Desmontando mitos

Por Gabriela Mejías Gispert

Recientemente me han acusado de promover la ideología de género dentro de mis textos y por ende en la Revolución. Nuestra revista abre una puerta al debate, por tanto, me siento en la obligación de aclarar ciertos conceptos para que ese debate tenga una base coherente.

La ideología, desde la filosofía, sería el estudio de las ideas. Podemos decir que constituye un sistema de ellas, que crean una visión del mundo y una moral social particular.

Desde las ciencias sociales, se reconoce la ideología como un sistema de ideas y valores de la clase dominante, así como al discurso destinado a legitimar y mantener dicho dominio. En particular imponiéndose a sí mismo como discurso de la verdad.

Por otro lado, género es un término específico de las ciencias sociales: alude al conjunto de características diferentes que cada sociedad asigna a hombres y mujeres.

Entonces; ideología de género más allá de un argumento sexista, constituye una incongruencia.

En la década de los 70, comienzan a instaurarse formalmente dentro de la academia “Los estudios de género”. Se realizan publicaciones desde diversas universidades que abordan el término como una herramienta analítica. En los años ochenta el vocablo se vuelve de uso corriente; al punto de utilizar sexo o género indistintamente, incluso en el lenguaje coloquial.

A este panorama se suma la inclusión de la categoría “género” en las Conferencias Internacionales a favor de los derechos de las mujeres. En la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) conocida como “El Cairo 1994”, se define por primera vez el reconocimiento internacional del derecho a la “planificación familiar”. Su Programa de Acción exhorta a los gobiernos a considerar que los abortos en condiciones de riesgo, son una causa importante de mortalidad materna.

Posteriormente, en la IV Conferencia Internacional de la Mujer de las Naciones Unidas –realizada en Beijing en 1995— se reconocen los derechos reproductivos vinculados con la salud de las mujeres.

Sectores conservadores intentaron modificar la inclusión del término, generando “estudios” sobre cómo estos acercamientos, denominados “feminismos radicales”, rompían con el orden natural de la sociedad.

Esta concepción de “inminente peligro” comienza a ser patente en 2004, cuando el Pontificio Consejo para la Familia escribió una carta a los Obispos de la Iglesia Católica, resaltando el potencial del “género” en la destrucción de los valores femeninos importantes para la iglesia, refutando la distinción natural y jerarquía entre los hombre y las mujeres, en los cuales se basa la familia y la vida social.

Desde entonces ha tomado popularidad entre los defensores del orden “natural y/o “religioso” de la vida. “La ideología de género” se esgrime como una estrategia de comunicación y persuasión. Una amenaza fantasmal donde depositar todos los argumentos conservadores, sin poner al descubierto construcciones patriarcales que ya no son bien vistas.

Estos sectores, generalmente de derecha, han colocado la mal llamada “ideología de género” como caballo de Troya, a punto de romper lo considerado “normal” y aceptable dentro del orden social. La posibilidad de concebir el género como una construcción cultural, la cual puede ser diferente del sexo asignado al nacer, hizo poner los pelos de punta a muchos.

Como afirmara la senadora colombiana Claudia López: “La ideología de género no existe en la ciencia o en la academia; pero si en el lenguaje y en la política”.

Este término ha tomado cierto auge en nuestro país a partir de un creciente pensamiento entorno a la construcción de género. Más notoriamente durante el referéndum constitucional que planteaba la necesidad de otorgar los mismos derechos a todas las personas.

¿Qué abarca entonces este invento llamado “ideología de género”?

  1. Las teorías feministas: cuyo objetivo radica en la comprensión de las desigualdades y la opresión histórica de las mujeres, dentro del orden eminentemente patriarcal.
  2. Los estudios de género; que centran su atención en los procesos de construcción social de la identidades femeninas y masculinas, así como los estudios sobre las personas Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales, Intersexuales y Queers (LGTBIQ).
  3. Movimientos feministas; que abogan porque las mujeres posean las mismas oportunidades y derechos que los hombres, en el marco de una sociedad menos sexista y más igualitaria.
  4. Los movimientos por los derechos de las personas LGTBIQ; en busca del reconocimiento pleno de sus derechos humanos y el derecho a la dignidad.

Se han visibilizado en las últimas décadas durante manifestaciones, como argumento en contra de los derechos humanos, la educación sexual y el aborto no punible. En  países donde existe un movimiento feminista y LGTBIQ visibles, esta consigna polula entre algunos medios, miembros de la iglesia y sectores conservadores de la política. La ideología de género solo existe en los carteles de los antiderechos.

Si miramos detenidamente, la teoría de género no posee nada diabólico ni adoctrinador. Aboga por una sociedad más equitativa donde sean respetadas las individualidades, los derechos humanos y la dignidad.

Aquellos que temen a una sociedad más igualitaria, se encuentran más cercanos a un derechista y homófobo como Agustín Laje Arrigoni o Jair Bolsonaro, que a Nuestra Revolución. No seamos eco de manuscritos sin fundamentos.

Para contactar con la autora: gmejiasg89@gmail.com