El tiempo que vivimos en peligro

Foto: Yamil Lage/AFP

Por: Alina B. López Hernández

Recuerdo con respeto y admiración a Josefina Vidal. Se encargó por la parte cubana de las relaciones con Estados Unidos durante la administración Obama. A su inteligencia, tacto diplomático y habilidad comunicativa, se sumaban una elegancia, ecuanimidad y carisma que la hicieron muy popular. Algunos amigos compartíamos la esperanza de que pensaran en ella para responsabilidades más altas, tan altas como la presidencia del país.

Cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca y comenzó una escalada de hostilidad que iría en aumento, la hábil diplomática fue liberada de su cargo con la explicación de que, aunque había realizado un trabajo excelente, una administración tan diferente a la anterior requería otro estilo de dirección.

La tesis de que hay que tener un determinado tipo de cuadros y funcionarios para tiempos de crisis no ha trascendido al parecer a otras instancias políticas en la Isla. Solo hay que mirar alrededor para percatarse de los abismales errores que día tras día se cometen por parte del aparato ideológico. El mismo no termina de ubicarse en:

  • El novedoso entorno que ha creado el acceso masivo a internet y las redes sociales, que los ha privado del monopolio absoluto de la información que tuvieron por décadas y ha democratizado su difusión y generado la posibilidad de campañas y denuncias ante arbitrariedades.
  • Un estado de permanente polémica, visible en las redes y fomentado desde el año anterior por la propia dirección del país a raíz de la consulta popular para la redacción de la nueva Constitución; quizás pensaron que al concluir la referida consulta y no requerirse más nuestros puntos de vista cesaríamos de ofrecerlos, ingenuo de su parte, ahora tenemos cómo y no necesitamos de sus convocatorias.
  • La declaración de Cuba como un Estado Socialista de Derecho que visibilizaba mejor las prerrogativas de cubanas y cubanos.
  • La existencia de generaciones jóvenes, cuestionadoras per se, que han encontrado repercusión en generaciones mayores, ya cansadas de promesas incumplidas y reformas demoradas o interrumpidas.

Las personas que están dirigiendo la esfera de la ideología en Cuba se acostumbraron por más de medio siglo a residir en una zona de confort de la que están saliendo sin recursos: carecen de inteligencia y sutileza para la toma de decisiones y la negociación; no están adaptados a ser cuestionados y a dialogar; sus métodos de fuerza y prepotencia quedan al desnudo en un planeta interconectado, donde todo queda a un click de distancia; carecen de argumentos convincentes porque están desconociendo las propias leyes nacionales ante la ciudadanía y ante el mundo.

El resultado es un cúmulo de arbitrariedades, violaciones a la legalidad y errores estratégicos que casi logran que pensemos como país, aunque no del modo en que quisiera el presidente.

El gusto por la censura en momentos en que lo mismo un libro, un documental que una película pueden estar disponibles para todos en segundos, es francamente un signo de bajo coeficiente intelectual e ineptitud estratégica.

La aplicación de castigos desmedidos y limitación ilegal de derechos a ciudadanos cubanos está articulando más a la gente que las consignas de unidad. La vulneración constante de la libertad de palabra, de expresión y manifestación, todas incluidas en la Constitución aprobada, es inaceptable.

Hace poco afirmé en un post: “Sería bueno reflexionar con prudencia si las tácticas (…) en el tratamiento a la oposición no están generando una simpatía hacia ella que hasta ahora le costaba ganar con sus propuestas políticas”.

Los que dirigen la esfera ideológica deberían tener asesoría legal permanente, conocimientos profundos de comunicación social y aplicación sistemática de instrumentos que midan las opiniones ciudadanas antes de lanzarse a una actuación que está dañando la imagen de la Isla. Se necesita un gabinete de crisis para el ámbito ideológico porque el actual está generando más discrepantes dentro de Cuba que sus predecesores. Es un récord, pero muy peligroso. El tiempo que vivimos en peligro, es ahora.

Para contactar con la autora: alinabarbara65@gmail.com