La pasividad y el silencio

Foto: Cortesía del autor

Por Giordan Rodríguez Milanés

El sábado 24 de noviembre, en la noche, en el Parque “De Céspedes”, en Manzanillo, celebraban el aniversario 87 de la primera transmisión radial en esta ciudad con –lo que llaman— una gala “político-cultural”. En un contexto matizado por ofertas gastronómicas, música y actividades para niños, se encontraba en el parque medio centenar de realizadores de radio, periodistas, escritores y músicos, junto al Primer Secretario del PCC, el Presidente del Gobierno, los directivos del ICRT en el municipio y la provincia, y unos cuantos funcionarios más. Ante todos ellos, la Bandera de la Estrella Solitaria. Una Enseña Nacional de grandes proporciones colgada de una terraza de forma horizontal, con el triángulo rojo al revés –o sea, a la derecha del observador—, en franca violación de la Ley de Símbolos Nacionales aprobada no hace un año.

Al parecer, nadie se fijó en el disparate. Nadie, excepto un par de escritores de otra ciudad que, apurados, se dirigían hacia una actividad de la AHS. Preguntaron quién o quiénes habían colgado la bandera de ese modo, pero los trabajadores de gastronomía que, justo debajo de ella, vendían comidas y bebidas, no lo sabían. Tampoco los escritores sabían que tenían a solo unos metros a los máximos responsables del acatamiento y cumplimiento de las leyes en Manzanillo. Probablemente ni siquiera los conocieran.  Los escritores tiraron una foto, me la enviaron, y este servidor la publicó con una nota en su muro de Facebook y en el grupo AMIGOS DE CUBADEBATE.

No voy a entrar a cuestionar como no se fijaron en el dislate tantas personas supuestamente comprometidas con el respeto a los símbolos nacionales. No podría, aunque quisiera, volver a escribir un Ensayo sobre la ceguera –no soy Saramago—. Lo que trataré es de analizar la lógica de aquellos que, en el grupo de Facebook AMIGOS DE CUBADEBATE, se mostraron más indignados por la publicación del hecho, que por el hecho en sí mismo. Réplicas como: “En vez de tirar la foto debieron acercarse al oído de uno de los dirigentes, y decirle”; “Es muy fácil criticar”; “Ojalá haya sido buena la intención de quien tiró la foto”; “Creo que no se debió de publicar, que no se debió polemizar”.

No es nueva la tendencia en una parte de la sociedad cubana a culpar a Hermes de la gravedad del mensaje que porta, o de no entregar ese mensaje a “quienes corresponda”. Tal lógica de autonegación social, ha sustentado el secretismo; el precepto de que “los trapos sucios se lavan en casa”; de que “el pueblo” –en abstracto—, es el culpable de las indisciplinas y no quienes organizan determinadas acciones; o de que las críticas o denuncias en plataformas comunicacionales no resuelven ningún problema, y solo les sirven a los enemigos.

Si es relativamente nueva la posibilidad de observar analíticamente la dinámica de un grupo de las redes sociales, y cómo reacciona un segmento ante una realidad distinta al modelo que nos propusimos; lo primero que salta a la vista es que, en un grupo llamado precisamente AMIGOS DE CUBA-DEBATE, con más de 5 mil miembros, no lleguen ni a medio centenar los que interactúen con el post. Tiene al menos cuatro lecturas: a la mayoría ni les va ni les viene que se viole la Ley de los Símbolos Nacionales. Les preocupa que se viole la ley, pero entienden que no es para hacerlo público ni hay necesidad de debatir sobre ello. Entienden que peor que violar una ley, es denunciar su violación. Asumen que quien denuncia le hace el juego al enemigo y, por lo tanto, no hay que hacerle caso.

De los que sí interactuaron, solo el 8 por ciento argumentó en uno o varios comentarios en contra del hecho en sí mismo, y a favor de la publicación. El 16 por ciento, o sea, el doble, se preocupó más por la publicación que por el hecho en concreto. Una revisión de los perfiles de estos últimos, indica que el 100 por ciento de los que defendieron no publicarlo, son o fueron funcionarios públicos o dirigentes.

Entiendo que la muestra es pequeña para intentar establecer siquiera conclusiones exploratorias.  Queda en el misterio lo que estarían pensando el resto de los miles que prefirieron la pasividad y el silencio. Esto es lo verdaderamente preocupante.

Demás estaría acotar que los medios locales no hicieron la más mínima alusión a la bandera colgada al revés, aun cuando casi todos los periodistas de la ciudad estuvieran en el parque manzanillero. Sin embargo, en algunos de sus perfiles, han comenzado a aparecer hermosas fotos de nuestra bandera, izada al viento, con el cielo turquí de fondo, orgullosa e irredenta. Por supuesto, a todas esas fotos, les he dado “Me encanta” aunque entienda que, en absoluto, resuelven el problema de una ceguera que, tal pareciera, ni Saramago alcanzaría a comprender.

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