Entrevista a Bashar Bassam Raja

Por Yassel A. Padrón Kunakbaeva y Marcos Paz Sablón

Bashar Bassam Raja es un joven palestino que estudia medicina en Cuba. A pesar de haber crecido en un campamento de refugiados palestinos en Siria, Bashar hizo realidad su sueño de estudiar en nuestro país. Además, es el representante en la Isla del partido político Unión Democrática Palestina. Entre sus experiencias, cuenta también haber sido presidente de la FEU en la Facultad de Ciencias Médicas “Manuel Fajardo”. Hoy está con nosotros para hablar sobre su peculiar trayectoria.

Hola, Bashar.

Saludos a ustedes y a La Joven Cuba.

Creciste en un campamento de refugiados palestinos en Siria. ¿Cómo fue tu infancia allí?

Cuando uno menciona que es un campamento de refugiados, lo primero que les viene a la mente a todos es la tienda de campaña. Realmente, estos campamentos en la actualidad son pueblos, con infraestructura bastante desarrollada. De hecho, el campamento en el que nací se consideraba el tercer lugar de la ciudad de Damasco de mayor desarrollo económico, y también es una zona de residencia. Por supuesto, ahora los campamentos no tienen lo que tenían antes por la particularidad de la crisis que vive el país.

Yo nací en 1990 en uno llamado Yarmouk, que es el más grande de los campamentos palestinos en Siria, de hecho, se le considera la capital de la diáspora de los palestinos en Siria. Solo viví allí tres años, de los que no recuerdo nada. Luego viví en otro, el segundo de mayor extensión.

Estos sitios llevan nombres para una conservación de la cultura del retorno. Para que ese refugiado palestino, que tuvo que nacer fuera de su patria, recuerde siempre que su lugar es allá en su tierra de origen.

Mi infancia fue normal. La misma infancia que tiene cualquier niño en cualquier lugar. Realmente, nosotros los palestinos teníamos los mismos derechos que tienen los sirios. Somos residentes temporales, lo cual tiene también un significado político, para conservar la identidad de esa generación de palestinos nacidos en Siria. Según la Constitución de la Organización por la Liberación de Palestina (OLP), se considera palestino natural a toda persona de padres palestinos, nazca en el lugar que nazca cualquiera que sea. Esa es también la idea de Siria, porque la causa de Palestina es la causa principal del mundo árabe.

Mi bisabuelo fue combatiente revolucionario en la Gran Revolución de Palestina. Allí resultó herido, y a raíz de eso lo sacan a Siria para tratarlo. Mis abuelos en aquel momento tenían entre 10 y 12 años. Nadie sabe, ni siquiera ellos, en qué año nacieron. Solo recuerdan que tenían esa edad cuando llegaron a Siria y ahí se quedaron, pues ninguno de los palestinos que salieron cuando la guerra pudieron regresar. Por eso mis padres nacieron allá, y mis hermanos y yo también.

¿Cómo fueron tus estudios en Siria? ¿Cómo surgió la idea de estudiar medicina en Cuba?

Nosotros tenemos, para todos los países donde existen refugiados palestinos, una organización de la ONU, la Agencia UNRWA, que tiene entre sus funciones velar por la educación de los palestinos. Yo estudié con esa Agencia hasta el noveno grado, y luego pasé al preuniversitario. No existía preuniversitario de UNRWA en Siria, así que cursé unos del gobierno sirio.

En esa escuela, ubicada en el centro de Damasco, tuve que compartir con gente de toda la ciudad. Era un preuniversitario con una altura académica, donde daban una buena preparación. A mí y a los que veníamos del campamento nos conocían como palestinos-sirios, pues a pesar de ser palestinos, nosotros nacimos en Siria y eso también marca tu identidad.

