Meditaciones: ¿Por qué asombrarse?

Por Rodolfo Alpízar

Elegir, seleccionar, escoger: Tomar algunos elementos de un conjunto mayor, a partir de determinados criterios de valor (elegir un aguacate para la ensalada, un hotel para las vacaciones, un presidente para el país, entre varios posibles).

En Cuba impera el sistema de elecciones presidenciales indirectas. Elección presidencial indirecta es aquella en la cual el jefe de Estado es elegido por el parlamento a partir de una candidatura con varias propuestas (cuando menos dos) presentadas por los partidos políticos u otras fuerzas sociales representados en el parlamento. Por más que muchos preferimos la elección directa del presidente, la indirecta es un modelo tan válido y respetable como otro cualquiera.

La elección del presidente la vía indirecta en Cuba aparece a partir de la Constitución de 1976. Como nunca se ha realizado un referéndum para preguntar a la ciudadanía cuál modelo prefiere, por el momento debemos conformarnos con el que los propios gobernantes han impuesto. No suena muy democrático que digamos, pero vamos andando.

La oportunidad para que los ciudadanos se pronunciaran al respecto, y tal vez ganáramos el derecho a la elección directa, existió. Fue la discusión del anteproyecto constitucional. Pero se desperdició, entre otros muchos factores, porque:

a) una gran cantidad de personas (incluidos académicos) consideró más interesante romper lanzas contra la posibilidad del matrimonio civil entre personas del mismo sexo, que defender sus derechos como ciudadanos, incluido el de decidir sobre la forma de elección de quienes dirijan el país;

b) una parte importante de la intelectualidad cubana vio cercenada su posibilidad de participar como gremio en los debates, por la negativa de la anterior directiva de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, que acusó de elitistas y divisionistas a quienes pretendieron discutir con sus pares propuestas serias, bien meditadas y que abarcaban prácticamente todo el articulado del anteproyecto.

En una evidente falta de conciencia cívica, muchos ciudadanos (algunos bastante cultos), sin ver la gravedad de sus actos, se dejaron enredar en la malla de la discusión de un artículo que pareciera haber estado en el texto solo para desviar la mirada de asuntos de máxima gravedad, como el propio sistema de elección presidencial, los derechos de los ciudadanos cubanos residentes en el exterior (entre ellos el de estar representado en el parlamento), el derecho a la libre expresión de las ideas en los medios de difusión, la pena de muerte, e incluso el derecho de los ciudadanos a presentar mociones a la Asamblea Nacional, que de diez mil firmas como condición para ser aceptadas, como planteaba la Constitución de 1976, pasó a 50 mil, cifra imposible de alcanzar si no es con el apoyo del gobierno.

¿Y si el gobierno no está de acuerdo con la moción? Nadie se lo preguntó.

A pocos interesaron esos elementos medulares de la Constitución. Entonces, ¿por qué asombrarse ahora de lo que va a ocurrir el diez de octubre?

Esa novedosísima forma de elección del presidente y los demás cargos sin previa elección popular de quienes han de elegirlos, forma que solo entienden los encargados de defenderla en los medios de difusión, es resultado de muchos factores, pero también es consecuencia de la falta de conciencia ciudadana que nos asfixia y de la cual fue muestra el proceso de discusión del proyecto de Constitución.

Tal vez esté equivocado, pero es lo que pienso, y lo expreso; ojalá alguien pueda, con argumentos, no con consignas de un color o del otro, hacerme cambiar de criterio. Lo agradecería.

Retomo la idea de lo que ocurrirá el próximo diez de octubre:

En todo sistema de elecciones indirectas, primero se ha de elegir (ELEGIR, ver la definición del primer párrafo, no es tomar tres de tres, ni dos de dos, como se hace en Cuba en contra del sentido común) un nuevo parlamento, y a continuación este parlamento ELEGIDO (es decir, seleccionado por los electores sobre la base de una candidatura en la cual aparece un número mayor de candidatos que el número de escaños a ocupar) deberá elegir entonces, entre VARIOS CANDIDATOS (al menos dos) al presidente. Así sucesivamente con los demás cargos.

Como en Cuba hay un régimen unipartidista, para que haya ELECCIÓN es de suponer que se presente un candidato por el partido gobernante, más un número equis propuestos por las organizaciones sociales representadas en la Asamblea Nacional. Vista la posibilidad de alianzas entre organizaciones, podría considerarse la cantidad de no menos de tres candidatos para presidente el próximo 10 de octubre, de modo que los diputados elijan, entre ellos, aquel que proponga un programa de gobierno más atractivo.

Si lo que se pretende es mostrar al mundo que en Cuba hay un sistema democrático diferente, pero no por ello menos democrático, esa sería una opción, aunque las hay mejores. Si lo que se procura es cualquier otra cosa, podrían habernos ahorrado el espectáculo.

Por la ceniza en los ojos del artículo sobre el matrimonio, casi nadie pudo ver que en el proyecto de Constitución estaban dos disposiciones especiales, la primera de las cuales declaraba: “Los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular de la IX Legislatura se mantienen en sus cargos hasta tanto concluya su mandato”. Es decir: Algo tan importante como la posibilidad de elegir a quienes elegirían a su vez a nuestros gobernantes durante los próximos cinco años quedó excluido como derecho ciudadano, y millones de personas estuvieron de acuerdo. De modo que lo que ocurra el 10 de octubre está refrendado por la nueva Constitución, y quienes no se opusieron a ella, la mayoría de los ciudadanos, le dieron su aprobación. Repito: No hay de qué asombrarse.

Eso sí: Los homófobos están felices, pues se eliminó la posibilidad constitucional de que haya matrimonio entre personas del mismo sexo, lo cual para ellos es más importante que elegir al presidente de la república o la pena de muerte.

Los sectores retrógrados dentro de las denominaciones religiosas (por suerte no son todas), están felices también, pues se les permitió hacer campaña libremente, sin interferencia policial, incluso cuando sus acciones atentaban contra el normal desarrollo de la niñez. Midieron fuerzas y vieron que les fue bien. La pena de muerte no era importante para ellos, no hicieron campaña al respecto. En el horizonte ya vislumbran otras batallas que ganar, como la lucha contra el aborto. ¿Exagero? Ya veremos.

¿Y las libertades cívicas? Esas, por lo visto, a pocos interesan. Y si a pocos interesan, repito: No hay que asombrarse por lo que ocurrirá el 10 de octubre. Es lo que nos ganamos.

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