A propósito de libros

Por Yassel A. Padrón Kunakbaeva

Ahora que estamos en Feria del Libro, y que además se ha puesto de moda hablar de China y del coronavirus, quiero aprovechar para recomendar una obra de ciencia ficción que me parece de lo más valioso que ha aparecido en los últimos tiempos. Se trata de El problema de los tres cuerpos, del escritor de la China continental Liu Cixin. Por supuesto, como el lector se puede imaginar, no se trata solo de ciencia ficción: la obra ofrece un acercamiento muy interesante a la historia contemporánea de China, su papel en el mundo y lo que puede representar en el futuro de la civilización.

La trilogía de novelas que comienza con El problema de los Tres Cuerpos ha sido todo un éxito, tanto en China como en Occidente. Ganó algunos de los premios más importantes, tales como el Galawy Award y el prestigioso premio Hugo. A mí me impresionó por la brillante manera en que imbrica la ficción con elementos de la realidad, pero sobre todo por las pinceladas que muestra sobre la cosmovisión cultural china. Para explicarme, tendré que comentar algunas partes así que ya saben: ¡Spoiler Alert!

La parte ficticia, que le da nombre a la obra, cuenta la historia de una civilización en un planeta lejano, el cual sufre la terrible circunstancia de estar dentro de un sistema de tres soles. Debido a una paradoja física, resulta imposible predecir la trayectoria y movimiento de los tres cuerpos solares, lo cual hace que el clima en el planeta sea completamente impredecible y en ocasiones extremo. Dicha civilización extraterrestre, para sobrevivir, ha tenido que adoptar una organización completamente autoritaria y totalitaria. Su mayor sueño es descubrir otro planeta en el universo que sea habitable, y que no tenga el problema de los tres soles.

No obstante, uno no sabe nada de eso hasta el final del primer tomo. La historia comienza de un modo completamente distinto a lo que acostumbramos a ver en el género: en medio de la Revolución Cultural China. El componente de novela histórica que tiene la obra está muy bien logrado. Liu Cixin nos cuenta las travesías de Ye Wenjie, una joven astrofísica atrapada en el infierno de la convulsión política.

Ye Wenjie, luego de conocer el peor rostro del sistema político chino, termina gracias a sus conocimientos en una base militar secreta. Plena guerra fría, los chinos están preocupados porque los americanos, o peor, los soviéticos, contacten primero que ellos a los extraterrestres. Por eso la base Costa Roja lanza una y otra vez al espacio mensajes de solidaridad interespacial de la República Popular China. Años después, la base sería cerrada, considerada un delirio por los mismos que la construyeron. Nadie sabe la verdad, que Ye Wenjie contactó con los trisolarianos, y los invitó a colonizar la tierra para detener la locura inherente de la civilización humana.

Varias cosas me impactaron en esta novela. Una de ellas fue la representación de la Revolución Cultural. Como estudioso de la historia del marxismo, el socialismo y el comunismo, el maoísmo me sigue pareciendo algo insólito. Es duro, porque se presentó en su momento como la alternativa, y planteó llevar a la práctica algunas ideas con las que yo comulgo, como la lucha cultural contra el capitalismo, la necesidad de que el sujeto popular se mantenga movilizado y tenga una participación activa. En la China de Mao se llegó a aceptar la existencia de contradicciones entre pueblo y burocracia. Sin embargo, todas esas buenas ideas son también susceptibles de corrupción y manipulación.

La novela muestra en toda su crudeza la locura sanguinaria de la Revolución Cultural: las bandas de guardias rojos, desplegados por las ciudades, jóvenes armados que tenían facultad para crear sus propios tribunales, juzgar y ajusticiar “burgueses”. Aparece el espectáculo de las luchas fratricidas entre esas milicias, una vez que el odio sectario sobrepasó al interés por cazar una inexistente burguesía. Todo ello sin que dejaran de estar presentes las incesantes referencias al Gran Timonel. Me llamó la atención que Liu Cixin haya podido publicar su libro en China, dada la imagen de totalitarismo que nos venden de ese país.

Otra cosa que te golpea cuando lees El problema de los tres cuerpos: la conciencia histórica china. De pronto, te encuentras con la certeza de que ese pueblo tiene una historia más grande que la tuya, con muchas capas. Para nosotros la historia tiene un camino, la comunidad primitiva, la Antigüedad Clásica, el Medioevo, la Modernidad y la Contemporaneidad. China ha vivido muchas más etapas que eso. Sus etapas son otras. Poniéndome dentro de sus zapatos, sentí como si vivieran en un planeta y en una civilización diferente a la mía.

Pude entender mejor la conciencia que tienen los chinos de ser el centro del mundo. Por eso se llamaban el Imperio Medio. Para ellos, el periodo de dependencia colonial con respecto a Occidente es el Siglo de la Humillación. Un amargo periodo felizmente superado gracias a Mao, que será seguido por un camino recto hacia la grandeza.

