El mal estratega

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Por Alina B. López Hernández

El nacionalismo ha sido, con mucho, la corriente de pensamiento más influyente y duradera de la historia de Cuba. Nacida en pleno periodo colonial, se fue revelando en la literatura, la música y el teatro; en las actitudes, la idiosincrasia y la vida cotidiana, hasta estallar en un conflicto militar, tardío si lo comparamos con el resto de América, pero no por ello menos profundo y decisivo.

Treinta años después, el trance de una nación liberada de su metrópoli expoliadora y caída en el entorno hegemónico de su norteño salvador, alimentó una cultura de la resistencia que colocó a la Isla y sus símbolos como escudo ante cualquier penetración extranjera.

Nada fue un obstáculo para el nacionalismo de la vieja república. Se podía ser liberal o conservador, pero nacionalista; auténtico, abecedario, ortodoxo y comunista, pero siempre nacionalista; burgués, pequeño burgués, campesino, proletario, artesano, estudiante, feminista, intelectual, y, sin embargo, nacionalista.

Ignorar esto ha condicionado que el gobierno norteamericano equivoque constantemente su política hacia una isla en la que existen hoy millones de personas que pensamos diferente, aun cuando el discurso oficial y las actitudes del gobierno cubano no lo visibilicen, pero a las que el nacionalismo une en momentos determinados en que la nación y los que en ella vivimos, o los que viven en otra parte, pero se consideren parte de ella, seamos ofendidos.

Porque nadie podrá convencerme de que incrementar la crudeza de una crisis, contribuir a los rigores y las carencias es querer nuestro bien. ¿Defender a los cubanos? Promesa increíble de un presidente que dejó desprotegidos a sus aliados kurdos ante la agresividad turca.

En la cabeza de quién puede caber que las medidas que anunció están hechas pensando en el pueblo cubano. Un pueblo que vive en una miseria consuetudinaria, con escasez de alimentos y medicinas, con hospitales hacinados y necesitados de todo, con un amplio sector en la ancianidad más precaria, con clínicas de animales donde los veterinarios están desolados por la falta de medicamentos.

Va a afectar al gobierno, eso sí, pero los que sentiremos la presión real en nuestra vida seremos nosotros, la gran mayoría de los cubanos, no será la burocracia isleña que, cuando más, parará sus carros coyunturalmente para dar botella.

¿Cuál es el punto que quiere probar el presidente norteamericano? Sin esas medidas draconianas era evidente la deformación estructural de la economía insular, el estancamiento de los índices, la disminución sostenida del PIB. Eso está más que estudiado por excelentes economistas cubanos. Si en el Norte están convencidos del fracaso del socialismo, ¿por qué no dejan entonces que siga su curso natural?

El gobierno de Trump necesita los votos de La Florida para lograr la reelección —San impeachment o el buen sentido no lo permitan—, pero afecta a uno de los núcleos duros de los cubanos: la relación con su familia. El sábado 26, el sitio digital CiberCuba dio a conocer los resultados preliminares de una encuesta en la que han participado hasta ahora 4 400 usuarios. El 62 % se opone, mientras el 38 % apoya la decisión de Washington. Con toda seguridad ellos no son afines ideológicamente al socialismo o al gobierno cubano, pero son afines a lo que importa: la familia, que es el primer peldaño de la Patria.

El presidente Díaz-Canel dijo hace poco en Irlanda que favorecer a la emigración cubana en aspectos tales como bajar el precio de los pasaportes y facilitar gestiones dependería del gobierno norteamericano. Ahí tiene la respuesta presidente, los cubanos que viven fuera de su país mayoritariamente rechazan la política de hostigamiento de Trump, ¿cómo recompensaremos su fidelidad sin condiciones a la familia?, ¿no es hora ya de que Cuba cambie el leonino tratamiento a sus migrantes?

Un gobernante debería tener buenos asesores —aquí también los necesitamos—, una cosa es la propaganda política ramplona y otra muy diferente es el análisis objetivo, contrastado, que se erija por encima del pensamiento rígido, que existe en ambas orillas, por cierto.

A un amigo le debo la lectura del excelente texto El siglo soviético. Su autor, Moshé Lewin, explica en la introducción que un error de la propaganda política contra la URSS fue fijarse principalmente en su carácter «antidemocrático», lo que suponía hacer una lista interminable de sus rasgos «no democráticos», y ocuparse de lo que no era el país en lugar de analizar qué era.

En su relación con Cuba, Estados Unidos actúa exactamente igual. Durante mucho tiempo ha acostumbrado a potenciar la oposición en la Isla. El único modo que tenían las personas de aquí para mostrar su desacuerdo con el gobierno era acudir a medios de propaganda con centro en Miami. Pero esos grupos no capitalizaban el apoyo de la mayor parte de la ciudadanía, no lo hacen aún. Sea por temor en algunos casos; por desmovilización cívica en ocasiones; por falta de aceptación de un discurso opositor que replica conceptos ajenos al imaginario social, a una historia épica del proceso, a la educación, a la propaganda mediática…

Lo cierto es que ahora las condiciones se han modificado. La ampliación de los servicios de Internet, el acceso de los cubanos a las redes sociales, las facilidades que ellas crean para recibir y difundir información, análisis, opiniones y puntos de vista; están creando posibilidades de respuesta de la ciudadanía a nuestro gobierno y de concientización a las trasformaciones económicas y políticas que necesita Cuba.

Es una masa crítica que no está de acuerdo con el socialismo de modelo burocrático que tenemos, pero tampoco con la política hegemónica y agresiva del gobierno de Trump. Que rechaza por igual al tipo de oposición pro-norteamericana y a las reacciones abusivas y anticonstitucionales del Ministerio del Interior y la Policía contra esa oposición.

El presidente de Estados Unidos podrá ser un buen negociante, pero es muy mal estratega político. Mientras se ensaña con Cuba, América Latina hierve contra el neoliberalismo. En tanto idea cada día cómo afectarnos, pierde terreno entre antiguos aliados del Medio Oriente y ante Rusia. El escándalo con Ucrania lo ha dejado mal parado ante su país y las medidas contra Cuba lo han dejado muy mal visto ante la mayoría de los cubanos. Estudie la historia pasada y reciente de esta Isla míster presidente, si lo que quiere es dividir para vencer le aseguro que está jugando muy mal sus cartas.

Para contactar con la autora: alinabarbara65@gmail.com