Una preocupación

Foto: Juventud Rebelde

Por Nilda Bouzo

Desde que vi en la Mesa Redonda la semana pasada (creo fue el viernes), el tema del caracol gigante africano, las medidas para erradicarlo, y escuché la primera forma que sugirió el funcionario cubano que hablaba para matar al molusco y “botarlo” en lugares donde no se pueda enterrar por falta de amplias zonas de áreas verdes, me preocupó tanto que continué viendo el programa, pero también llamé por teléfono para que rectificaran lo que considero un error, más grave si lo orienta un alto cargo en la Mesa Redonda…pero todo el tiempo me dio ocupado.

Quería decir que cómo se le ocurrió decir que era una buena solución tomar los caracoles con una jaba de nailon, triturarlos dentro y echarlos “en un dispositivo de desecho de la ciudad”. Imagino que estaba haciendo referencia a los tanques de basura.

¿No conoce este señor que en la ciudad existen cientos de personas que hurgan en los paquetes que se depositan en los tanques de basura (los llamados buzos, que hasta tengo un vecino que ese es su “trabajo” pues de eso vive) para recoger cuanta cosa les convenga vender, no solo al gobierno en sus puntos de compra, sino también a vendedores ambulantes y pequeños negocios privados?

¿No sabe que (en caso de que esa fuera una forma correcta de botarlos, cuando no sea posible enterrarlos, como han repetido por la televisión) que no todos los ciudadanos tendrán el cuidado de envolverlos correctamente, y que esas jabas de nailon en su mayoría no son herméticas aun anudándolas fuertemente, y que sirven para hacer la recolecta y enterrarlas con los caracoles triturados, pero no para “dejarlas en un dispositivo de deshechos de la ciudad”, como dijo, convencido de que era la variante perfecta en las zonas urbanas donde no hay tierra suficiente?

Y en tercer lugar, ¿no conoce este hombre que nuestra ciudad está llena de gatos que viven de lo que encuentran dentro de los contenedores, y que por el hambre que pasan y la habilidad que tienen estos pobres animalitos, son capaces de desgarrar todos los paquetes que se tiran a la basura, que independientemente de que podrían ingerir este molusco (no sé el daño que pueda causarles, más que el que le causan los deshumanizados que todavía no creen necesario una Ley de Protección y Bienestar a los Animales), revolverían el caracol triturado con todo lo que recolectan los “buzos”, contaminándolos a estos, y a quienes le venden usualmente botellas para una redistribución irresponsable?

Los llamados “buzos” son un tema más preocupante de lo que ningún dirigente del gobierno se ha detenido a pensar. Pueden estar causando serios daños a la salud de los ciudadanos que compran pomos de jugo o yogurt en pequeños establecimientos privados que nadie fiscaliza la manera en que limpian los envases que requieren una esterilización adecuada. Repito que lo sé porque mi vecino es un “buzo” joven que prefiere ese “trabajo”, y me cuenta la buena ganancia que obtiene desde que se desvinculó del gobierno para venderle a los privados.

Como me preocupo por ayudar a nuestro país, en todos estos días no he podido apartar la imagen del funcionario hablando (que por cierto, y con todo respeto, lo hacía de una manera extraña que más bien parecía un robot con su discurso grabado), y me he sentido impotente al no saber a dónde dirigirme, porque tengo la experiencia de escribir a la prensa, al departamento de Atención a la Población, para tratar de alertar sobre otros temas, también importantes, y jamás he visto ninguno de mis reclamos en alguna edición, aunque los planteaba con sugerencias, acostumbrada desde mi época laboral a no intervenir sin apuntar una solución.

Por un problema generacional  (las personas con quienes podía conversar armoniosamente sobre cualquier idea, y que tenían influencia para ayudar a cambiar algo en Cuba, ya no existen físicamente), siento que solo me queda el recurso de comunicar mis preocupaciones a La Joven Cuba.

Hace mucho tiempo, desde que recibo LJC por una amiga que vive fuera sigo esta publicación con mucho interés, porque me parece la más seria y honesta de las que leo.