La historia sufrió mucho

Por: Miguel Alejandro Hayes

Triunfó la Revolución y buena parte del pueblo cubano espera un cambio resultante de la lucha revolucionaria que se gestó en las montañas y en los llanos. Por su parte, el Noticias del Hoy explica la caída del tirano como expresión de la crisis de la filosofía burguesa.     Fue algo tan extraño, que en Combate dijeron que en el Hoy estaban hablando en chino; bien enajenados andaban, diría yo.

El caso es que desde los propios inicios de la acelerada transformación social, la militancia comunista –guiada por su partido (PSP)—, arrastraba el dogma suministrado por la URSS. A pesar de haber presenciado un verdadero proceso popular y que su incorporación a la lucha armada fue tardía, seguían enfrascados en hablar en sus medios divulgación de “revolución proletaria” y todo el andamiaje correspondiente.

Ese grupo es el mismo que al ser presentado por Fidel en el proceso de unificación de las diferentes fuerzas revolucionarias, mientras aquel le adjudicaba la legitimidad del M-26-7 y del Directorio Revolucionario asociada a su participación, valor y protagonismo, marcó al PSP como “los que sabían”. Tal proclamación daba suficiente aval político ante los ojos del pueblo cubano, a las “facultades” que devendrían de los miembros de aquella organización.

“Los que saben” no dejaron de insistir en señalar camino. No tardaron nada, y las filas del las ORI se desproporcionaban con más miembros PSP que de otros grupos. Nunca fueron pocos sus intentos por ejercer el poder –intermedio, como un mayordomo medieval— que nos legaron polémicas en los sesenta, quinquenios y otros tantos momentos oscuros producto del entusiasmo militante de arbitrariedad, abuso de poder, etc. La tendencia del sentido común del clásico pesepista era a proyectarse cada vez más invasivo con las prácticas sociales, económicas, políticas, educacionales, culturales y en cada rincón que ha podido. Las ocasiones de extremismos provocados por el dogma no cabrían en este post.

Solo faltaba el fracaso del proyecto de industrialización y el posterior viraje hacia la URSS que se consolidó en los 70, para que aquella mentalidad del viejo militante tuviera el papel de mayordomo ya irrevocable. Sus portadores se adjudicaron el derecho a pensar y se lo quitaron a otros. Para el control de la ideología utilizaron todo cuanto pudieron. Aislaron las ideas, el debate, y los convirtieron en consigna.

La enseñanza de la historia

 La “revolución proletaria” la absorbió la Historia de Cuba; su estudio fue secuestrado por la sapiencia partidista con categorías y métodos esquemáticos. El noble saber se utilizó como poderosa arma.

Como toda conciencia teórica es un agente rectificador de la conciencia cotidiana, además de ser clave en la formación de valores y sentimientos de patriotismo que atraviesan la dimensión política de la ideología, se intentó poner al curso del tiempo en este archipiélago los encasillamientos economicistas de las formaciones económicas sociales, y se hizo. Los buenos pupilos, discutían si se era capitalista, esclavista o feudalista en tal cuál o más intervalo de años.

Se intentó también utilizar la historia para construir toda una narrativa teleológica que su finalidad era –y es— demostrar el liderazgo, el protagonismo y respaldar una legitimidad histórica del Partido y de la subjetividad que lo caracterizan. Así se plasma explícitamente en el estudio de la Historia de Cuba en la educación primaria, secundaria, y que aniquiló otras tradiciones patrióticas sí surgidas en Cuba, que son tan o más válidas que el injerto al Caribe de la mentalidad del manual.

El sentido común que caracterizó a un viejo comunista nos entra a los cubanos y se propaga –en parte— por cómo se enseña a pensar la historia, la misma que después se convierte en prisma de la cosmovisión política.

Teniendo todo un mecanismo de propagación de las ideas construidas sobre aquellas traducciones del ruso, se pueden formar ávidos estatólatras como los de hoy sin que tengan que pasar por el manual, y tal vez los hay que ni siquiera los conozcan.

Por ahí le entra una parte del agua al coco. Pero los guardianes del dogma comunista de antes, defendían algo que les llegaba de manera más directa –estudiaban seriamente los textos donde estaba la doctrina— y por lo cual de verdad daban la vida. Los de ahora reproducen lo que ha quedado para repetir hasta la saciedad.

Y la historia se da dos veces…

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