Rostros de la violencia en Cuba

Foto: Vivienne Gucwa

Por: José Leandro Garbey Castillo

Tengo 24 y mi mamá no quiere que llegue tarde a casa. Hace unos años no era así. Ahora, solo me dice que la calle está mala, que están asaltando. Al principio, por la rebeldía de la juventud minimizaba el asunto. No le prestaba tanta atención. Ahora, que la gente habla a diario de asaltos y robos en la periferia de La Habana, no ando en la calle como antes.

Llego a La Lisa. Al bajar de la guagua, en la parada, me artillo de unas piedras. Es humano creer que en algún momento pueden ser necesarias para defenderme. Pongo en pausa el reproductor del móvil. Lo guardo junto a audífonos, cartera, reloj, y todo objeto que pueda ser atractivo para los atracadores.

Camino por el medio de la calle. Evito lugares oscuros. Al doblar la esquina, miro para atrás y veo que alguien se acerca. Cruzo a un costado de la calle. Él sigue su paso, entonces siento que todo está bien. Vivo sumido en la omnipresente paranoia. Siento que algún día puedo ser yo el asaltado. Cada día es peor. Tengo miedo.

Varios medios de comunicación e instituciones que investigan la violencia en Latinoamérica, sitúan a Cuba como uno de los países con menor índice en la región, lo que confirma el eslogan de su gobierno ante el mundo: «Cuba es un país seguro»

Si bien es cierto que en comparación con otras naciones del área -México, Brasil, Venezuela, Jamaica, Honduras o El Salvador- los niveles de seguridad en la isla son muy superiores, en los últimos años según la visión popular se evidencia un aumento significativo en los casos de hurto, desorden al orden público, vandalismo, robo con fuerza o asesinatos.

Resulta imposible establecer un balance numérico exacto de todos estos fenómenos sociales, pues el Estado cubano imposibilita el conocimiento de dicha información. Para acceder a cifras oficiales, es necesaria la aprobación del Ministro del Interior, lo que resulta difícil -para no calificarlo de imposible- tanto para medios de prensa nacionales de carácter oficial o alternativos, como para instituciones interesadas en la investigación y análisis de variables sociales.

Para la Organización Mundial de la Salud un índice normal de criminalidad medida por muertes violentas intencionales se encuentra entre 0 y 5 homicidios por 100.000 habitantes en el período de un año. Cuando ese índice de homicidios se ubica entre 5 y 8 la situación se considera delicada, pero cuando excede de 8 nos hallamos frente a un cuadro de criminalidad “epidémica”.

El portal Datosmacro especializado en el análisis de estadísticas económicas y sociales en todo el mundo, sitúa a Cuba en el puesto 111 en cuanto a tasa de homicidios intencionados (o intencionales por cada cien mil habitantes) de un total de 169 naciones analizadas.

Según la fuente antes mencionada, en el país el índice de asesinatos anuales ronda los 600. Con una población que ronda los 11 221 060 habitantes, dicha estadística representa alrededor de un 5 por ciento, muy inferior a la media en los países de la región.

En Cuba, de media, cada día al menos una persona muere asesinada. Una de cada cinco es mujer.

Índice de homicidios intencionados en Cuba durante los años 2011-2016. Fuente: datosmacro.com (No hay estadísticas posteriores al 2016)

La tasa de homicidios en la nación caribeña, que se situó en 2016 en el 5 por cada cien mil habitantes, decreció respecto a 2015, en el que fue del 5,4. Sin embargo, las estadísticas aportadas por datosmacro, reflejan unos niveles de homicidios, durante la pasada década, inferiores a los registrados en el país en los años 90.

En este sentido, las cifras demuestran que los primeros años del Período Especial, resultaron los más violentos de los 24 analizados, siendo 1994 el de mayor índice.

Las estadísticas durante el sexenio comprendido entre 1992-1997 evidencian el mayor porcentaje de asesinatos en Cuba de los últimos años.

La mayoría de las publicaciones sobre el tema destacan la seguridad que existe en la isla caribeña. InSight Crime, organización encargada del análisis del crimen mundial, muestra a Cuba como uno de los países menos violentos del continente.

En su informe del año 2018 denuncia que los homicidios a causa del crimen organizado y los femenicidios, son de los más comunes casos de asesinatos en la región.

Destaca, además, que en Venezuela el elevado índice está ligado a la inestabilidad política y situación económica; en países como Colombia y Honduras sobresalen los asesinatos por motivos políticos a líderes sociales y activistas por los Derechos Humanos; y en México se destaca la incidencia de organizaciones criminales, la mayoría ligadas al narcotráfico.

Índice de homicidios en Latinoamérica durante el año 2018 según InSight Crime.

