Palabras en la batalla contra el COVID-19

Foto: Radio Rebelde

Por: Pedro De Jesús López Acosta

ACLARACIÓN PARA LOS SUSPICACES: Si decidí escribir este texto, no es porque no esté orgulloso de lo que hace nuestro personal sanitario, cualquiera sea su tarea, para enfrentar la epidemia de COVID-19; no es porque no reconozca los esfuerzos de nuestro gobierno para reducir al mínimo las afectaciones de todo tipo que este evento crítico acarrea en la vida del país y en nuestras vidas; no es porque menosprecie el trabajo de nadie ni la inteligencia de nadie ni el amor que pone nadie para ayudar en este momento difícil. Sino porque creo que la información y la comunicación no han estado a la altura de lo demás.

Nadie —ni amigo ni enemigo del pueblo y la Revolución cubana— sufragó los muchos datos móviles que durante casi una semana gasté para emprender la búsqueda de materiales provenientes de fuentes diversas y fiables que me permitieran ahondar en un tema del que no soy especialista, pero que ha tensado mis energías intelectuales, obstinadamente, desde finales de marzo.

Está claro que este texto que ahora les comparto puede tener errores. Me esmeré, sin embargo, para que no. Me arriesgo, de todos modos, a publicarlo, porque creo honestamente en su utilidad, a pesar de que buena parte de lo que aquí se expone fue comunicado al Minsap a través del correo covid19@infomed.sld.cu y ni siquiera acuse de recibo me dieron. Quien no quiera o no pueda pensar, le sugiero que no lo lea.


Cuando una persona que padece una enfermedad transmisible (o porta el agente que la produce) entra a un país y allí se le diagnostica, constituye, en lenguaje epidemiológico, un CASO IMPORTADO. Porque, a semejanza de una mercancía, el germen ha atravesado las fronteras nacionales.

Esa persona —extranjera o no—, a su vez, puede contagiar a otras personas que viven en el país al que ha llegado. Y estas, a su vez, pueden contagiar a otras… Para tales casos los epidemiólogos reservan el término TRANSMISIÓN LOCAL. Porque el contagio ocurre dentro del país, y se puede determinar quién infectó a quién.
Por último, puede llegar un momento en que sea imposible reconstruir las cadenas de transmisión de la enfermedad. En tal situación se habla de TRANSMISIÓN COMUNITARIA.

Ahora bien, no son estos los únicos términos utilizados por epidemiólogos, funcionarios gubernamentales y periodistas en los diferentes países de habla hispana.

A los casos adquiridos por transmisión local, con fuerte evidencia epidemiológica que los vincula directamente a un caso importado conocido (transmisión local de primera generación), puede denominárseles CASOS INTRODUCIDOS —no entiendo muy bien por qué (la palabra «introducido» parecería más apropiada para los casos importados, porque «importar» es ‘introducir’)—. Y a la transmisión comunitaria se le conoce, además, como TRANSMISIÓN AUTÓCTONA, y, en muchísima menor medida, TRANSMISIÓN INDÍGENA.

(Valga acotar que CASOS INTRODUCIDOS no es lo mismo que CASOS INDUCIDOS. Estos últimos son aquellos que se contagian mediante agujas usadas, durante el parto o en transfusiones sanguíneas; y, por tanto, nada tienen que ver con las formas de infección de la COVID-19.)

Resulta evidente que el fundamento de la nomenclatura integrada por los términos CASO IMPORTADO, TRANSMISIÓN LOCAL y TRANSMISIÓN COMUNITARIA —que cuenta con el respaldo de la OMS— es tanto el lugar donde se inicia la infección como la identidad de la fuente que la produce. De ahí que, por una parte, «importado» se opone a «local» y a «comunitario» en virtud de que el origen del primero se ubica fuera del país (ex situ) y el de los otros dos, dentro (in situ). Por otra parte, «importado» y «local» se oponen a «comunitario» en razón de que en los dos primeros es posible reconstruir las cadenas de transmisión, mientras en el último no.

Resulta importante señalar que el término TRANSMISIÓN LOCAL (proveniente del inglés LOCAL TRANSMISSION) no equivale al término, muy parecido, TRANSMISIÓN LOCALIZADA (del inglés LOCALIZED TRANSMISSION), que evalúa o cuantifica el grado menor en que la transmisión de un agente patógeno se ha expandido en determinado país, respecto del grado mayor, su opuesto, que resulta la TRANSMISIÓN EXTENDIDA o TRANSMISIÓN GENERALIZADA.

Así, en ciertas áreas de Matanzas, Consolación del Sur y, ahora, del municipio Plaza de la Revolución, ha ocurrido una TRANSMISIÓN LOCALIZADA; y justamente la cuarentena o medidas de aislamiento que se han decretado en las dos últimas intentan contener la diseminación del virus fuera de esas zonas. En el término TRANSMISIÓN LOCALIZADA, el modificador «localizada» es sinónimo de «circunscrita», «restringida», «limitada», etc. No debe confundirse —como se ha hecho, desde el inicio, por autoridades sanitarias y la prensa— con TRANSMISIÓN LOCAL, término que no evalúa ni cuantifica el grado de propagación de un patógeno, sino que describe el modo en que este se transmite a partir de las características de las fuentes de infección.