Algo inapreciable para mí fue tener acceso a un relato chino sobre las reformas de Deng Xiao Ping. Conocemos mucho mejor la Perestroika, pero poco sobre las reformas chinas. En El problema de los tres cuerpos se muestran algunas pinceladas, las cuales lo más interesante que tienen es que muestran cómo se vivió ese proceso desde el punto de vista de la cotidianidad.

En el libro, se muestra cómo la llegada de la época de Deng se sintió como un retorno a la normalidad. A una época fáustica, de planes y movilizaciones sin precedentes, condimentados con violencia política y totalitarismo, le siguió una época donde retornaba el discurrir mercantil de siempre, la vida familiar y el tedio de la lucha por el progreso económico. Fue relativamente fácil, como si saliera el sol.

China era un inmenso país campesino. A pesar de la industrialización incipiente del periodo maoísta, que el propio Mao se encargó de dinamitar en parte, en esa nación estaban todas las condiciones para restablecer el mercado campesino. No se daba el fenómeno que por causas diferentes se dio en la URSS y Cuba: una población urbana sobredimensionada, un campo débil, la necesidad de un estado controlador de los precios. En China el estado siguió controlando, pero de otro modo; la vida mercantil fue relativamente fácil de reconstruir. Además, se trata de un país con una sedimentación cultural milenaria. Con solo un chasquido de dedos la sociedad y cultura chinas se reequilibraron.

También me llamó la atención el tratamiento que le da Liu Cixin a lo que podríamos llamar el lado oscuro de la reforma. Los acontecimientos del Gran Salto Adelante y luego de la Revolución Cultural, fueron tan traumáticos, que una vez regresada la sensación de normalidad de la época de Deng, la sociedad china intentó olvidar todo lo que pudo. En el libro, algunos personajes se preguntan si ciertas cosas realmente sucedieron, y tienen que responderse que sí porque quedan algunas huellas, un brazo perdido, la foto de un familiar muerto o un amigo que nunca se supo más de él.

Parte el corazón una escena en la que Ye Wenjie, ya en época de Deng, se encuentra con tres antiguas guardias rojas. No quedaba nada de la época en que eran tres despiadadas y fanáticas adolescentes. Eran fantasmas en vida. La reforma en China fue despiadada, implicó una terrible purga en todos los niveles del Estado y del Partido, que incluyó que los antiguos guardias rojos, valiosos durante la Revolución Cultural, fueran llevados a campos de reeducación y olvidados en medio de la nada. Ye Wenjie se reafirma, al verlas, en su odio hacia la raza humana.

Aquí quisiera hacer un pequeño guiño a los que defienden unas rápidas reformas en Cuba. Una de las razones por las que camina tan lento el cambio de paradigma en la Isla es porque se ha intentado hacer con las mismas personas. En China no cometieron ese error. ¿Pero acaso se ha pensado en el costo humano de hacer aquí lo mismo que hicieron los chinos? ¿Cuántas personas que le han dedicado una vida de trabajo a la Revolución se quedarían en la total anomia?

El problema de los tres cuerpos ofrece interesantes puntos de vista y reflexiones sobre China. Sobre todo muestra algo de lo que ya nos deberíamos haber dado cuenta: esa nación tiene un proyecto civilizatorio con visión de futuro, sustentado en su milenaria historia. Ahora que nos asombramos de que China haya construido un hospital con todos los hierros, para combatir al coronavirus, en diez días, o de que puedan sustentar una cuarentena de 35 millones de personas, nos vendría bien echar un vistazo al mensaje del libro.

El Partido Comunista Chino tiene un plan, que no es para mañana sino para cien años o más: convertir a China en un centro de acumulación de capital, reforzar el corrimiento de las cadenas globales de valor hacia Oriente, preferentemente hacia ellos mismos, construir una arquitectura financiera internacional paralela a la occidental, y en última instancia suplantar a Occidente como centro del capitalismo. Eso para reforzar el papel central de la civilización china. No lo han dicho de esa forma, pero es lo que se desprende de sus planes y acciones.

Eso es un reto para todos. Hasta ahora, China es un factor de equilibrio en el mundo, frente a los desmanes del imperialismo yanqui. Pero es válido preguntarnos por cuáles formas podría tomar un imperialismo chino. Por otra parte, para Cuba la reforma china es un referente que demuestra la posibilidad de armonizar el plan y el mercado, aunque es un ejemplo imposible de imitar al pie de la letra, dadas las inmensas diferencias de partida. También, en un orden más pragmático, Cuba puede aprovechar las oportunidades que le brinda tener buenas relaciones con esa potencia.

Bueno, creo que terminé hablando más de China que del libro de Liu Cixin. Pero tampoco se los voy a contar completo, ¿verdad? Recomiendo buscar el ebook. Después de todo, la lectura digital es el nuevo lema de nuestra Feria del Libro.

Para contactar con el autor: yasselpadron1@riseup.net