La idea de estudiar en Cuba… Esa es la parte más interesante de mi vida. Mi padre estudió en Cuba. En el año 80 llegó a estudiar Ciencias Políticas y se graduó en el año 84. Yo nací en el 90; así que siempre estuve escuchando sobre Cuba. Cuando uno tiene menos de diez años no tiene la madurez suficiente para valorar las cosas, pero nosotros los hijos siempre hacemos fijación con la personalidad del padre, que es con la que más interactúa. Siempre me llamó la atención la personalidad que tenía mi papá, sus ideas y su pensamiento. Nos contaba de su carrera en Cuba, de sus estudios. Decía que eso le había influido para ver las cosas desde diferentes perspectivas, en su preparación. Mi padre siempre ha sido un paradigma para mí, por eso empecé a decir: “Yo quiero estudiar en Cuba”.

Terminé el bachillerato. Ahí me confirmé en la idea de venir a la Isla a cursar estudios de medicina. Por muchas razones: por el sistema de educación y salud que tiene, por el desarrollo que ha logrado en la enseñanza de médicos, por la cantidad de médicos que ha graduado tanto para Cuba como para Latinoamérica y para otros países. Y también sobre todo por la Revolución de Cuba.

Me demoré muchos años para llegar a aquí. Es un tema bastante difícil a veces. Tuve que estudiar anestesia en el Instituto Intermedio de Salud de Damasco, me gradué de Ayudante de Anestesiólogo, trabajé allá, y en el 2013 logro optar por la beca y vengo a estudiar medicina aquí.

¿Qué referencias tenías en aquel momento sobre Cuba y la Revolución?

Mi padre vino a Cuba en el 80. El terminó su bachillerato en el 78. Y en esa etapa, los sesenta y los setenta, fue la etapa revolucionaria más intensa en Palestina. Él, de hecho, fue de Siria al Líbano, donde estaba la mayor concentración de revolucionarios palestinos; y allí su partido le ofreció la beca para venir a estudiar a Cuba y él la aceptó. Hasta hoy conserva su carnet de la Escuela Superior del Partido Ñico Lopez. Siempre lo escuché referirse con orgullo a esa etapa de su vida.

Recuerdo que veía en todas partes la foto del Che. Todo el mundo tiene una camiseta con la foto del Che. Se sabe que es un símbolo de rebeldía y de lucha, y como nosotros los palestinos tenemos una causa por la cual luchar, es algo muy cercano. Uno puede ver esa foto en todas partes, pero no todo el mundo sabe quién fue el Che. Yo le pregunté a mi papá quién era ese personaje, y él me dijo que era un revolucionario argentino-cubano, que participó en la Revolución de Cuba. A partir de ahí me cuenta la historia, uno empieza también a leer sobre la Revolución Cubana, y se empieza a enamorar del proceso y de su convicción.

Uno descubre las condiciones que llevaron a los jóvenes de la Revolución a rebelarse, a formar una guerrilla, uno comienza a identificarse porque es algo que llama la atención, sobre todo a nosotros los palestinos.

Bashar, ¿qué recuerdos guardas de tu llegada a Cuba?

El día de mi llegada a Cuba fue el más emocionante de mi vida; pero voy a empezar hablándote de mi salida de Siria.

Yo tuve también dificultades para viajar. Desgraciadamente, al palestino lo tratan de una manera agresiva en los aeropuertos de otros países, por ignorancia, por supuesto: el palestino es el terrorista, el que pone bombas, ¿no? Esto marca el desconocimiento de estas personas con respecto a la causa palestina.

Para venir a Cuba tenía que hacer escala en algún país de Europa. Lamentablemente, algunas aerolíneas europeas no me vendieron el pasaje, o me lo ofrecieron demasiado caro, más allá de nuestras posibilidades económicas. Tuvimos que recurrir a un plan inteligente de mi papá: compramos un vuelo hacia Brasil, Sao Paulo, donde conocía mucha gente. Me quedé con unos amigos que para nosotros actualmente son familia. Son gente comprometida con nuestra causa, que nos quieren mucho. Me reciben en Sao Paulo. Ellos me compraron un vuelo para venir a Cuba.