Sin embargo, a pesar de las cifras y los análisis que destacan a la isla como un país seguro, en lo popular está presente cierta sensación de inseguridad que se ha acrecentado en los últimos meses.

Una encuesta realizada por La Joven Cuba, arrojó que el 73% de los entrevistados, considera que hay un grado considerablemente medio-alto de violencia, no comparable al de otras naciones, pero que se evidencia en los hechos vandálicos que se han producido en los últimos meses -sobre todo asaltos- los cuáles en algunos casos han terminado en asesinatos.

El más mediático de ellos fue el asesinato de un estudiante universitario en el céntrico municipio capitalino Vedado el pasado mes de febrero, tras ser asaltado. Este caso trajo consigo cierta repercusión mediática, no exenta de polémica pues por lo general las agendas de los medios de comunicación oficiales cubanos están desligadas del tratamiento de este tipo de contenido. En este caso, particularmente, se trataba del hijo de una miembro del Cuerpo Diplomático de Cuba en el exterior.

No menos llamativo es el tema de los femenicidios. A pesar de campañas desarrolladas en el país como: «Evoluciona», que enfrenta el acoso hacia la mujer o del amplio crecimiento del movimiento feminista cubano, en nuestros medios de comunicación no se abordan estos asesinatos; incluso, jurídicamente, no está reconocido el término femenicidio, algo que debe cambiar a partir de la oficialización del nuevo Código Penal; y en el caso de la prensa, tras la nueva política comunicacional que debería garantizar el acceso a información de carácter público.

En la sociedad cubana, aún patriarcal y machista -sobre todo en las estratos sociales más bajos-, se vislumbran a diario casos de violencia de género que pueden desencadenar en un femenicidio. La mayoría de los casos de asesinatos están acompañados de agresiones físicas y verbales previas, y de la no denuncia por parte de la victima.

Factores históricos como la marginalización y la situación de insatisfacción económica de la población cubana resultan catalizadores para la violencia pues de una forma u otra, sobre todo en los estratos sociales con menor índice de escolaridad, la falta de acceso a espacios de interacción social -en su mayoría recreativos- incide en la formación de un estado de apatía y enajenación del individuo que acrecienta las brechas sociales. Así aparecen como «posibles vías de escape» la drogadicción y el alcoholismo.

Según el reportaje: «Disminuye la cantidad de droga incautada, pero aumenta la complejidad en el enfrentamiento», publicado en el diario Granma en diciembre del pasado año: mientras de enero a octubre de 2018 se detectaron 59 intentos de introducir droga al país, con 60 kg incautados; hasta esa fecha, en 2019, se habían interceptado 30 casos, con 21 kg de estupefacientes asegurados por los órganos de seguridad interna.

«Actualmente en el país circula una cantidad considerable de droga. Acá, en mi sitio de trabajo, se nota que algunos de nuestros clientes la consumen. En mi barrio los jóvenes la consumen. En ocasiones yo la consumo», declaró el empleado de un concurrido bar ubicado en el municipio habanero de Playa; el mismo pidió a La Joven Cuba que no fuera divulgada su identidad.

Además, aclaró que ligado al consumo de la droga, muchas veces está presente la violencia. «Yo he maltratado a gente muy cercana cuando he estado drogado. En ocasiones me he vuelto loco. He tirado cosas por toda la casa. Pierdes el control de tu cuerpo. Puedes hasta matar a alguien. La droga te puede volver un animal salvaje. Cuando la consumía, siempre tomaba ron. Imagínate, cuando se ligan esas cosas, es una bomba de relojería. Eso es feo, chama».

Droga incautada por la aduana cubana
Droga incautada por la aduana cubana

Son las cuatro de la mañana y en La Habana todo está oscuro. No hay carros en la calle. Una leve brisa acompaña el abrazo entre dos amantes en el malecón. Están agotados. La chica bosteza mientras a él se le cierran los ojos, tras soltar una ráfaga de las últimas palabras que le quedan. No han dormido en toda la noche.

Suena el teléfono. Es la madre del chico. Hablan tan solo unos segundos en los que no para de repetir la misma frase: «si mami, si». Cuelga. Aún es temprano. Les faltan varias horas para el amanecer. La chica pregunta si algo ha pasado. Él mueve la cabeza a los lados, y casi sin ganas responde que todo está bien.

«La vieja llamó para decirme que espere a que amanezca, que la calle está mala. Como a las cinco pasa la guagua. Cuando lleguemos a La Lisa, será de día. Ella no quiere que ande tan tarde en la calle. Tiene miedo a que me pase algo. La pobre. Y no digo nada pero, en el fondo, también tengo miedo».