Vindicación de la libreta

Por: Yassel A. Padrón Kunakbaeva

Mi generación creció escuchando las historias de cuando la libreta de abastecimiento era un libro gordo, e incluía la distribución de artículos tan variados como la ropa interior y los juguetes. Más recientemente, Pánfilo ha sabido utilizar el papel destacado que tiene la libreta en el imaginario de los cubanos, como una de las características más destacadas del período revolucionario. A decir verdad, el racionamiento se ha convertido en una parte integral de nuestra cotidianidad, y ya lo vemos casi como una segunda naturaleza.

Recuerdo aquellos años lejanos del 2011, cuando se plantearon los Lineamientos. Uno de ellos era eliminar progresivamente la libreta de abastecimiento. Yo, al igual que muchos otros, estuvimos de acuerdo con aquella medida, pues la idea era liberar al Estado de las pesadas cargas presupuestarias en las que se encontraba. La gran ilusión en aquellos años era dejar atrás el modelo de planificación soviético, y crear las condiciones para el mejor desenvolvimiento de una economía mercantil.

Finalmente, aquel lineamiento no se hizo realidad, aunque fueron sacados varios productos de la libreta. Debemos decir: por suerte, no se eliminó la libreta de abastecimiento. El tiempo y la reflexión me han hecho darme cuenta de que esa herramienta es extremadamente importante y necesaria. Basta solo ver la situación en la que se encuentran algunos barrios periféricos, donde la vida se ha precarizado continuadamente, para darse cuenta de que la desaparición de la libreta podría arrojar a miles de personas a la extrema miseria.

Desde el 2011, a la pobreza en que ya vivían muchas personas se le ha sumado el aumento de la desigualdad. La vida cotidiana no es igual en algunos lugares donde viven personas de mayores ingresos y en barrios humildes, donde la  lucha por conseguir lo mínimo indispensable para vivir puede ser agónica. Muchas personas viven en el gris borde de la ley. Si se quiere saber cómo sería la vida de muchas personas en caso de desaparecer la libreta, basta con ver el ejemplo práctico de los barrios de emigrantes del oriente del país, los famosos llega-y-pon, donde los recién llegados no tienen acceso regular a los derechos sociales.

La libreta de abastecimiento representa una renta básica universal de los cubanos.

Así como está, que no dura más que para una semana, que cada vez le quitan algo más, es algo. Sería peor que no existiera. Y Aunque fuese una carga para el Estado, creo que se debería mantener por cuestiones de principio.

Sigo creyendo que Cuba necesita desarrollar una economía mercantil. Sin embargo, debemos evitar que las relaciones capitalistas se apoderen de nuestra sociedad. Una de las formas de lograrlo es manteniendo y ampliando esa renta universal. Si algo es antagónico a la implantación del capitalismo, es que las personas no estén privadas de los recursos fundamentales para vivir. El derecho a la vida y el capitalismo son contrarios. No solo creo que la libreta debe mantenerse, sino que soy partidario de que si en algún momento la economía mejora, se amplíe el surtido de productos. Como era en la década de los ochenta o más.

Algunos consideran que la libreta no debería ser universal, que los más adinerados no deberían recibir lo mismo, y que se deberían concentrar los recursos en las personas más necesitadas. Pero por ese camino se corre un peligro, que es el mismo para todos los servicios cuando no son universales. Habría que crear una engorrosa burocracia para decidir quién sí y quién no. La experiencia ha demostrado que terminan formándose bolsones de personas a las que no llegan los derechos sociales. Es más radical y eficaz mantener la universalidad.

En medio de esta crisis por el coronavirus, muchas personas han planteado que los productos más importantes sean regulados a través de la libreta de abastecimiento. Ello permitiría garantizar el acceso, y además evitar mejor las aglomeraciones en los establecimientos comerciales. La iniciativa popular no es descabellada, y nos hace recordar que ya contamos con una herramienta creada que puede servir en tiempos de coronavirus.

Las autoridades de Comercio Interior, hasta ahora, se han negado a normar los productos.

Plantean que no hay suficientes existencias para llegar a cada persona. Sin embargo, no han dicho nada de si sería posible llegar a cada núcleo, por ejemplo, una experiencia que se ha aplicado en otras ocasiones. Mientras tanto, la situación con el detergente es crítica, y en los establecimientos donde aparece se forman colas inmensas. A pesar de la intervención de la policía, se convierten en situaciones óptimas para la propagación del coronavirus.

Si la crisis empeora, creo que el gobierno debería analizar seriamente usar la red de productos normados para distribuir lo necesario para las familias. Además de que las bodegas pueden ser, dada la tradición comunitaria que las rodea, un mejor espacio para controlar las colas y mantener las distancias apropiadas.

Estas y otras son las reflexiones que me provoca pensar en esa vieja, vilipendiada pero querida libreta de abastecimiento. No deberíamos olvidar las cosas buenas que hemos creado en estos sesenta años de resistencia.

Para contactar con el autor: yasselpadron1@riseup.net