Bolivia: persona y patria

Foto: La Voz de Asturias

Por Mario Valdés Navia

Tras la aparente consolidación del gobierno golpista en Bolivia y la incertidumbre de la resistencia, dos preguntas gravitan aún sin una respuesta clara: ¿será este el triste final de uno de los proyectos más exitosos y populares del progresismo latinoamericano? ¿Será que una vez más las artimañas y excesos de la derecha llevarán las de ganar ante los errores, debilidades e ingenuidades de un gobierno de izquierda?

Lo primero que salta a la vista es que nada de lo ocurrido fue sorpresivo. Meses antes de las elecciones la derecha local y su candidato Carlos Mesa habían anunciado que no reconocerían una victoria de Evo y llamarían a sus seguidores a la desobediencia civil. A nivel internacional, la reacción imperial ante los avances del progresismo en México y Argentina hacía esperar en Bolivia una fuerte lucha por todas las vías: pacíficas y violentas.

Desde hacía semanas las bandas de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) habían iniciado sus desmanes impunemente. En varias ciudades tomaron el control de las calles casi sin resistencia. Aún en vísperas de las elecciones, los grupos de choque del MAS y la fuerza pública dejaron hacer a los fascistas cuando abusaban públicamente de las mujeres en polleras y simpatizantes de Evo.

Quizás el recuerdo de los triunfos electorales anteriores haya pesado más en los cálculos políticos de los estrategas del MAS que el análisis del momento presente.  Es cierto que en las elecciones de 2005, en su segundo intento presidencial, Evo obtuvo casi el 54 % de los votos, la mayoría absoluta.

Incluso, el 21 de enero de 2006, un día antes de ascender a la presidencia de la república, fue coronado Apu Mallku (líder supremo) por los pueblos indígenas, en una ceremonia religiosa en las ruinas de Tiahuanaco. Esa fue la primera vez, desde la coronación de Túpac Amaru, en que se otorgó ese título sagrado.

El 10 de agosto de 2008, en un referéndum revocatorio de las autoridades centrales y ocho prefectos estatales, Evo y Linera fueron ratificados en sus cargos con el 67,41 % de los votos. Mas, sobre la cuestión autonómica, la opción del “No» ganó solo con una minoría relativa de los votos, imponiéndose en cinco departamentos (Chuquisaca, La Paz, Cochabamba, Potosí y Oruro), mientras que el «Sí» ganó en los restantes cuatro (Santa Cruz, Tarija, Pando y Beni).

En enero de 2009 el referendo para ratificar la nueva Constitución tuvo la aprobación del 61,43% del total. Surgió así el Estado Plurinacional de Bolivia, laico e igualitario para todas las etnias del país. Evo proclamó la revolución democrática y cultural en pos de la refundación de Bolivia y la instauración del socialismo comunitario. El nuevo  modelo económico-social comunitario estaría constituido por organizaciones estatales –encargadas de administrar los recursos naturales, sus procesos asociados y los servicios públicos−, privadas y cooperativas.

Los éxitos económicos de la nueva Bolivia asombraron al mundo a tal punto que, en 2009,  el Banco Mundial sacó a Bolivia de la lista de países de ingresos bajos y la colocó en el grupo de los de ingresos medios. Por ello en las elecciones presidenciales adelantadas del 2009, Evo logró la reelección con el 64,22 % de los votos y en las del 2014, ahora por seis años, lo repitió con un 61,3%. Su  mandato concluiría en enero de 2020.

Pero ahora, tras haber perdido el referéndum constitucional de 2016 por un apretado 51 a 49% a favor del No a otra reelección, y con el Sí ganando solo en tres departamentos, la confianza del gobierno en lograr el triunfo en primera instancia con más del 50% del voto, o una diferencia de más de diez puntos, prometía ser muy apretada y discutible.

La aún inexplicada detención de la publicación de los datos electorales cuando la tendencia era al balotaje, para volver horas después con datos favorables a la victoria de Evo en primera vuelta, abrieron las puertas al anunciado boicot de la derecha a los comicios. A partir de aquí ya nada los detendría en la ejecución de sus planes golpistas.

La solución dada por Evo a los cuestionamientos del resultado fue una de las noticias más increíbles de los últimos tiempos. Que hubiera dado a la OEA la potestad, no solo de inspeccionar y dictaminar la objetividad de los resultados, sino darle a su informe carácter vinculante con la actitud del gobierno, fue inesperada para tirios y troyanos. Era como darle al lobo la llave del corral de las ovejas.

Pero ya por entonces la derecha extremista estaba desbocada y confiaba en sus propias fuerzas para hacerse del poder. Incluso se negaron a esperar por la OEA y comenzaron a presionar a los mandos militares −puestos por Evo− para que forzaran la renuncia del presidente. La actitud pusilánime de esos hombres pasará a la historia de los traidores en un lugar de privilegio.[1]

Al despedirse, Linera repitió, en primera persona del plural, la frase del líder rebelde Tupac Katari antes de morir descuartizado, el 5 de septiembre de 1782: «A mí solo me matarán…, pero mañana volveré y seré millones». Mas, hay dos diferencias notables entre ambos contextos. Aquel lo decía al marchar a la muerte, no al avión que los llevaba al exilio para salvar sus vidas. Estos no tenían nada que esperar: hoy aún son millones los que los apoyan, luchan y mueren en las calles por su causa.

Tanto Evo como Linera han dado muestras reiteradas de valor personal y capacidad de liderazgo durante su vida, pero como gobierno revolucionario no estuvieron a la altura del desafío que les planteaba la reacción. En catorce años en el poder no fueron capaces de armar al pueblo para defender sus conquistas a la fuerza. Crear milicias obreras y campesinas, grupos de choque capaces de disputar la calle a los fascistas y estructuras militares fieles a la revolución, eran tareas que no podían haberse descuidado durante tanto tiempo en que disfrutaron del poder y una situación económico-social favorable.

Ahora la esperanza de los revolucionarios está en que el pueblo militante −desarmado, confundido y masacrado− pueda unirse a los senadores y representantes del MAS que estén dispuestos a revertir la situación y acompañar a las poderosas organizaciones obreras (COB), campesinas e indígenas en la primera línea de combate. Cada día que pasa se hace más difícil la tarea. Realmente, como dijera Lenin, una revolución vale tanto como sea capaz de defenderse.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

 [1] Ya el nuevo gobierno de derecha se encargó de premiarlos con su sustitución inmediata por sus propios cuadros militares y policiales.

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