La responsabilidad del artista

FOTO: CARTEL MUESTRA JOVEN EN SANTIAGO DE CUBA/AHS

Por: Isabel Cristina Lopez Hamze

Hace unos meses participé en un evento de historiadores y uno de los problemas que se trató fue la falta de investigaciones sobre la historia de la Revolución. Algunos historiadores alegaban que no les correspondía contar la historia reciente, pues el paso de los años es necesario para enfrentarse a una investigación desde el campo de la Historia. Otros hablaron sobre la imposibilidad, en algunos casos, de acceder a información correspondiente a sucesos recientes. Otros dijeron que sí era una deuda de los historiadores relatar, analizar y caracterizar esta época en la que vivimos. Una mujer sabia, Doctora en Historia alertó sobre otra gran carencia: no se ha hecho la historia social de Cuba. Esa historia que también indague en las repercusiones que han tenido los hechos y las políticas en la familia cubana. Una historia que cure las heridas y silencios que componen nuestra cotidianidad.

El éxodo por El Mariel, provocado por los sucesos de la embajada del Perú el 1 de abril de 1980, desencadenó una de las oleadas migratorias más importantes en la historia cubana en la que alrededor de ciento veinticinco mil personas salieron por el puerto. Si bien en los textos históricos y en los materiales sobre la migración en Cuba se hace referencia al suceso, lo cierto es que la mirada se enfoca en los hechos y no en el impacto emocional de los actos de repudio para las familias, los amigos, los hombres, las mujeres, los niños y niñas que se vieron sometidos a tal humillación. No existen espacios para debatir, recordar o analizar aquellos días complejos de tremenda confusión. El teatro lo ha hecho, al menos en cuatro obras publicadas y estrenadas en Cuba.

En la Editorial del Granma del día 7 de abril de 1980 se dictaba a todo el pueblo: “La exigencia, la disciplina y el rigor están reñidos con la blandenguería, la delincuencia, la vagancia y el parasitismo. Nuestro pueblo trabajador piensa unánimemente: «¡Que se vayan los vagos! ¡Que se vayan los antisociales! ¡Que se vayan los lumpen! ¡Que se vayan los delincuentes! ¡Que se vaya la escoria!».”

El teatro ha mostrado la otra parte de la realidad, ha mostrado a las familias, a la gente de un modo humano y sincero. Ha mostrado cómo muchos buenos y decentes se fueron por El Mariel y cómo muchos buenos y decentes tiraron huevos y asistieron a los actos de repudio, confundidos, adormecidos, temerosos, arrastrados por el furor de la masa inconsciente. Creo que es triste revivir esos años, pero también creo que es necesario, valiente y provisor, para que no se repita la historia. Sobre este tema en el teatro estoy haciendo mi investigación de Doctorado en Ciencias del Arte y escribiendo un libro, cuyo proyecto resultó ganador de la Beca Cintio Vitier de la UNEAC en 2018, una muestra de que es importante que los jóvenes queramos saber.

“Sueños al pairo”, tiene encanto y más allá de su repercusión mediática actual, es un importante referente para mi estudio, por tratarse de un material audiovisual hecho con rigor por dos jóvenes que viven y crean en Cuba.

Siguen pendientes para la Historia otros temas espinosos, pero medulares para entender nuestro presente y nuestro devenir, como, por ejemplo: la llamada “parametración” de los 70 y la lucha contra bandidos en El Escambray y su repercusión en la familia cubana. El teatro y el arte los han tratado ya y seguirán, con suerte, hurgando en nuestro oscuro y perturbador pasado reciente, desafiando a la desmemoria, por el bien de nuestros hijos y nuestros nietos, para que los mueva el amor, las ansias de reconciliación y no el resentimiento.

Mientras los historiadores se debaten entre si les toca o no contar la compleja historia de los años de Revolución, con sus aciertos y sus errores, qué maravilla que los artistas de este tiempo, con censura o sin censura, sepan que, definitivamente, les toca a ellos. Ojalá sepan hacerlo desde el amor.