Elecciones con todos y para el bien de todos

Por  Manuel García Verdecia

Por estos días he leído y escuchado comentarios entusiastas sobre las recientes reuniones para el establecimiento de los gobernadores provinciales e intendentes municipales. Estos cuadros tendrán la responsabilidad de regir los destinos en una amplia gama de aspectos de millones de conciudadanos por un período de cuatro años. Incluso se describe el proceso como un ejemplo de democracia. Ya desde la discusión del proyecto de constitución yo había expuesto mi punto de vista.

Sencillamente creo que la opción más democrática es que los dirigentes en todas las instancias –desde el presidente hasta el dirigente municipal— sean electos directamente por la ciudadanía. Eso es democracia participativa, confianza en el pueblo, otorgamiento de posibilidades de realización política. Esta modalidad que hemos tenido es una forma de la democracia representativa, la cual se caracteriza por la transferencia de la potestad de elegir a determinados ciudadanos que representan a la mayoría, pero no cuentan –no pueden hacerlo por la forma misma en que esta función es concebida— directamente con esta.

Aclaro que no digo que las personas elegidas no sean aptas para hacerlo ni que no logren hacer lo debido exitosamente. ¡Ojalá sea así! Espero que cumplan sus funciones con talento, dedicación y honra. Pero igual espero que algún día podamos entre todos escoger directamente a cada uno de los que nos dirigen, desde el presidente hasta el último cuadro municipal. En esta ocasión solo hemos escogido al delegado de la circunscripción. La experiencia que hemos tenido hasta ahora por lo general es poco fructífera.

Comúnmente los delegados se dedican a “subir” planteamientos y luego a “bajar” respuestas. Es necesario que se les confiera mayor autonomía y autoridad real para dirigir y laborar por el proyecto que definan junto con su comunidad, de acuerdo con las necesidades y sueños de esta, y que gradualmente puedan responder por el avance en el logro de lo planeado. Hasta ahora no ha sucedido así. Los delegados resultan una suerte de canal que lleva solicitudes y trae de vuelta decisiones y empeños de instancias superiores para “dar respuestas a la población”, cuando lo que se trata es de satisfacer las aspiraciones de ella. Según el procedimiento actual, estos delegados de circunscripción conforman una asamblea municipal o provincial en la cual se les presenta una propuesta a los cargos. Ellos solo deben aprobar o desaprobar.

Esta forma de elegir y decidir gradualmente lleva a la enajenación de la mayoría en los asuntos políticos pues no se sienten consultados en la toma de decisiones. En el más reciente proceso de designación de gobernadores e intendentes no he conocido que se rechazara alguna propuesta y, lo peor, es que casi siempre la aprobación ha sido unánime.

En la información brindada por los medios sobre la conformidad con los cuadros indicados no se ha dicho si en cada caso se proponía uno o varios candidatos para los puestos que se instituían. Tampoco se ha dicho el por ciento de aprobación, rechazo o abstención con que estos nuevos dirigentes han asumido estas funciones. En fin que el centralismo sigue marcando la toma de decisiones y nos relega solo a fiarnos de y cumplir con lo que aquellos determinen. Confiemos en que estos dirigentes así designados trabajen correcta y provechosamente.

Ayudemos en lo que podamos, sin recelos ni rencores, a conseguir todo lo que ellos hagan por el bien de la sociedad y el país. Por supuesto sin dejar de ser críticos ante lo hecho indebidamente pues es la única forma de evitar la corrosión de lo posible. Pero a la vez esforcémonos por todos los modos porque en un futuro no muy lejano quienes organizan la legislación nacional confíen en nosotros y estructuren un sistema electoral de amplia base social que permita de forma legítima y eficaz elegir desde la totalidad de la sociedad a quienes esta considere que tengan las mejores facultades y perspectivas para organizar, decidir y fiscalizar el modo más conveniente y fructífero de realizar nuestra existencia económica, social, cultural y espiritual.