Cuando llegué aquí la funcionaria que me atendió, al ver mi pasaporte palestino, me recibió con un saludo militar. No te puedo explicar la corriente de emociones que me llegó, que gente del otro lado del mundo te reconocieran y se sientieran identificadas con la causa palestina, y te dieran un recibimiento que en otros países no te dieron.

Allí en el aeropuerto pasó una anécdota que quisiera compartir con ustedes. No conocía el nombre de la escuela. Yo solo sabía que iba a estudiar en Cuba, no me importaba donde exactamente. En la parte de afuera había un señor con un cartel que decía “palestina”, y abajo, en mayúsculas, ELAM. No sabía el significado de aquellas siglas. Ese era el señor de la escuela que me estaba esperando.

Como la palabra “palestina” empezaba con minúscula, pensé que hacía referencia a una muchacha palestina. Yo decidí dejarlo detrás y seguir. Él también me vio, pero yo seguí adelante y luego me encontré con el hijo del embajador. Gracias a él resolví el malentendido con el señor.

Cuando veníamos en el carro, en dirección a la escuela, yo estaba tan emocionado que preguntaba por todo lo que veía. Los cubanos que iban en el carro me respondían a todo. Cuando llegamos a la escuela el chofer se quedó sorprendido y me dijo: ¿Tú hablas español? Ni siquiera se habían dado cuenta de que venían hablando conmigo en español. Me felicitaron por mi dominio del idioma.

Bashar, al vivir en Cuba, has podido ver cuánto hay de cierto en esa imagen hermosa que existe del país en otras partes del mundo, así como lo que no se pudo lograr, los problemas sociales a los que nos enfrentamos. ¿Qué te ha aportado la experiencia de vivir en Cuba?

Aprender a ser hombre. Aquí no solo se estudia medicina. El que solo de medicina sabe, ni de medicina sabe. Un médico tiene que tener una preparación más allá de la biología, de la fisiología, de la bioquímica, porque trata con seres humanos, y el ser humano no es solamente un cuerpo, es también emociones, sentimiento, pensamientos. Hay un entorno socioeconómico que influye sobre la salud.

Aquí, te puedo afirmar, todos los días estoy aprendiendo muchas cosas, que yo creo que si hubiera estudiado en otro país no tendría la preparación que tengo ahora.

Sí, por supuesto… Para entender el presente, hay que entender el pasado, sobre todo esos detalles que ignora todo el mundo.

En Cuba hay condiciones difíciles. Yo admiro a los cubanos, por cómo pudieron desarrollar esa tranquilidad, esa alegría que se ve en las calles. Se puede ver un grupo de gente en cualquier esquina, jugando dominó, riéndose, tomando ron, sin nada de tristeza. Aquí un padre no tiene que preocuparse por la salud de su hijo y su educación.

Aquí en Cuba aprendí una filosofía, que ya les había escuchado a algunos cubanos, lo he visto en ellos: yo no te regalo, yo comparto lo que tengo. Es una filosofía de vida que tiene que ver con lo que sufrió Cuba, por lo que está viviendo… Eso te refleja la súper-solidaridad, que también ha llevado la Isla a todas partes del mundo. Cuba ha estado al lado de muchos países, por causas justas. Todos los días me repito: gracias a la vida, que estoy estudiando aquí.

La vida social me encanta. Aquí socializar es una necesidad, en la calle, en el teatro, en cualquier parte. La gente es lo más importante. Hay un dicho en mi cultura, que dice: “el paraíso, sin gente, no se pesa”.

¿Qué ha significado para ti estudiar medicina en Cuba?

Genial. Si tuviera que volver a tomar esa decisión, haría lo mismo: venir a estudiar medicina a Cuba. Podría demorar días explicándote como la medicina es una tarea maravillosa. La amo mucho.