Esto no quiere decir, entiéndase bien, que en las áreas mencionadas no existe transmisión local. Existe porque en todas hay casos positivos que se derivan de una infección previa a partir de un caso importado. Sin embargo, es un error afirmar —como se afirmó el 27 de marzo— que «se abrió el primer evento de transmisión local en el país en la provincia de Matanzas». O asegurar —como se aseguró el 30 de marzo— que «se abre el segundo evento de transmisión local en Cuba». Porque desde que el bailarín de Santa Clara —cuarto caso que se confirmó en el país, el 12 de marzo— fue contagiado por su esposa boliviana, existe en Cuba TRANSMISIÓN LOCAL, que es el término estándar que emplea la OMS y debe utilizar el Minsap. Y después de ese día, se reportaron casos de transmisión local el 16, 20, 21, 22, 24, 25, 26 de marzo, etc. Consecuentemente, el término que distingue la situación epidemiológica en las áreas de Matanzas, Consolación del Sur y Plaza de la Revolución no es TRANSMISIÓN LOCAL, sino TRANSMISIÓN LOCALIZADA, porque lo que interesa destacar no son las características de las fuentes de infección o el modo de contagio, sino la magnitud e intensidad del brote infeccioso que allí tiene lugar en comparación con el resto de los casos de transmisión local del país.

El empleo que se ha hecho del término TRANSMISIÓN, a secas, es muy confuso.

Sirvan de ejemplo estas transcripciones literales de dos declaraciones realizadas por autoridades del Minsap:

1. «No podemos hablar de que en Cuba hay una transmisión […] Transmisión es cuando ya empecemos a encontrar personas que le logramos diagnosticar la presencia del virus, con o sin síntomas, y, sin embargo, no ha tenido relación con ninguna persona que haya venido infectada como tal. Entonces ahí sí podremos hablar de que existe una transmisión de la enfermedad.» (Mesa Redonda, 17.3.2020)

2. «En esta comunidad de Consolación del Sur, que además es un área determinada […] a punto de partida de un caso confirmado con relación con el exterior, pues se han diagnosticado ya 5 personas más que se contagiaron con este caso. Eso habla de que ahí, en esa forma circunscrita, hubo una transmisión de la enfermedad de esta persona que llegó enferma a la misma a las otras personas que habían tenido contacto con ella […]» (Conferencia de prensa 1.4.2020)

En la afirmación 1 se hace depender la existencia de transmisión de que en la cadena de contagio no se encuentre vínculo alguno con un caso importado («persona que haya venido infectada»), mientras que en la 2 se sostiene lo contrario: «hubo una transmisión de la enfermedad» a partir del caso confirmado que contagió a 5 personas, pero este caso confirmado sí tuvo «relación con el exterior», es decir, con un caso importado.

Lo común es que TRANSMISIÓN constituya una reducción del término TRANSMISIÓN LOCAL, a partir de la elipsis del adjetivo «local». Este uso de TRANSMISIÓN resulta habitual en los partes televisados del Minsap sobre la COVID-19, donde suele hacerse referencia a la cantidad de «países que reportan transmisión», según el informe diario que emite la OMS, basado en los datos que recibe de las autoridades sanitarias de las naciones.

Por cierto, más allá de la mera confusión de términos, hay un problema de manejo erróneo de datos en el hecho de que los primeros 40 positivos de Cuba fueran reportados a la OMS como CASOS IMPORTADOS (IMPORTED CASES ONLY), cuando, repito, desde el cuarto caso ya tuvimos transmisión local (Cf. el reporte 64 de la OMS correspondiente al 24 de marzo de 2020, en: https://www.who.int/…/novel-coronavirus-2…/situation-reports).

Para rematar, en el tablero Covid19CubaData —desarrollado por la revista Juventud Técnica, en cooperación con la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana y el proyecto Postdata Club—, que publica información de fuentes oficiales nacionales, los casos se desglosan siguiendo una nomenclatura distinta.

En vez de TRANSMISIÓN LOCAL, Covid19CubaData utiliza CASOS INTRODUCIDOS; y a la TRANSMISIÓN COMUNITARIA la llama CASOS AUTÓCTONOS. Estas etiquetas no se corresponden con las usadas por la OMS para la presentación de estadísticas globales de COVID-19 y tampoco con las que nuestras autoridades sanitarias y medios de prensa han utilizado regularmente desde el inicio de la epidemia en Cuba, de manera que su empleo genera una duplicidad terminológica que podría dificultar la comunicación. Por otra parte, los CASOS INTRODUCIDOS son aquellos que resultan de un tipo particular de transmisión local, los de primera generación, cuyo vínculo directo con un caso importado conocido debe comprobarse de forma inequívoca. En esta categoría no tienen cabida los casos de transmisión local de segunda generación como, por ejemplo, el de la novia y el del padre de la novia del animador turístico de Varadero, los cuales, sin embargo, aparecen erróneamente cuantificados bajo esa etiqueta.

