La vez que nos salvó el Estado

Foto: Getty/Fatemeh Bahrami

Por: Gabriela Mejías Gispert

A lo largo de la historia hemos transitado muchas pandemias. Entre las más letales podríamos citar: la viruela, sarampión, la peste negra , VIH, las diferentes influenzas y más recientemente el corononavirus. Ya casi ninguna reconocidas por las personas de este siglo, fueron controladas gracias a vacunas y avances médicos que permiten su prevención. En épocas pasadas, donde la medicina tenía carácter de contingencia, estas pandemias resultaban incontrolables. Sólo el sarampión eliminó entre el 3 y 6% de la población mundial.

Lejos estamos de tener en estos momento dicho panorama de salud. Sin embargo la rapidez con que se ha propagado el virus y la suma de muertes ha sido considerable: 34.610 a la fecha. Paradójicamente, los países con mayor número de víctimas son también los más desarrollados. A todos nos sorprende y preocupa en diverso grado la crisis. En Latinoamérica vemos con preocupación las cifras. Suponemos a nuestro continente más frágil ante la pandemia, por poseer una economía menos estable. Sin embargo a lo largo de estos días de cuarentena; hasta el más lego puede notar que son otras las variables que definen cuán vulnerables nos encontramos.

Cada noticiero o diario que abrimos, vaticina una repercusión enorme para la economía mundial. La economía de mercado que mueve el engranaje global puso en jaque a gran parte del mundo. Nos encuentra con sistemas de salud en bancarrota producto de acuerdos con instituciones multilaterales, como el FMI y el Banco Mundial; así como sanciones en el caso de Cuba, Venezuela y Siria. Tenemos deficiencias de atención primaria, privatización del sector salud, aumento sustancial de los costos de medicamentos y atención médica. Se suma el escaso financiamiento a los centros de investigación y los monopolios de grupos farmacéuticos. De este panorama no escapa ni el propio EE.UU, donde existen 87 millones de personas sin seguro social o seguro insuficiente; según afirmaba el candidato presidencial Bernie Sanders hace pocos días en el sur de Seattle.

El doctor en Ciencias políticas de la Universidad de Lieja y de la Universidad de París VIII, portavoz del CADTM Internacional y miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia, Eric Toussaintlo cataloga como una crisis del sistema capitalista; donde el COVID-19 no ha hecho más que detonar la crisis de un modelo ya en decadencia. Sin entrar en detalles bursátiles, que podrán leer de su propia pluma, diré que no me sorprende su afirmación. Quienes soñamos con asistir al sepelio del neoliberalismo, vemos las imágenes de estos días con un dolor ambivalente. No queda duda de que tenemos que probar otras formas más humanas de hacer política.

La sucesión de gobiernos neoliberales de los últimos años, nos ha dejado sin herramientas para sostener las medidas necesarias ante una pandemia de este calibre. Las pujas políticas y el cuidado de la economía se continúa anteponiendo al cuidado de la vida. Tengamos en claro algo, el peligro nos llega a todos, pero el acceso a los cuidados para evitar contagiarse constituye un privilegio de clase: la cuarentena es un privilegio de clase.

La importancia del Estado ha quedado sobre el tapete.

No se trata de existencialismos en tiempos de crisis; hay que ver el mapa geopolítico en toda su amplitud para entender qué sectores han sido siempre los más vulnerables y lo son hoy, cuando se magnifica el peligro. Quiénes no perciben un salario mensual bajo contrato, quiénes viven de una jubilación escasa, quiénes no tienen obra social o acceso a salud gratuita, quiénes cobran por hora, quiénes viven en la calle y no pueden acceder siquiera al tan afamado alcohol (sea en gel o al 0.1 %) La lista es larga y angustiante.

Muchos mandatarios, como Macron, parecen haber descubierto el agua tibia hace poco al afirmar la importancia del Estado en la salud pública, universal y gratuita. Otros, como Bolsonaro y Trump , siguen jugando a que nada sucede y tienen todo bajo control. Algunos aterrados, como Piñera o Duque temen que el pueblo se les lance a la calle, cansado de tanto atropello. En estos momentos solo tengo dos faros, que me atrevo a decir sin chovinismo alguno: la diplomacia médica cubana y el recién electo presidente de Argentina. Es probable que sus medidas proteccionistas sean la garantía de que este virus se lleve menos vidas en ambos países.

Aún quedan unas semanas para el pico máximo en la curva de contagio. Cuando las aguas se calmen habrá preocupaciones del cotidiano de los días que nos asalten nuevamente; espero que el mundo no se olvide lo aprendido: de lo intangible de la vida. Las medidas que sean tomadas en lo adelante serán decisivas, ya no tanto para preserva  nuestra economía, pero si nuestra dignidad como humanidad.