Sea breve presidente

Por Alina B. López Hernández

Las diferencias ideológicas no pueden ser barreras infranqueables. Eso lo aprendí estudiando la vieja república, donde Juan Marinello y Jorge Mañach se hallaban en las antípodas en cuanto a sus ideales políticos y, sin embargo, se mantuvieron unidos en su amor por Cuba, proyectos culturales afines y una amistad que se conservó a salvo de discrepancias y vaivenes personales.

Tal convicción me permite colaborar con un blog como LJC, en el que todos los participantes somos respetados y tenemos espacio para el ejercicio del criterio, aun cuando muchas veces no compartamos las mismas opiniones o, como en esta, polemicemos fraternalmente.

El artículo “La buena semilla”, de mi amigo Yassel Padrón Kunakbaeva, posee dos elementos esenciales: por una parte, su confianza absoluta en el gobierno cubano y en la figura de su presidente, cuestión respetable –aunque discutible en muchos aspectos—; por la otra, un afán de reducir a etiquetas y denominaciones peyorativas a los que se apartan de su línea de pensamiento – elemento francamente inaceptable—.

Se molesta Yassel por lo que considera una mala interpretación de las palabras de Fidel que citara el presidente Díaz-Canel en su intervención del 10 de octubre ante la ANPP: “La Revolución no es una lucha por el presente, la Revolución es una lucha por el futuro; la Revolución tiene siempre su vista puesta en el porvenir y la patria que pensamos, la sociedad que concebimos como sociedad justa y digna de los hombres, es la patria del mañana”.

El discurso donde Fidel las pronunció data de 1962, solo tres años después del triunfo contra la tiranía y uno tras la declaración del carácter socialista del proceso. Era lógico que se expresara así, que hiciera ofrecimientos al mañana. Le prometía un futuro a la primera generación de nacidos con la Revolución y a todos los que, ya adultos, se integraron con entusiasmo y dispuestos a pasar miles de necesidades para que sus hijos y nietos disfrutaran, más delante, de una vida mejor.

Lo que debe tener claro Yassel es que una revolución, y los sacrificios que impone, se aceptan para cambiar y mejorar la vida de las personas. Los plazos para lograrlo no pueden ser eternos. Ese fue el punto de vista de la que triunfó en Cuba, que, en boca de su líder y en medio de tiempos vertiginosos, anunciaba:

“Hemos perdido más de cincuenta años, pero vamos a recobrarlos rápidamente. Los vamos a recuperar. Nos hicieron perder cincuenta años en los inicios de la República. Los volveremos a ganar”.[1]

A tenor con aquellos momentos, en 1959 las oficinas gubernamentales mostraban estos letreros: “Hemos perdido 50 años —hay que recobrarlos— sea breve”. La confianza en el futuro se hizo palpable. Según una encuesta, realizada por Hadley Cantril a mediados de la década del sesenta, el 74% de los cubanos encuestados anticipaba un futuro propicio.[2]

Dice Yassel que “Cualquier discurso posee frases que, sacadas de contexto, o puestas bajo determinada luz, hacen quedar muy mal al que las expresó”. Muy cierto, eso precisamente fue lo que ocurrió cuando el presidente Díaz-Canel —o sus ¿asesores?—,  decidieron citar algo que fue una feliz proposición para 1962 pero que ahora, en 2019 y ya nacida la cuarta generación de cubanos bajo el signo del socialismo, es una desacertada mención que pone al desnudo la falta de metas concretas a corto plazo y continúa delegando la posibilidad de transformar el presente.

¿Se atrevería el presidente de Cuba a realizar una encuesta, independiente del PCC, para constatar si la ciudadanía tiene la misma confianza en el futuro que mostró él en su discurso? Sería un ejercicio que lo retroalimentaría en su gestión.

Si de citar a Fidel se trata, prefiero sacar de mi archivo esta declaración de 1966, la que no se apunta jamás por nuestros burócratas: “Esta revolución es afortunadamente una revolución de hombres jóvenes. Y hacemos votos porque sea siempre una revolución de hombres jóvenes; hacemos votos para que todos los revolucionarios, en la medida que nos vayamos poniendo biológicamente viejos, seamos capaces de comprender que nos estamos volviendo biológica y lamentablemente viejos”.[3]

Evidentemente no fueron capaces de comprender nada de lo anterior. Son viejos ellos y lo es también su modelo de socialismo burocrático, con el cual ningún país ha podido sobrepasar las siete décadas. Nosotros acabamos de cumplir la sexta, creo que es hora de despertar.