¿Cómo tú te enfrentas a un paciente? En primer lugar tienes que escucharlo, después examinarlo, y después investigar para llegar al diagnóstico, confirmar el diagnóstico y darle tratamiento. Y si no funciona el tratamiento, tienes otra línea para seguir. Es simplemente lo que cualquier médico hace. Ese método, lo puedes llevar a cualquier aspecto de la realidad. Es una forma de estudiar la realidad y una forma de actuar sobre ella. Los problemas sociales también pueden ser diagnosticados y enfrentados.

Para mí, todas las personas aplican en su vida diaria el método diagnóstico.

La medicina es la esencia de tu vida. A veces te estresas por los exámenes. No puedes salir a pasear, tienes que estudiar. Cuando terminas, no es la nota la que te da la alegría, es el esfuerzo que has hecho. El conocimiento que has logrado, el trabajo que has pasado.

Eres el representante en Cuba de tu partido político. ¿Qué papel juega en tu vida la militancia política?

Se define teóricamente que la militancia es la segunda línea tuya, porque lo primero que tienes que hacer es estudiar. Esa es la tarea política del Partido en primer lugar, que los militantes estudien. Segundo, cuando ya no tienes que estudiar, te dedicas a la política.

Realmente, yo no sabría decirte si llevé el estudio antes de la política o la política antes del estudio. Siempre han ido paralelos. A veces la política, el trabajo del Partido, me lleva todo el tiempo, felizmente, no me quejo, pero eso me obliga a veces a encerrarme, para terminar el trabajo acumulado.

La militancia es también la esencia de mi quehacer diario. Cuando uno se identifica con una ideología, con un pensamiento, lo refleja en cada momento de la vida: en una broma, en la cocina, intercambiado con sus amigos, pues las ideas son las que determinan nuestro comportamiento. Soy una persona de izquierda, pertenezco a un partido de izquierda. Soy el primer secretario de mi partido aquí en Cuba y por tanto el representante de mi partido. Así que tengo que estar siempre atento a lo que pasa dentro del partido allá, hasta donde pueda, para poder estar actualizado, y reflejarlo en mi quehacer, en las actividades que hacemos. Porque la palabra también es un arma, la opinión que tú das, el criterio que tú das, también es una herramienta para hacerle llegar tus ideas a la gente.

Para mí es un placer todo lo que hago, estudiar medicina y la militancia, me siento vivo.

Bashar, tú fuiste el Presidente del Secretariado de la FEU de tu facultad. ¿Cómo valorarías tu experiencia en una organización juvenil cubana?

Me sentí como un cubano más. Fue una sorpresa, realmente, no lo esperaba. Muchos compañeros míos de la facultad tampoco lo esperaban. Lo primero que sentí, fue que no tenía que verme como un extranjero, cuando otros me veían como un cubano más. Los estudiantes de otros países que estudian en Cuba, durante sus carreras, se convierten en cubanos, defienden a Cuba, se integran con Cuba, con la cultura cubana.

Yo me acuerdo el primer día, cuando fui electo, los estudiantes me aplaudieron… Por supuesto, había algunas caras, que decían: “¿en la FEU, un extranjero? ¿en una organización nuestra?” Yo con una cara sonriente dije: “Ahora mismo me acuerdo del Che. El Che Guevara era argentino, pero participó en la Revolución Cubana, y fue un comandante de la Revolución Cubana. Y fue cubano, no por el carnet, no, sino porque se identificó con la causa cubana. Yo me siento palestino-sirio-cubano”.

Fui dirigente en la organización durante un año y medio. Aprendí mucho, porque estuve más cerca del latido cubano. Gracias a esa experiencia me identifico más con Cuba.

Para terminar, ¿cómo ves el futuro de Palestina?

Victoria. Alguien que me escuche puede decir: es una persona soñadora, está en un sueño, es imposible. No, imposible no. Cuando un pueblo quiere lograr algo, lo va a lograr, tarde o temprano. Como lo dijo nuestro líder Yasser Arafat: tarde o temprano, venceremos. Y también, como se dice aquí: patrio o muerte, venceremos.

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