Si malo es usar varios términos para designar la misma realidad, peor a veces es no usar ninguno.

En los partes diarios del Minsap (pueden consultarse en https://salud.msp.gob.cu), específicamente a partir del emitido al cierre del día 30 de marzo, la estadística de los pacientes cubanos confirmados se pormenoriza sin apelar a ninguno de estos términos especializados. Así, se dividen en pacientes que:

1. tienen fuente de infección en el extranjero;

2. son contactos de casos confirmados;

3. son contactos de viajeros procedentes del exterior.

Si Ud. ha leído atentamente hasta aquí, inferirá que la expresión 1 equivale a CASOS IMPORTADOS. Los agrupados en 2 y 3 parecen asociarse, en cambio, con La TRANSMISIÓN LOCAL, aunque haya una diferencia sustancial entre ambos.

Tras cotejar los datos numéricos y los detalles que sobre cada uno de los nuevos pacientes confirmados ofrece el Minsap diariamente, infiero que en 2 se contabilizan no solo las personas que se infectan directamente con un caso importado (transmisión local de primera generación), sino también las que no se relacionaron directamente con este, pero que forman parte de su cadena de contagio dentro del país. En cambio, los positivos a la COVID-19 contabilizados como 3 son personas presumiblemente contagiadas por viajeros que se encuentran en el país y que no son casos confirmados (algunos ni siquiera presentan síntomas en el momento del reporte), o bien ya están fuera de Cuba y no se puede determinar su estado de salud, y en ocasiones ni siquiera su identidad precisa. También las estadísticas hacen entrar en este grupo —inexplicablemente, a la cañona— algunos casos (6 en total) sobre los cuales no hay referencia epidemiológica en los informes oficiales. Aquí reproduzco tres:

«Ciudadana cubana de 68 años, residente en el municipio Plaza, provincia La Habana. Comenzó el pasado 24 de marzo con síntomas, siendo ingresada con neumonía en el IPK. Se encuentran en vigilancia 15 contactos de este paciente.»

«Ciudadana cubana, de 42 años, residente en el municipio Centro Habana, provincia La Habana. Fue ingresada en el Hospital Luis Díaz Soto. Mantiene evolución satisfactoria hasta el momento.»

«Ciudadano cubano, de 73 años, residente en el municipio Matanzas, provincia de ese mismo nombre. Fue ingresado el 31 de marzo en el Hospital Mario Muñoz Monroy. Mantiene evolución satisfactoria hasta el momento.»

Los casos agrupados en 3, y sobre todo estos cuyos pormenores he citado literalmente de los partes del Minsap, son presuntos casos de transmisión local y, justamente por su carácter presuntivo, no comprobado, algunos pudieran interpretarse —en mi criterio— como de TRANSMISIÓN COMUNITARIA O AUTÓCTONA. Ya suman 40 entre el 30 de marzo y el 4 de abril. Sin contar algunos similares que se relacionan en las informaciones del 28 y el 29 de marzo, así como otros del cierre de ayer, 5 de abril, «con fuente de infección no precisada», expresión que aparece por vez primera en un parte.

Quizá haya quien piense que el hecho de que en los partes diarios no se recurra a la terminología especializada facilita la comprensión mayoritaria de los receptores. Creo, sin embargo, todo lo contrario. Que las estadísticas no se correspondan rigurosamente con las categorías establecidas por la OMS ni con las que las propias autoridades sanitarias y los medios de prensa nacionales han privilegiado desde el inicio de la epidemia en Cuba genera un ruido en la comunicación, porque, entre otras cuestiones, acrecienta la falta de homogeneidad en la presentación e interpretación de los datos.

De manera que, a pesar de los esfuerzos que se hacen para la cobertura informativa sobre la COVID-19 en nuestro país, más allá de las cifras totales de infectados y fallecidos, no tenemos una idea clara del avance de la epidemia, sobre todo porque las palabras de las autoridades sanitarias —y, por consiguiente, de la prensa— no la refieren ni la interpretan coherentemente.

En tal sentido, un grave problema comunicativo se produjo cuando el sábado, 28 de marzo, el director nacional de Epidemiología del Minsap aseguró que Cuba había entrado en fase epidémica, y el domingo 29, el ministro de Salud, sin aludir siquiera a las declaraciones del día anterior, aseveró que el país se mantenía en fase preepidémica.

Pero ese asunto —los términos con que se designan las diferentes etapas de una epidemia en Cuba y en el mundo— merece un análisis independiente.