La redolarización electrónica

Foto: IPS Cuba

Por Mario Valdés Navia

Tras años de prestar oídos sordos a las propuestas de economistas y otros muchos que solicitamos medidas para retener los millones de dólares que se fugan al extranjero por concepto de compras de particulares, el gobierno da una respuesta de índole financiera y comercial.

Esta especie de redolarización electrónica incidirá favorablemente sobre la situación de los consumidores, pero deja muchas dudas sobre su encadenamiento eficaz a otras transformaciones imprescindibles aún pendientes. El problema es que estas son mucho más importantes para encauzar la economía productiva y lograr el crecimiento sostenido del PIB que abrir un nuevo segmento de mercado.

Lo primero que llama la atención es que, a un lustro de esperar la necesaria unificación monetaria y cambiaria, se abra el mercado nacional a un tercer sujeto: el antes repudiado US dollar. También es cierto que el susodicho nunca fue expulsado realmente, pues el CUC no es más que su sobrevalorado representante. Aunque dudo mucho que, después de tanto acuñarlo alegremente, alguien sepa a ciencia cierta cuanto de dólar queda en un CUC.

Es cierto que los consumidores tomamos un respiro con estas medidas. Si se cumple que tanto en el mercado en dólares como el de CUC los precios se liberen del enorme impuesto ahora llamado aporte recaudatorio y se pongan en correspondencia con los similares de nuestra área geográfica −no los de New York o Londres−, los ingresos de todos aumentarán de manera relativa. Solo las llamadas mulas[1] se verán afectadas, pero parcialmente.

El énfasis puesto en que se venderán en las tiendas especializadas en dólares –a las que propongo llamar TED− los indefinidos productos de gama alta y media, deja abierto un amplio segmento del mercado para las mulas. El tiempo dirá hasta cuándo. Lo cierto es que precios similares, buenas marcas y servicios de garantía como Dios manda  ofrecen ventajas inobjetables a las nuevas TED respecto a los comerciantes por cuenta propia.

Mas, el objetivo declarado de que estas medidas logren reactivar la industria nacional no me queda claro. Primero, porque si se toman las miserables ganancias de estas 70 TED iniciales para hacer inversiones en un sector productivo casi en ruinas, será como darle un vaso de agua a un bote lleno de náufragos. Y no habrá recursos para ampliar la cadena al resto del país y el volumen de sus ventas.

Segundo, si los bancos prestan estos nuevos fondos en dólares al gobierno para realizar inversiones productivas… ¡Dios nos coja confesados! Serán muchos los que, quizás por primera vez en sus vidas, se preocuparán por la buena marcha del plan de  inversiones del país y rezarán porque los bancos no caigan en un default  que termine en un corralito, o peor, en una moratoria indefinida de pagos a los ahorristas.

No obstante, esto último no tiene por qué ser así ya que los dólares entrarán pero solo serán extraídos mediante la tarjeta magnética. Según entendí, las extracciones en metálico de esas cuentas se harán en CUC, al cambio oficial. Por eso hablo de redolarización electrónica y creo que falta más. Sospecho que se avanza a marchas forzadas hacia la criptomoneda cubana. Lo que sería otra manera de absorber divisas descarriadas para las arcas estatales a cambio de electrones.

En sentido general le doy mis parabienes a la medida y creo que repercutirá en un mejoramiento y reacomodo del mercado cubano. Ese que cada vez tendrá que ser más segmentado y diferenciado si quiere modernizarse y acomodarse a la realidad socioeconómica cubana del momento.

Solo me preocupa que sigamos por las ramas y el tronco de la economía permanezca intocable, asfixiado en los moldes estrechos del mecanismo económico burocrático. Ni apertura a las relaciones de mercado socialistas al estilo asiático, ni empoderamiento de los colectivos obreros mediante la autogestión socialista. Para el Estado el lema parece seguir siendo: “¡Que nadie toque nada, Yo solo puedo tocar!”.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

[1] Mulas: personas que se dedican a comprar grandes cantidades de productos de todo tipo fuera de Cuba y lo revenden en la Isla a precios desorbitados. Aunque siempre más barato en comparación con lo ofrecido por el Estado en tiendas recaudadoras de divisas. (Nota de la editora).

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