostrado que el mundo es uno solo y que su supervivencia no depende únicamente de una sola parte de él, sino de todos los que tengan la verdadera voluntad de salvarlo.

Lo que, dialécticamente, confirma que también es cierto que el coronavirus, no hace distinciones de clase, sobre todo, a la hora de considerar como debiéramos salvarnos de la pandemia. Porque todos compartimos la misma nave espacial.