La salud cubana a la caza de la covid-19

Por: Mario Valdés Navia

La intervención del ministro y la vice-ministra de salud en la Mesa Redonda del día 3 de marzo dejaron en la teleaudiencia una alta dosis de seguridad y confianza en la fortaleza del sistema de salud cubano y la estrategia que se está siguiendo en el combate a este Señor Oscuro. Al unísono, saber que Cuba no está a la espera, sino a la caza del virus, nos llena de orgullo hacia nuestros científicos y personal de la salud, con su larga y rica historia.

Elevar a 641 las camas en terapia intensiva, preparar 14 brigadas médicas para ayudar a otros países, garantizar la inmunidad de los 43 participantes en la evacuación del crucero británico errante, y saber que 815 turistas españoles decidieron quedarse en Cuba a pasar la pandemia, son muestras del intenso y eficaz trabajo que se realiza, cuando aún no llega al mes esta batalla. En las calles de Matanzas y toda Cuba, se aprecia ya una mayor disciplina del pueblo/población en el uso del nasobuco, la permanencia en las casas y la ausencia de niños y adolescentes en la mayoría de los espacios públicos.

 El invierno se acerca pero mis héroes reales lo enfrentan con decisión, dentro y fuera de Cuba.

Mientras los espirituanos descubren los primeros contagios y capturan de inmediato a los indisciplinados que escapan del aislamiento; en el barrio El Naranjal, de Matanzas, mi hijastra Lily sale a diario a realizar su pesquisa para la detección de enfermos respiratorios. Al mismo tiempo, en Madrid, mi primo Pepe se afana en la atiborrada sala de cuidados intensivos de un hospital y en New York, el famoso científico de origen espirituano Arturo Casadevall experimenta un viejo/nuevo tratamiento antiviral a partir del plasma de los curados.

Como conferencista invitado, he visitado dos entidades de salud en La Habana que me han impactado al conocer de cerca la magnitud y significación del trabajo de sus colectivos: la Unidad Central de Cooperación Médica (UCCM) y BioCubafarma, la OSDE farmacéutica más importante del país. En la UCCM −donde he acudido varias veces a disertar sobre temas martianos− compartí con cientos de trabajadores y cursistas. Esto me ha permitido comprobar la alta complejidad y dedicación del trabajo que realizan, y los valores de humanismo y solidaridad que forman en los potenciales colaboradores, embajadores de la salud cubana en diferentes lugares del mundo.

Orgullosos podrían sentirse los ilustres antecesores de la actual potencia médica cubana del lugar que esta ocupa en el mundo y su papel en la salvación de la humanidad ante esta amenaza invisible. Desde Vicente de Castro, Tomás Romay, Carlos Finlay, y tantos otros médicos precursores, hasta José Miguel Gómez y su secretario de salud, el doctor Matías Duque Perdomo, Coronel del Ejército Libertador, creadores del primer ministerio de salud en el planeta.[1] Sin olvidar que, en el lejano 1634, se había fundado el Real Tribunal del Protomedicato de La Habana, tercero de América, precedido solamente por los de los Virreinatos de México y Perú.

Al triunfar la Revolución y empezar a implementarse el Programa del Moncada, donde Fidel había propuesto soluciones viables al problema de la salud −uno de los siete mayores que tenía Cuba−, hubo que enfrentar de súbito el éxodo de casi la mitad de los seis mil galenos con que contaba el país. Esa cifra, aunque representaba la mayor per cápita de América Latina, estaba concentrada en las grandes ciudades y en la atención de las capas medias y altas; mientras los pobres, especialmente, las familias campesinas, apenas recibían atención médica.

Con el trabajo sacrificado de los que se quedaron, se lograron elevar los indicadores de salud, fomentar las campañas masivas de vacunación y extender los servicios por toda Cuba; hasta que el fomento de la carrera de medicina y las primeras graduaciones de nuevos médicos permitieron reponer y superar las plazas faltantes. Este esfuerzo sostenido permitió que, en 1970, se lograra lo que considero una de las más grandes conquistas, no solo de la sociedad socialista, sino de toda la historia de la ciencia y la salud en Cuba y el orbe: la integración de un Sistema Nacional de Salud único, primero de América.

Por tanto, en este año de prueba para los humanos, está cumpliendo su primer medio siglo de existencia nuestro Sistema Nacional único de Salud. Qué mejor escenario para hacerlo que implicado hasta el tuétano en esta colosal batalla por la supervivencia de la especie, tanto en Cuba, como en cualquier rincón del mundo, sea en la Europa opulenta, o en el África pobre.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

[1] Decreto No. 78 del Gobierno Provisional, a propuesta del Dr. Barnet Roque de Escobar, asesor de la Comisión Consultiva. Publicada en la Gaceta Oficial el 26 de enero de 1909, para entrar en funciones dos días después al restaurarse la República. Siguieron a Cuba: Austria, 1917; Checoslovaquia, 1918; Gran Bretaña,  1919; Francia, 1920; República Dominicana y Líbano en 1921 y Turquía, 1923.