Más allá de la coyuntura

Foto: Escambray

Por Miguel Alejandro Hayes

Tras el discurso del presidente cubano el pasado 11 de septiembre, una palabra inunda las redes y las calles, siempre con un tono humorístico: la coyuntura; fenómeno este que recuerda lo que ocurrió hace pocos meses con el caso del avestruz. Al parecer, las declaraciones de los dirigentes del país tampoco pueden escapar a la picardía del cubano.

El caso es que la coyuntura tomó la escena de los memes y los comentarios. Dicho sustantivo y sus conjugaciones fueron el arma del discurso político y económico oficial para caracterizar los días de dificultades –de crisis más bien— que se empezaron a ver. La declaración de arriba casi se convierte –aunque de seguro en ciertos círculos extremistas ya lo es— en un parteaguas ideológico: los que defiendan que atravesamos una coyuntura, son los más «revolucionarios», los que apoyen la idea de que va más allá, por ejemplo, que es estructural, «le hacen el juego al enemigo».

Hago abstracción de que pude constatar que lo de «coyuntural» para no pocos cubanos solo es un eufemismo de un discurso político en tránsito al anacronismo; las cosas malas, son las que vienen para quedarse, me comentaba una señora en la parada. Intento acercarme a la lectura económica que la ceguera política –como es de esperarse—, tapa.

Hasta ahora predomina la idea –sobre todo en académicos— de lo estructural. Criterio este que, si bien es mucho más acertado para describir la crisis que lo de «coyuntural», deja fuera otras posibilidades de análisis. Concuerdo con la mayoría de los economistas, pero hay otro tipo de crisis, cuyo prisma no debe desecharse.

Según parte de la literatura economía convencional, las crisis pueden ser:

  1. Cíclicas: la de los vaivenes inevitables de la gestión. Esta sería lo más parecida a la clasificación normalizadora que se defendió oficialmente, sobre todo si se tiene en cuenta que los embates del bloqueo deben ser casi una variable propia del ciclo económico y que el shock externo fue realmente el acercamiento “obamiano”
  2. Estructural: asociada la ineficiencia de la estructura en tiempo presente y sin remover las bases del sistema.
  3. Sistémica: asociada a los niveles esenciales del sistema, por lo que son un llamado a cambiar el «patrón de acumulación».

Lo estructural y lo sistémico. Invasión a la ciencia económica

Es importante aclarar que con sistémico o estructural se trata de buscar la abstracción que mejor explique la realidad del fenómeno; además, que la economía no es una ciencia básica, por tanto, toma sus armazones lógicas y de lenguaje de otros paradigmas.

El estructuralismo, que es hasta cierto punto una discursividad que venía implícita en la metafísica, marcó etapa el pasado siglo. La economía incorporó de modo que quedara visible lo que pudo de dicho estructuralismo.

La filosofía posterior superó y planteó las deficiencias de aquel ismo. La metáfora de la estructura no solo regresa al pensamiento a la dañina y jerarquización, sino que tiene siempre implícito un vacío: la dinámica interna de las estructuras. La comparación de proporciones que ofrece, no es ni remotamente suficiente.

Así, dejar el asunto en el nivel de estructura, permea hallar el fundamento y la ley, no sobre la cual se ordena esta, sino a la que responde (el objeto).

El molde de lo estructural también suele quedarse en un conjunto de partes asincrónicas y deformadas, si de crisis se trata; cuando una explicación más rigurosa llevaría a buscar la lógica del sistema, y acercarse al cómo este no es capaz de auto-generar correctamente las proporciones para moverse en plenitud (lo cual incluye tener en cuenta que se existe en determinado ecosistema económico, político, jurídico, cultural en el mundo).

Conocer las deficiencias del enfoque estructuralista como herramienta explicativa, no evita que al usarlo se escapen de ellas.

Por otro lado, el espejuelo de sistémico, visto desde la dialéctica –totalidad, automovimiento mediadores, lo multicéntrico, etc—, permite otro acercamiento a la racionalidad de un objeto en cuestión.  Con ello, se podría determinar a qué responden las dinámicas estructurales, y ver si son solo un desajuste casual por mala administración, o un resultado inevitable del sistema.

El caso de la economía cubana

La economía cubana vivió una suerte de burbuja condicionada por los términos de intercambio que tapaban la ineficiencia, improductividad y despilfarro de casi 30 años. Después de la caída del bloque socialista, el aire que daba vida a la burbuja desapareció. El shock externo terminó por develar las debilidades internas.

A pesar de las ilusiones estadísticas (el año 1997, aumento del turismo, aumento salarial, crecimiento del PIB) y la mejoría innegable respecto a los momentos de oscuridad promedio, no se ha logrado estar bien. Un salto, un cambio de gran poder, así como los ritmos que lo vaticinen, no se logran. Algo que se aprecia en el poder adquisitivo del salario, y en cuánto explica este el nivel de consumo, por ejemplo.

Luego de dos periodos consecutivos de 30 años, tenemos el mismo todo caracterizado por decisiones económicas conducidas desde el Partido y con una alta estatalización que, burocratiza de manera improductiva y crea reglas casi nunca son propicias para el desenvolvimiento eficiente de la economía. Vale la pena preguntarse si al ordenamiento esencial correspondiente a esa economía no le será inherente lo actual y sus imperfecciones estructurales.

Construir un modelo teórico totalizador del presente sería casi imposible sin terminar en la intuición intelectual, la práctica especulativa y la fe, pero al apreciar una sociedad cuyos fundamentos económicos no han arrojado resultados significativamente diferentes en un intervalo de años que incluye la duración total del proyecto vigente, da suficiente evidencia empírica para cuestionar esos mismos fundamentos y el sistema que le corresponde.

¿Será entonces el desajuste estructural propio economía cubana?

Tengo mis sospechas.

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