Algunos analistas se han referido a la salida de la vieja guardia del nuevo Consejo de Estado, pero no importa que ellos se ausenten si queda un legado arcaico: sus ideas sobre el desarrollo de la sociedad. La idea de que, una vez victoriosa, la revolución socialista no puede retroceder y, en consecuencia, la sociedad marchará siempre adelante, hacia un futuro glorioso, ha impuesto una visión mecanicista de la historia que provoca confianza excesiva en el rumbo del proceso.

Lo peor de esa perspectiva teleológica es que delega todo lo importante al futuro. Desde hace casi quince años la máxima dirigencia del país reconoce públicamente la necesidad de lograr la unidad monetaria y cambiaria, condición impostergable para normalizar o actualizar la economía nacional, pero, contra todo sentido, todavía esta es una aspiración que no parece inminente. Para pensar en un futuro habría que acabar de enrumbar ese camino en el presente

Intentando defenderlo, Yassel no se percata del poco favor que le hace al modelo de socialismo cubano cuando, en pose de resignación, señala “que hay que arar con estos bueyes”. Es una tarea homérica la que propones, querido amigo. No hay que temer a nuestro pensamiento crítico, a lo que el sentido común indica.

Para el derrumbe del socialismo en la antigua URSS no fue tan decisivo el ataque de los intelectuales soviéticos al Partido como afirma Yassel, sino el hecho de que el propio Partido favoreció el proceso de retorno al capitalismo, pues tras tantos años acumulando poder político y prebendas económicas, el socialismo les estorbaba a los mismos dirigentes. Si quieres constatarlo verifica cuántos de los millonarios y empresarios rusos actuales provienen directamente de la nomenclatura o son parientes de altos dirigentes del PCUS.

En opinión de Yassel, los políticos lo que hacen es hablar de futuro. Yo observé la toma de posesión de AMLO en México en la que presentó su programa sexenal. Para el presidente azteca el futuro tiene seis años. No sé si lo logrará, pero me impresionó mejor que el discurso de nuestro presidente delegando las trasformaciones en Cuba a las calendas griegas.

Si en algo concuerdo con Yassel es en su afirmación de que el error grave que algunos cometen “es esperar demasiado” del nuevo presidente. Acepto que su estilo de trabajo es dinámico, propio de una persona más joven. Sin embargo, su peso específico en las decisiones que podrían justificar una ofrenda de futuro no lo veo tan claro con la nueva Constitución.

En Cuba existe el PCC como “fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”. Ahora el presidente de la República no dirigirá al Consejo de Estado y pronto designará al primer ministro que se encargará del Consejo de Ministros. En mi opinión, que puede estar equivocada, sus funciones se aligeran notablemente. ¿Estará en sus manos tamaña promesa?

El presidente Miguel Díaz-Canel reiteró en la referida intervención su convencimiento en “el optimismo y la confianza de cara al futuro” que posee nuestro pueblo. Quizás yo esté en la categoría que ha creado Yassel de los “inconscientemente tendenciosos”, pero prefiero que las emociones no me nublen la lucidez y me gustaría responderle con unas palabras de Senel Paz en entrevista de 1993 a Magda Resik, válidas para este tiempo:

Un mensaje exageradamente positivo, en lugar de constituir un ejemplo y actuar como un estímulo, adquiere un carácter desmoralizador y conservador, para no mencionar lo que sucede cuando está tan fuera de la línea con la realidad que comienza a perder credibilidad. En este caso no tiene efecto en la dinámica social y puede hasta rechazarse como ridículo.

Si quiere que seamos optimistas sea breve presidente, hemos perdido demasiado tiempo en promesas de futuro. Queremos el presente.

Para contactar con la autora: alinabarbara65@gmail.com

[1] En Revolución, 7 de julio de 1959, p. 20.

[2] Citado por Louis A. Pérez Jr.: Estructura de la historia de Cuba. Significados y propósitos del pasado, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2017, p. 355.

[3] Discurso de Fidel en la Universidad de la Habana el 13 de marzo de 1966, en ocasión del IX Aniversario del Asalto al Palacio Presidencial.

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