Se acaba el tiempo

Foto: El Tiempo

«La Revolución no es una lucha por el presente, es una lucha por el futuro (…) siempre lo ha sido». Ha dicho Díaz-Canel tras su designación como Presidente de la República.

Interesante.

Cabe pensar que nuestro presente es el resultado de la lucha de los revolucionarios del pasado. Si uno se vuelve pragmático y le da por comparar los precios con los de hace 20 años atrás, o la disponibilidad de medicamentos. Si uno contrasta las expectativas de vida de la juventud actual con aquella de los sesenta que, ahora peinan canas, y vieron la ofensiva del 68, el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, las transformaciones en la educación de principios de este milenio y el evangelio del país más culto del mundo. Si uno se detiene a examinar la excelente salud de la burocracia inamovible, puede preguntarse:

¿Cómo sería ese presumible futuro desde la persistente repetición más o menos espiriforme de los mismos métodos?

Me remito a la PC que no levanta el sistema operativo. El usuario la reinicia una y otra vez creyendo que, ahora sí va a suceder el milagro, y va por fin a arrancar. Pero una y otra vez la PC pone el pantallazo azul.

Espero que ese futuro del que nos habla el presidente no sea el resultado de aquella necedad de la que nos advertía Einsten: repetir y repetir la misma rutina, sin obtener los resultados esperados.

A mí, como a todos, se me está acabando el tiempo. La Historia, en cambio, es eterna, por más que Fukuyama terminar. La Historia tendrá siempre la última palabra. 

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